Asesinato con granadas anticarro en Ordizia

Estado en el que quedó el vehículo tras la explosión/DV
Estado en el que quedó el vehículo tras la explosión / DV

35 años del atentado en el que ETA asesinó al guardia civil Miguel Mateo Pastor e hirió a otros dos agentes

A. GONZÁLEZ EGAÑA

El guardia civil Miguel Mateo Pastor fue el primer miembro de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado asesinado por ETA en 1983, el año en que comenzaron a sentarse las bases de la colaboración de Francia en la lucha contra la banda terrorista. Ese año ETA acabó con la vida de 41 personas.

Era 2 de febrero y acababan de sonar las 8.30 de la tarde cuando salieron del cuartel dos vehículos de los GAR, los Grupos de Acción Rápida de la Guardia Civil. Tomaron un camino de tierra para ir a la carretera general, a la entrada de Ordizia. A la altura del kilómetro 422 de la N-I, el vehículo que iba en último lugar del convoy recibió el impacto de una granada anticarro que afectó a la parte derecha y al techo del vehículo. En su interior viajaba el agente alicantino Miguel Mateo Pastor. Después de la explosión, los guardias civiles de la UAR (Unidad Antiterrorista Rural) que viajaban en los dos vehículos fueron ametrallados desde una ladera del monte Oiango, por un grupo de terroristas armados con subfusiles y escopetas. El fuego fue respondido por los agentes que aún seguían con vida.

Junto a Miguel Mateo fueron alcanzados por los disparos de ETA dos de sus compañeros, Custodio Contreras de la Rosa y José Bueno Fernández. Los tres fueron trasladados al Hospital de la Cruz Roja de San Sebastián gravemente heridos. A los pocos minutos del ingreso, Miguel Mateo murió con neumotórax abierto, impactos de bala en la espalda y metralla en todo el cuerpo. Era natural de Elda (Alicante), tenía 24 años y estaba soltero. Veintisiete años después de su asesinato, se decidió dedicar un parque en su memoria en la ciudad de Elda.

La gravedad de las heridas que sufrió Custodio Contreras de la Rosa, de 30 años casado, con dos hijos y natural de Jaén, le dejó incapacitado y tuvo que abandonar el servicio activo. Su compañero, el barcelonés José Bueno Fernández, de tan solo 22 años, resultó gravemente herido, con impactos de bala en cráneo y otras partes del cuerpo. Pese a las secuelas, siguió en activo, pero doce años más tarde, el 22 de septiembre de 1995, murió en acto de servicio.

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