El Rey avala las medidas del Gobierno ante el reto secesionista de Puigdemont

Felipe VI entrega el Premio de la Concordia a los tres líderes europeos, en la ceremonia del Teatro Campoamor. / CHEMA MOYA / EFE
Felipe VI entrega el Premio de la Concordia a los tres líderes europeos, en la ceremonia del Teatro Campoamor. / CHEMA MOYA / EFE

Sostiene en los premios Princesa de Asturias que España impedirá el «inaceptable intento de secesión» por las vías democráticas

MARÍA EUGENIA ALONSO MADRID.

El desafío soberanista fue ayer el protagonista ausente en Oviedo. Dos semanas después de dirigirse a la nación ante la crisis política que vive España con la insurrección de la Generalitat, el Rey abordó de nuevo el envite secesionista de Carles Puigdemont. Felipe VI respaldó en la entrega de los premios Princesa de Asturias las medidas adoptadas por el Gobierno para devolver a Cataluña el orden constitucional. «España tiene que hacer frente a un inaceptable intento de secesión en una parte de su territorio nacional, y lo resolverá por medio de sus legítimas instituciones democráticas», remarcó.

Esa aseveración condensaba la primera respuesta del jefe del Estado a la puesta en marcha del artículo 155 de la Carta Magna y en vísperas de que el Consejo de Ministros apruebe el plan de medidas para la intervención de Cataluña porque considera que Puigdemont ha cerrado todas las salidas posibles. Una respuesta inexcusable que se hará, dijo el Rey, «dentro del respeto a nuestra Constitución» y «ateniéndose a los valores y principios de la democracia parlamentaria»

En su discurso, y ante la atenta mirada del presidente del Gobierno, pidió no caer en los «errores del pasado» y alejarse del «rencor y las fracturas» y mostró su convicción de que la autonomía catalana permanecerá unida con un lugar sustantivo. «Cataluña es y será una parte esencial de la España del siglo XXI», su- brayó. Ante un auditorio identificado plenamente con sus palabras, el Rey aseguró que «en estos tiempos difíciles que vivimos, es necesario más que nunca reivindicar los principios democráticos en los que creemos y en los que se sustenta nuestra vida en común».

Recuerda en su discurso que «Cataluña es y será una parte esencial» de España en el siglo XXI

El teatro Campoamor se convirtió ayer en un escenario privilegiado donde la plana mayor de la Unión Europea, en el punto álgido de la mayor crisis institucional desde el retorno de la democracia a España, mostró su apoyo sin ambages al Rey y a Mariano Rajoy, el primer jefe del Ejecutivo que acudía a la ceremonia desde 1981, cuando lo hizo Leopoldo Calvo-Sotelo. Aunque la presencia del presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, el del Parlamento Europeo, Antonio Tajani, y el del Consejo Europeo, Donald Tusk, estaba motivada por la concesión a la Unión Europea del Premio de la Concordia, que los tres mandatarios se desplazasen a Oviedo fue un hecho excepcional y un claro respaldo al Gobierno en la crisis catalana. «Cuando algunos siembran la discordia ignorando voluntariamente las leyes es necesario recordar la importancia al Estado de Derecho», apuntó Tajani.

Rompe la tradición

El de los premios Princesa de Asturias es uno de los discursos más importantes que el jefe del Estado pronuncia al cabo del año y es uno de los dos que salen de su puño y letra, el otro es el mensaje de Nochebuena. Un acontecimiento social y cultural en el que, hasta ahora, no ha habido ninguna referencia a la actualidad política. Ni siquiera el año pasado, cuando la ceremonia coincidió casi en las fechas con el segundo intento de investidura de Rajoy en un año. Pero la escalada soberanista en Cataluña, bajo la amenaza de declarar de forma unilateral la independencia, llevó al Monarca a romper esta tradición e intervenir de forma directa en el proceso soberanista.

Ya lo hizo el pasado 3 de octubre para dirigirse a la nación de forma excepcional ante la evidencia de que la unidad de España corría un riesgo cierto y perceptible. En un tono duro y firme, el jefe de Estado exigió a la Generalitat que pusiese punto final a su «deslealtad inadmisible» y apeló a los «legítimos poderes del Estado» para que asegurasen «el orden constitucional» ante la situación «de extrema gravedad» que vive Cataluña. También tuvo palabras de aliento para todos los españoles, pero en especial para los catalanes no independentistas, a los que recordó, como ya hizo en su intervención del 3 de octubre, que «no están solos».

Desde que el soberanismo siguiese adelante con su órdago y celebrase el referéndum ilegal del 1 de octubre, el Monarca vació su agenda oficial para seguir la evolución de los acontecimientos en Cataluña desde su despacho y en permanente contacto con el jefe del Ejecutivo para abordar la peor crisis institucional desde el 23-F y las diferentes vías para frenar el camino de sedición iniciado por la Generalitat.

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