Arkaitz Rodríguez: «Urkullu ha perdido el rumbo y ha abrazado las tesis más españolistas»

Nueva etapa. El responsable de Acción Política y portavoz de Sortu, Arkaitz Rodríguez, en el interior de Tabakalera, en Donostia. / LOBO ALTUNA
Arkaitz Rodríguez. Portavoz de Sortu

«La izquierda abertzale estaría dispuesta a reunirse con el PP, la paz se hace entre enemigos, no entre amigos»

JORGE SAINZSAN SEBASTIÁN.

2017 ha supuesto un giro en la vida de Arkaitz Rodríguez (San Sebastián, 1979). Principalmente por su estrenada paternidad -tuvo su primer hijo hace dos meses-, pero también por la posibilidad de que en septiembre sustituya a Arnaldo Otegi al frente de Sortu. A la espera de si la militancia de la izquierda abertzale confirma su nombre, el futuro de los presos y el impulso a un proceso soberanista vasco son los dos grandes retos que heredaría. Y en ambos cuestiona con dureza el papel del otro referente del abertzalismo, el PNV.

-¿Se va a postular como secretario general de Sortu una vez que Otegi deje el cargo en septiembre para centrarse en EH Bildu?

-Se decidirá en la conferencia política de septiembre y lo ratificará la militancia. El que salga estará preparado porque somos un equipo con mucho banquillo y que apuesta por los liderazgos compartidos.

«Urkullu ha perdido el rumbo y ha abrazado las tesis más españolistas de Josu Jon Imaz»

-¿Pero usted está dispuesto?

-Estaré donde la militancia quiera.

-Siempre aparece sobre la mesa el estado de las relaciones entre Sortu y el PNV. ¿Cómo están?

-Estamos profundamente preocupados, al igual que amplios sectores de este país y una parte importante de la propia base social del PNV, con la deriva en la que este partido está inmerso de la mano de Urkullu. En las elecciones autonómicas le planteamos alianzas con EH Bildu y Podemos en respuesta a las necesidades de la mayoría de la sociedad vasca. Desgraciadamente optó por un tripartito con PSOE y PP al servicio de los intereses del Estado español y la minoría privilegiada encarnada en Confebask, y sosteniendo a un presidente español que acaba de declarar en la Audiencia Nacional por corrupción y que amenaza a Catalunya. Urkullu ha perdido el rumbo, ha enterrado el proyecto abertzale y ha abrazado las tesis más proespañolistas de Josu Jon Imaz. Al igual que hace 40 años, frente a las opciones de ruptura democrática con este Estado corrupto y antidemocrático, el PNV está apostando por consolidar el régimen del 78. En estas condiciones, y en tanto en cuanto no rectifique, cualquier colaboración de calado con él es sencillamente imposible.

-Pese a esto, los jeltzales siguen consolidados en las encuestas. ¿Los vascos quieren moderación?

-Está por ver la consecuencia de estos pactos, en forma de recortes, reforma laboral o negación del derecho a decidir, pero pasarán factura al PNV.

«Si el PNV pusiera con los presos el empeño que pone a otros temas con el PP, se encarrilaría»

-¿La alternativa al PNV en Euskadi pasa por la alianza con Podemos?

-EH Bildu apuesta por un espacio soberanista de izquierda para pelearle la hegemonía, pero a Podemos le vemos un poco perdido. Tendrá que optar entre secundar ese tripartito o el espacio soberanista de izquierdas.

-Uno de los asuntos que marcan este verano son las conclusiones del debate de los presos de ETA. ¿Hasta dónde van a llegar los reclusos en su aceptación de la legalidad?

-Los presos han sido claros al hablar de que emplearán todos los cauces legales con los límites de la delación y el arrepentimiento. A partir de ahí, lo que cabe exigir es la derogación de la legislación de excepción (Ley 07/2003) que forma parte de una lógica de guerra ya del pasado y hace imposible que puedan acogerse a los beneficios que la legislación ordinaria contempla para el resto de presos. Le diríamos al ministro Zoido que no debe haber diferentes clases de presos y que hay que adaptar la legislación a las actuales circunstancias.

-El PP no tiene intención de cambiar esa legalidad. ¿Cómo pueden sortear los reclusos las consecuencias de la normativa vigente?

-Se trata de derribar ese muro, abriéndole grietas. Y el antídoto es el que se mostró exitoso con el desarme: la sociedad vasca. La foto de Baiona demuestra que los Estados son poderosos pero no invencibles, y ahora con los presos planteamos una lógica similar: debe haber acuerdo, movilización y concertación entre la sociedad civil, las instituciones de Euskal Herria y el colectivo de presos. Ahora no hay un Estado español en disposición de abordar un proceso de esas características, pero tarde o temprano tendrá que haberlo. El PP no quería el desarme y sucedió. Con la presión social, ocurrirá igual con los presos.

«El inaceptable trato a 'Kubati' busca ocultar su importante papel en el cambio de estrategia»

-¿La previsible disolución de ETA en los próximos meses puede allanar la situación de los presos y que el Gobierno sea más flexible?

-Más que flexible, un paso de esas características le haría al Estado español aún más difícil sostener su posición. Al PP se le agotan las excusas. En todo caso, el acercamiento de presos no debería supeditarse a la disolución de ETA. Es una cuestión de derechos humanos y aplicación de la ley.

-Buena parte del futuro de los internos parece pasar por lo que el PNV pueda pactar con Rajoy. ¿Eso es asumible para ustedes?

-Como he dicho, la solución pasa fundamentalmente por la movilización social y la concertación entre los diferentes agentes. El día que se logre, no se habrá debido a la concesión graciosa del PP ni a la habilidad negociadora del PNV, sino a la lucha tenaz de amplísimos sectores de este país. El PNV tiene una deuda histórica con este pueblo ya que participó en el diseño de la dispersión, y si quiere reconciliarse con la sociedad vasca es un deber para ellos utilizar todo su poder para solucionar este tema.

-¿No cree que lo esté haciendo?

-Creo que no. Si el PNV pusiera la misma energía y empeño para solucionar la situación de los presos que pone para acordar con el PP el tren de alta velocidad, el techo de gasto u otras cuestiones, el asunto de los presos estaría encarrilado.

-Los presos han dicho que aceptan todo acercamiento, incluso parcial. ¿Eso supone asumir el plan de Urkullu, que Sortu cuestionó?

-Indudablemente están mejor a 250 kilómetros que a mil. Sería una buena noticia, pero es insuficiente.

«Líneas rojas»

-El EPPK insiste en mantener el arrepentimiento y la delación como límites a no traspasar. ¿Puede haber algún punto intermedio entre no superar esas líneas rojas y cumplir las exigencias del Código Penal de «repudio» de la violencia y petición de perdón a las víctimas?

-Sería posible aplicar los parámetros de justicia transicional que han regido en Sudáfrica, Irlanda del Norte o Colombia, incluso con legislaciones de excepción, pero para eso haría falta una voluntad política que el Gobierno español no tiene. Es el Estado el que ha ido endureciendo las condiciones y lo más claro es abolir esa legislación de excepción. Exigencias como el arrepentimiento y la delación son un obstáculo de cara a una solución justa del conflicto, ya que intentan imponer un relato de vencedores y vencidos. Tratar de proyectar la idea de la derrota o humillación de una de las partes no es buena idea. Así lo entiende una amplia mayoría de la sociedad vasca.

«Sortu ha hecho la mayor autocrítica: sacar la violencia de ETA de la ecuación política»

-¿Cómo interpreta que un 14% de los presos votara 'no' a las conclusiones del debate?

-Los datos han sido muy buenos, con una participación del 87% y un 73,4% de apoyo. Los presos que realmente se han desmarcado del colectivo no llegan a la decena, lo que refleja el grandísimo grado de cohesión. Lo importante es que se debate de todo y luego las decisiones son vinculantes.

-Algunas voces se han alzado cuestionando que sea Antton López Ruiz, 'Kubati', condenado por un asesinato tan significativo como el de 'Yoyes', el que lleve la voz cantante de Sortu en este asunto. ¿Es contraproducente?

-Nos parece inaceptable el tratamiento mediático a esta persona. Muchos responsables políticos también tienen pasado y no se les interroga permanentemente en torno al mismo. Antton ha pasado más de veinte años en la cárcel por esos hechos que usted comenta, por lo que ha saldado sus deudas. Ese tratamiento tiene una finalidad: ocultar el importantísimo papel que Antton ha desempeñado en el cambio de estrategia de la izquierda abertzale y su asunción por el conjunto del movimiento. Cuenta con todo nuestro respaldo.

-¿Qué le parecieron las disculpas del alcalde de Errenteria, Julen Mendoza (EH Bildu), a las familias de tres asesinados por ETA? ¿Estaría dispuesta Sortu a suscribir un pronunciamiento en esos términos?

-Habló en calidad de alcalde y refiriéndose a la actitud del consistorio durante los últimos cuarenta años. Fue el colofón de todo un proceso local de búsqueda de soluciones durante años, que ha involucrado a absolutamente todas las fuerzas políticas y ha reconocido a todas las víctimas, incluidas las del terrorismo de Estado. En cualquier caso, Mendoza no ha dicho nada que no hayan dicho ya la izquierda abertzale u Otegi. Además, la izquierda abertzale ha hecho el mayor ejercicio de autocrítica que se puede hacer. Sacar la violencia de ETA -la del Estado aún persiste- de la ecuación política vasca. Y algunos lo hemos pagado con la cárcel.

-El PP afeó la presencia de un miembro de Sortu en el homenaje a Blanco en Ermua. ¿Se puede acudir a ese homenaje sin condenar el crimen?

-La presencia de Julen Arzuaga se inscribe en el firme compromiso de EH Bildu y de la propia izquierda aber-tzale para con el reconocimiento y la reparación de todas las víctimas. Desgraciadamente, y a tenor del discurso de Carlos Totorika (alcalde) en dicho acto, hemos podido comprobar cómo algunos siguen tratando de utilizar estos actos para imponer un relato de vencedores y vencidos.

-Si usted lidera Sortu, ¿estaría dispuesto a reunirse con el PP?

-La izquierda abertzale siempre ha estado y estará dispuesta a reunirse y hablar con cualquiera. Incluso con el diablo. Al fin y al cabo, la paz se hace entre enemigos, no entre amigos.

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