Diario Vasco

'La Tigresa', presa disidente de ETA, quedará en libertad el 13 de junio

Idoia López de Riaño, en 2014, cuando consiguió un permiso para sacarse el carné de conducir.
Idoia López de Riaño, en 2014, cuando consiguió un permiso para sacarse el carné de conducir. / IGOR AIZPURU
  • La etarra arrepentida, expulsada de la banda por pedir perdón a las víctimas, ha cumplido 23 años de condena por otros tantos asesinatos

Idoia López Riaño, la exmiembro de ETA conocida por su apodo policial, 'La Tigresa', saldrá en libertad definitiva el próximo 13 de junio, fecha en la que la Justicia considera que quedará extinguida definitivamente su condena a prisión tras la aplicación de los descuentos que marca la ley y teniendo en cuenta su buen comportamiento. Ingresada en la actualidad en la prisión alavesa de Zaballa, esta antigua terrorista habrá cumplido 23 años de condena, uno por cada uno de los asesinatos de los que fue acusada.

Idoia López Riaño ha seguido una trayectoria nada habitual entre los miembros de la banda. Fue el icono de la violencia más indiscriminada de ETA en los años 80 pero tras su arresto en 1994 comenzó a demostrar cierta disidencia. A partir de 2010 se acogió a las vías de reinserción y acabó mostrando su arrepentimiento y pidiendo perdón a las víctimas. En los últimos años ha permanecido ingresada en Zaballa, cárcel donde han cumplido condena otros militantes desvinculados de la banda.

Estos antiguos etarras, entre los que se encuentran por ejemplo Urrusolo Sistiaga o el exjefe de la banda José Luis Álvarez Santacristina, han evidenciado en los últimos meses la paradoja que supone que ahora la banda y la propia izquierda abertzale permitan a los presos acogerse a beneficios penitenciarios, cuando a ellos dar ese paso les supuso el repudio y el ostracismo. En este sentido, los presos de la banda que siguen la línea oficial ven ahora cómo los activistas que eligieron la denominada 'vía Nanclares' -en la que se apostaba por la reinserción tras romper con ETA- abandonan la prisión de forma paulatina. La banda ya había escrito en sus documentos que cualquier negociación debía incluir una cláusula que dejase claro que los presos de la 'vía Nanclares' debían ser los últimos en salir a la calle. El fin de ETA sin contrapartidas ha salvado a estos reclusos del castigo que querían imponerles sus excompañeros.

López Riaño, de 53 años y vecina de Errenteria, es hija de una familia de emigrantes salmantinos que fue captada por el nacionalismo radical cuanto era todavía una adolescente. Se incorporó a la banda con veinte años y, con el apodo de 'Margarita', llegó hasta el comando Madrid. Ella y sus compañeros cometieron atentados como los dos ataques indiscriminados con coches bomba contra autobuses de la Guardia Civil. En esa época se tejió a su alrededor una fama de 'viuda negra' que seducía a policías para sonsacarles información. Ella ha rechazado esta versión, pero lo cierto es que cuando fue juzgada en Francia se burló en público de su encubridor después de que confesase ante el juez que había actuado por amor.

Cuidadora de perros

Fue detenida en 1994 y en 2002 todavía justificaba la violencia. Tardaría otros ocho años en cambiar su punto de vista sobre el terrorismo. En la cárcel, una vez iniciado su periplo hacia la reinserción, se especializó en el cuidado de perros como terapia. Atendió a presos con enfermedades terminales e intentó que le sirviera para redimir condena el haber participado en cursos de tai chi o valenciano, algo que fue rechazado por los jueces. En 2014 consiguió un permiso especial para sacarse el carné de conducir, lo que la situó bajo los focos mediáticos.

Idoia López Riaño, según personas que la conocen, tiene en estos momentos un gran miedo escénico y teme que la imagen de violencia que le rodea le impida adaptarse a la vida en la calle por el rechazo social que genera su pasado. En este sentido, aunque su salida está prevista para el 13 de junio, Idoia López Riaño tiene pendientes varios permisos de los que todavía no ha disfrutado. La exetarra podía solicitarlos ahora e intentar abandonar la cárcel de forma definitiva antes de su fecha oficial de salida. Con ello buscaría desaparecer en el anonimato, una de sus obsesiones.

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