El acuerdo que quiso dejar sola a ETA

Alfredo Marco (CDS), Iñaki Oliveri (EA), Txiki Benegas (PSE), el lehendakari José Antonio Ardanza, Kepa Aulestia (EE), Xabier Arzalluz (PNV) y Julen Guimón (AP), en la firma./EFE
Alfredo Marco (CDS), Iñaki Oliveri (EA), Txiki Benegas (PSE), el lehendakari José Antonio Ardanza, Kepa Aulestia (EE), Xabier Arzalluz (PNV) y Julen Guimón (AP), en la firma. / EFE

La noche previa a la firma tanto EA como AP se levantaron de la mesa, pero Ardanza tiró de mano izquierda para lograr una foto histórica PNV, PSE, EA, EE, CDS y AP necesitaron 54 horas de negociación para alumbrar el Pacto de Ajuria Enea

MIGUEL VILLAMERIELSAN SEBASTIÁN.

Las 54 horas de intensas negociaciones que compartieron el lehendakari José Antonio Ardanza y los seis representantes políticos que firmaron el Pacto de Ajuria Enea tejieron un vínculo invisible entre ellos que supera cualquier diferencia ideológica. Por separado podrán valorar mejor o peor el legado que deja un acuerdo que trató de aislar políticamente a ETA para forzarle a dejar la violencia, pero será difícil que alguno de los siete hombres que se sentaron en aquella mesa hoy hace 30 años no reconozca el esfuerzo que hicieron sus interlocutores para lograr un consenso que parecía imposible. Por eso, tras la firma del acuerdo ante los medios de comunicación, se concedieron un momento de intimidad para compartir un sobrio brindis en la 'gela beltza' de Ajuria Enea. Confiando en que el futuro de Euskadi dejara de ser tan negro.

Eran Xabier Arzalluz (PNV), Kepa Aulestia (EE), Inaxio Oliveri (EA), Alfredo Marco Tabar (CDS) y los hoy fallecidos Txiki Benegas (PSE-PSOE) y Julen Guimón (AP), además del mencionado lehendakari Ardanza, que encabezaba el primer Gobierno de coalición de PNV y PSE. Todos ellos habían compartido durante varios días un encierro monacal en el palacio vitoriano, rodeados de humo de tabaco y de discusiones vehementes. La metodología de la negociación fue espartana, con reuniones de mañana, tarde y noche; almuerzos y cenas que fueron forjando la complicidad entre los protagonistas; y pocas horas de sueño en casa o en hoteles. José Luis Zubizarreta, asesor del lehendakari, era el encargado de tomar acta de las reuniones, acotando los disensos y consultando referencias legales.

UN PACTO DE 17 PUNTOS

Punto 1
Rechaza la violencia como una «práctica éticamente execrable» que «representa la expresión más dramática de la intolerancia» y el «máximo desprecio de la voluntad popular».
Punto 9
Apoya «las vías de reinserción» para quienes abandonen el terrorismo.
Punto 10
Contempla el «final dialogado de la violencia» previa «clara voluntad de poner fin a la misma» con «actitudes inequívocas». Es «irrenunciable» que las cuestiones políticas solo las resuelven «los representantes de la voluntad popular», no las armas.

La última madrugada, cuando el pacto empezaba a tomar forma, fue la más difícil. Ardanza se vio obligado a tirar de mano izquierda en dos momentos críticos. El acuerdo estuvo a punto de resquebrajarse por los dos extremos, habida cuenta de que HB se había autoexcluido de las negociaciones. Inaxio Oliveri (EA) y Julen Guimón (Alianza Popular) trasladaron en un momento de la noche que sus partidos no respaldarían el texto. El lehendakari habló con el líder de AP en Madrid, Antonio Hernández Mancha, para convencerle de la bondad del pacto y, ya en la mañana del 12 de enero de 1988, accedió a retrasar la firma del acuerdo para hacer un último intento con Oliveri. El ex secretario general de EA logró convencer a Carlos Garaikoetxea sobre la campana y finalmente se sumó a la rúbrica de esa misma tarde.

Arzalluz cedió su lugar en la firma a Aulestia para reconocer el papel desempeñado por EE

En la firma del Acuerdo para la Normalización y la Pacificación de Euskadi -el nombre oficial del documento que ha pasado a la historia como el Pacto de Ajuria Enea- hubo un detalle que muestra la importancia que adquirió la sintonía entre el PNV y EE para tejer el consenso. Xabier Arzalluz, presidente del EBB, cedió su lugar en la mesa al secretario general de EE, Kepa Aulestia, en reconocimiento a su labor en la redacción del borrador del texto. Esa es la razón por la que Aulestia aparece en la fotografía de la firma a la izquierda del lehendakari, en una posición que, por representación parlamentaria, le correspondía al PNV.

Salida dialogada

El Pacto de Ajuria Enea marcó un hito en la historia de Euskadi porque por primera vez reunió a una inmensa mayoría del arco parlamentario para reclamar un «final dialogado de la violencia», previo cese «inequívoco» de la actividad armada. Esa apelación se dirigía especialmente a ETA, que a finales de los 80 golpeaba con dureza y algunos años llegó a provocar medio centenar de muertos, aunque también exigía que en la lucha contra el terrorismo no se vulnerasen derechos humanos con la excusa de defender el Estado de Derecho.

El tiempo demostró que el Pacto no fue suficiente para arrastrar a ETA hacia el cese de la violencia, aunque ha pasado a la historia como el acta fundacional de la deslegitimación del terror que incluyó a la mayoría de los partidos vascos. De hecho, algunos de sus firmantes destacan la vigencia de «los principios éticos» que vertebran el documento. El Pacto lo dejó escrito en su frontispicio: «El combate contra el terrorismo es, por encima de todo, el combate de la razón frente a la sinrazón, de la vida frente a la muerte, de la libertad frente a la imposición».

La importancia de Hipercor

¿Por qué fue posible justo en ese momento? ETA ofreció un primer argumento para el consenso contra la violencia con el atentado que cometió en junio de 1987 en el supermercado Hipercor de Barcelona, en el que fallecieron 21 personas. Aquella matanza provocó una respuesta muy crítica en amplios sectores del nacionalismo, incluso en el seno de HB. En las siguientes semanas, la organización armada asesinó también a dos guardias civiles y dos policías nacionales, lo que llevó al presidente del Gobierno, Felipe González, a telefonear al lehendakari para requerir el respaldo de las instituciones vascas en la lucha contra ETA. Fue en aquel verano cuando se avivaron los contactos que comenzaron a tejer la búsqueda de un gran consenso en Euskadi contra ETA y a favor de la normalización política.

En el pleno de política general del 25 de septiembre de 1987, el lehendakari planteó la constitución de una mesa de diálogo sobre el problema de la violencia. Tras unas primeras rondas que no dieron mucho resultado, en las que también participó HB, ETA volvió a entrar en escena con el atentado de la casa cuartel de Zaragoza en diciembre del 87, en el que asesinó a once personas, entre ellas cinco niños. Ardanza decidió entonces convocar a los partidos en Ajuria Enea. HB rechazó el ofrecimiento. A principios de enero, comenzó el encierro que desembocó en el Pacto de Ajuria Enea.

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