El aviso de Sabin Etxea

El desmarque del PNV ante la crisis catalana puede ser el mayor escollo de Rajoy a la hora de asegurarse una legislatura estable

Alberto Surio
ALBERTO SURIO

Al PNV le empieza a inquietar el cuadro de situación que puede derivarse de Cataluña en el corto plazo. Apoyar los Presupuestos de Mariano Rajoy en Madrid y ser una pieza clave en la estabilidad de la legislatura, por un lado, y respaldar en la Diada el ‘procés’ y el referéndum del 1 de octubre -por otro- forma parte de una dualidad, hasta ahora, eficaz, pero que encierra sus paradojas y contradicciones. Las últimas palabras del portavoz del PNV en el Congreso, Aitor Esteban, advirtiendo al PP que un endurecimiento de las medidas contra la Generalitat podría «complicar» el apoyo jeltzale a las Cuentas públicas, constituye todo un aviso para navegantes. Las imágenes de la Guardia Civil intentando requisar papeletas y, quizá en los próximos días, hasta urnas del referéndum ilegal resultan demoledoras para los jeltzales. En esta reflexión descarnada, el nacionalismo vasco ha exhibido una fibra de solidaridad con sus correligionarios catalanes. No se trata tanto de una coincidencia en el análisis político sino de una conexión emocional que responde a unas relaciones mantenidas durante años, que han dejado un poso de empatías ideológicas y lazos afectivos.

Resulta sintomático el toque de atención porque los jeltzales saben que tienen la llave de la duración de la legislatura y que, simplemente, pueden hacer caer a Rajoy, bien en una moción de censura, improbable a estas alturas, o mediante un anticipo electoral. La dirección que encabeza Andoni Ortuzar siempre ha visto con preocupación que el ‘procés’ estuviera demasiado condicionado por la CUP, aunque responsabilizan al PP de la falta de salidas políticas. El PNV, al menos su corriente mayoritaria y oficial, se ha situado siempre más cercano al histórico imaginario de catalanismo pactista de Unió, su tradicional socio democristiano hoy fagocitado por el achique de espacios que se ha producido en la política catalana.

Pero la vertiginosa evolución de los acontecimientos empieza a introducir nuevas variables y Sabin Etxea observa con inquietud que las instituciones y la maquinaria del Estado impriman una determinada inercia, con una actuación judicial y policial que sirva para polarizar las posiciones alrededor del principio acción-represión. En esa tesitura, el nacionalismo vasco no puede colocarse de espaldas a la mayoría del pueblo de Cataluña, sostienen fuentes jeltzales, que basan su posición en una cuestión de principios, no tanto en un análisis táctico sobre sus intereses para no perder la ‘centralidad’. En todo caso, en el PNV también hay entusiastas convencidos del ‘procés’ como el presidente del GBB, Joseba Egibar, que se identifica con la velocidad turbo que ha adquirido para romper con el ‘inmovilismo’ del Estado.

El PP cree que el toque de atención del PNV responde más a sus propios equilibrios internos, pero ha emergido una clave novedosa: las últimas encuestas apuntan un crecimiento paulatino del Partido Socialista y un declive del PP. Los socialistas, en especial tras la llegada de Pedro Sánchez a la Secretaría General, parece que han iniciado un cambio de ciclo en sus expectativas de voto que coincide con cierto retroceso de la intención de voto a Podemos, que puede perder un segmento de su electorado que regresa al PSOE. El último sondeo del CIS confirma esta tendencia que también corroboran otros institutos demoscópicos.

Con esta fragilidad en las encuestas, la posición del PNV ante los próximos Presupuestos Generales del Estado de 2018 resulta decisiva para calibrar la resistencia de la legislatura. Hasta el momento, la negociación de un pacto para la renovación del acuerdo sobre el Cupo ha logrado una aleación potente. El siguiente paso giraría en torno al desbloqueo de determinadas transferencias estatutarias pendientes. La discrepancia doctrinal entre PNV y PSE sobre el derecho a decidir no parece convertirse en un caballo de batalla que ponga en peligro la estabilidad del Ejecutivo de coalición.

No obstante, y a pesar de que desde el Gobierno Vasco y desde el PNV se insiste en no aplicar mimetismos entre la vía catalana y la vasca, el devenir de la situación en Cataluña puede condicionar el debate abierto en Euskadi para la actualización del autogobierno. La ponencia del Parlamento Vasco será el escenario de una discusión en la que van a aflorar todos esos matices semánticos y políticos. La pretensión original del PNV pasa por una revisión del modelo de autogobierno, que plasme la bilateralidad del actual sistema de Concierto en el terreno político y que lo blinde de interpretaciones restrictivas y neocentralizadoras. Los nacionalistas quieren también abordar la reflexión sobre la capacidad de decidir de la sociedad vasca y, en un principio, sostienen que lo idóneo sería ampliar el consenso para incorporar al acuerdo a la izquierda abertzale, que se quedó fuera del respaldo al Estatuto de Gernika en 1979, y al Partido Socialista, porque intuyen muy difícil la adhesión del PP. Sin embargo, la apuesta de Euskal Herria Bildu por la vía de ruptura unilateral no les hace ser precisamente optimistas. Sobre todo si Carles Puigdemont sigue dispuesto a inmolarse políticamente con un discurso de abierta desobediencia que es antitético al empleado por Urkullu.

Delegaciones del PNV y del PDeCAT, en la ofrenda floral a Rafael de Casanova en la Diada.

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