ANTE EL ALTAR DE LA RUPTURA

Lourdes Pérez
LOURDES PÉREZ

El independentismo catalán -y por simpatía también el vasco- ha llegado a su día D y a su hora H, al Rubicón, a la caída del Muro y a todos los símiles históricos imaginables sin haber desvelado a los ciudadanos de la república cómo va a operarse tan formidable transformación. Cómo echará a volar la mariposa de un Estado viable desde la crisálida secesionista, que no ha logrado gestar una mayoría social incontestable, ni forzar al Estado a admitir un referéndum ilegal, ni recabar avales de una Europa que no está para más 'exits' después del británico. Que nadie parezca saber con certeza qué anunciará esta tarde el president Puigdemont no es solo fruto de las dudas y del desgaste que sufre ya el separatismo en su cuenta de resultados. La falta de transparencia y de claridad -'astucia', en versión soberanista- se ha convertido en seña de identidad del 'procés' porque el objetivo no ha sido tanto cortejar, cautivar y convencer al escéptico o al disidente -eso requiere tiempo y encanto-, sino empujarle para que desistiera en su oposición. Iban a ceder los indiferentes o recelosos. Iban a ceder Rajoy, el PSOE y hasta el Rey. Iban a ceder los empresarios que hoy huyen. Iba a ceder la UE.

Nada de eso ha ocurrido -el último descuelgue lleva la voz de la alcaldesa Colau, cuyo tacticismo no ha podido pasar el test del pleno de esta tarde- y el independentismo se encuentra ante el altar de la ruptura sin dilucidar si está dispuesto a sacrificar el autogobierno ya o en diferido. Un independentismo que ha llegado más lejos de lo que jamás concibió, encendido por una inagotable llama social. Pero que no ha levantado un proyecto más inclusivo y cohesionador que el de la Cataluña constitucional y estatutaria. Por incómoda e incluso censurable que resulte esa España tan antipática para muchos ciudadanos plurales ideológicamente y por agraviante que resulte el marco legal cercenado por el Constitucional. La Cataluña que puede hacerse añicos en horas no es mejor -ni hay perspectiva de que vaya a serlo- que la preexistente. En su día D, el independentismo catalán -y el vasco- cree poder doblegar al Estado. Cuando lo que se juega, en verdad, es su propia supervivencia como opción política realista y realizable.

Fotos

Vídeos