El acuerdo con el PP en Euskadi pone la primera piedra para las Cuentas de Rajoy

Puertas abiertas. Andoni Ortuzarposa en su despacho con varios de los visitantes que acudieron ayer a conocer Sabin Etxea. / TELEPRESS
Puertas abiertas. Andoni Ortuzarposa en su despacho con varios de los visitantes que acudieron ayer a conocer Sabin Etxea. / TELEPRESS

El PNV insiste en que no negociará los Presupuestos del Estado hasta que se encauce la crisis de Cataluña. El Gobierno central confía en que la situación mejore a partir de enero y se aferra a los pactos sobre el Cupo y la reforma fiscal vasca para mantener la esperanza

MIGUEL VILLAMERIEL SAN SEBASTIÁN.

«Paso a paso». Esta sencilla frase que han repetido en las últimas semanas los principales representantes del Gobierno de Mariano Rajoy resume la estrategia que ha trazado el Ejecutivo del PP para sacar adelante los segundos Presupuestos de la legislatura. Esos pasos encadenados están dirigidos a volver a atraer al PNV a un entendimiento para aprobar las Cuentas de 2018 -el año se iniciará con prórroga presupuestaria-, y recuerdan mucho a los que se produjeron a principios de este año con igual propósito: si entonces se alcanzó un acuerdo entre los gobiernos central y vasco para renovar la leyes del Cupo y el Concierto y el PP vasco cerró un pacto presupuestario para que el Ejecutivo de Urkullu sacara adelante sus Cuentas, estas dos últimas semanas ambas leyes se han ratificado en el Congreso y se ha revalidado el acuerdo con el PP para los Presupuestos vascos. Dos coincidencias que ni mucho menos aseguran el apoyo del PNV a las Cuentas de Rajoy -todos los actores se esfuerzan estos días en desvincularlas-, pero que pueden poner una primera piedra para que la historia se repita.

El principal obstáculo que se presenta en ese camino trazado por el Gobierno del PP se llama Cataluña. El conflicto político generado por la aplicación del artículo 155 de la Constitución no existía hace siete meses, cuando se negociaron los primeros Presupuestos del Estado, pero en estos momentos condiciona mucho las relaciones entre los partidos. El PNV, de hecho, insiste en que no entrará a negociar las Cuentas de Rajoy hasta que el Gobierno encauce la situación de Cataluña y dé por finalizada la intervención de la autonomía provocada por el 155. Solo entonces podría sentarse a hablar.

Prórroga... de momento. El año 2018 comenzará con una prórroga presupuestaria en el Estado después de que el Gobierno renunciase a presentar un proyecto de Cuentas antes de que acabara septiembre. La Constitución determina que ese proyecto debe ser aprobado por el Consejo de Ministros tres meses antes de que concluya la vigencia de los Presupuestos en curso y, si el Ejecutivo no cumple ese plazo, se inicia el proceso para la prórroga presupuestaria. No obstante, el Gobierno tiene la potestad de presentar su proyecto de Cuentas una vez iniciado el nuevo año, y esa es la opción que maneja en estos momentos Rajoy. La idea del ministro Cristóbal Montoro es aprobar el proyecto de Presupuestos en enero para que pueda ser ratificado por las Cortes entre febrero y abril. Pero Montoro sabe que todas sus posibilidades de éxito pasan por revalidar los acuerdos que permitieron la aprobación de las Cuentas de 2017, en los que el PNV jugó un papel fundamental.

La influencia del 155. El ministro de Hacienda es consciente también de que la negativa del PNV a negociar solo se modulará en función de lo que ocurra en Cataluña tras las elecciones autonómicas del 21 de diciembre. Fuentes jeltzales recalcan que solo en el supuesto de que la situación política «se normalice» en Cataluña y los niveles de autogobierno previos a la aplicación del 155 se recuperen, el PNV se plantearía negociar los Presupuestos con el Gobierno de Rajoy. Desde el grupo jeltzale en el Congreso aseguran que «el Gobierno conoce de sobra esta situación y por eso no se ha dirigido a nosotros en ningún momento para tratar la posibilidad de los Presupuestos». Fuentes del EBB apuntan también que la vuelta a la «normalidad» en Cataluña no se producirá con la celebración de las elecciones del 21-D, sino que después de ellas tendrá que formarse un nuevo Govern para que la aplicación del 155 deje de tener efecto. Es decir, que en ningún caso el PNV empezaría a hablar de los Presupuestos, si es que llega a hacerlo en algún momento, antes de que empiece el año. «En estos momentos, no se dan las condiciones para ello», insisten.

Convencer con gestos. Con todas las cartas sobre la mesa, el Gobierno de Rajoy no ha perdido energías en tratar de convencer al PNV con palabras, sino que ha buscado un acercamiento por la vía de los hechos. «Paso a paso», como suele repetir la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, cuando le preguntan por un hipotético apoyo del PNV a los Presupuestos. ¿Y cuáles son esos hechos? El PP se ha decantado por reproducir casi al milímetro el tipo de acuerdo que le dio resultado hace un año: defensa sin fisuras de las leyes del Cupo y el Concierto en las Cortes -tras la negociación entre gobiernos que se cerró en mayo-, acallando las voces críticas de algunos barones autonómicos populares, y renovar la apuesta por la «estabilidad» en Euskadi facilitando un pacto fiscal y presupuestario con el Gobierno Vasco, que se ha cerrado esta semana. El objetivo es que, lo antes posible, el PNV se vea interpelado para ofrecer esa misma estabilidad con los Presupuestos del Estado.

Inversiones pendientes. Un factor que puede jugar un papel importante en el hipotético apoyo del PNV será el apartado de inversiones destinadas a Euskadi que incluya el futuro proyecto de Presupuestos de Montoro. El acuerdo alcanzado para 2017 entre los jeltzales y el PP contemplaba diversas inversiones en infraestructuras que debían tener una proyección en años venideros. Para el PNV, esos compromisos están firmados y deberían ejecutarse incluso en el caso de una prórroga presupuestaria, pero el Gobierno de Rajoy podría apelar a esas inversiones para reclamar el apoyo de los nacionalistas a sus Cuentas. «El anterior pacto presupuestario fue para 2017 y en ningún sitio estaba escrito que debía renovarse en 2018 para que las inversiones plurianuales se respetasen», advierten desde Sabin Etxea. El PNV considera que el Gobierno central «tiene margen» para dar cauce a las inversiones comprometidas incluso prorrogando las Cuentas. «No hacerlo sería una excusa barata», aducen.

Un pacto difícil de igualar. El mayor problema al que se enfrenta Rajoy a la hora de atraer al PNV a un nuevo acuerdo presupuestario es que el anterior fue tan beneficioso para las instituciones vascas -sobre todo al impulsar el acuerdo sobre el Cupo que terminó con diez años de discrepancias y la devolución de 1.400 millones- que esta vez tendrá difícil igualar o mejorar su oferta.

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