«No puede haber políticos que vivan de manipular la Historia»

Borja Lasheras presentará mañana en la librería Elkar su libro 'Bosnia en el limbo'./
Borja Lasheras presentará mañana en la librería Elkar su libro 'Bosnia en el limbo'.

El experto en política internacional cree que Euskadi se parece a Bosnia en que no hay una memoria compartida sobre «hechos básicos»

AINHOA MUÑOZSAN SEBASTIÁN.

Borja Lasheras (Donostia, 1981), director de la Oficina del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR), recopila en 'Bosnia en el limbo' los desgarradores relatos de quienes sufrieron la guerra de los Balcanes entre 1992 y 1995. El objetivo es tratar de demostrar las «olvidadas» consecuencias que aquel conflicto ha ocasionado en la sociedad actual. Una sociedad que se debate entre un pasado marcado por la violencia y las «convulsas dinámicas» del mundo globalizado del siglo XXI. De ello hablará en la presentación del libro mañana a las 18.30 horas en la librería Elkar de Fermín Calbetón. Para Lasheras, que trabajó en Bosnia entre 2010 y 2012 como oficial de derechos humanos de la OSCE (Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa), Euskadi debería aprender de los errores de Bosnia y «compartir» un relato histórico sobre las décadas de terror sufridas en nuestro territorio.

-Cuando llegó al valle de Drina le dieron un manual con pautas para sobrellevar procesos de ansiedad y depresión en el que le recomendaban practicar deporte, yoga y sexo. ¿Tan estresante es trabajar hoy en Bosnia los derechos humanos?

-Aquello no es como Afganistán donde estás en un container protegido por las fuerzas militares. La región del Drina está a menudo en la penumbra y está muy apartada, y eso te va colocando en una situación de ansiedad que es casi inconsciente. Hacía un trabajado muy delicado de derechos humanos y reconciliación e, inevitablemente, pasaba muchas horas con víctimas de violaciones, exhumación de fosas comunes... Al principio no era consciente del riesgo de ansiedad, pero al final te metes en las desgracias ajenas.

-¿Qué huellas ha dejado la limpieza étnica de aquella guerra?

-El último censo de Bosnia refleja un cambio demográfico brutal. Algunas áreas que inicialmente eran terrenos con mayoría musulmana, es decir, los bosniacos, han perdido entre el 50 y el 100% de su población. Pero también hay una destrucción del tejido social. Una guerra tan fraticida en un país tan pequeño donde se mataban entre vecinos y muchas de las violaciones las cometían los locales, al final destruye la confianza. Y hoy esa crisis de confianza colectiva sigue señalada, también en la política.

-Hoy las cámaras de televisión enfocan más a Siria o Ucrania. ¿Europa se ha olvidado de Bosnia?

-Hoy Bosnia es un país potencial candidato a entrar en la Unión Europea y oficialmente es un compromiso, pero en la práctica no hay ímpetus políticos.

-Usted dice que la presencia internacional en Bosnia no ha dado con el antídoto adecuado para 'enderezar' el país. ¿Qué es lo que ha fallado?

-Se diseñó un sistema 'tutelar' por la comunidad internacional, pero cuando ésta perdió el apetito y las ganas de meterse en Bosnia, el sistema dejó de producir. Falló predecir qué era lo que iba a pasar cuando las élites y los partidos locales asumieran su responsabilidad, porque han acabado volviendo a la política de siempre.

-Entonces, ¿qué papel han jugado las élites políticas desde el final de Yugoslavia hasta hoy?

-Destructivo y parasitario total. Las mismas familias políticas que se enfrentaron en la guerra, son las que más o menos se reparten hoy el poder en Bosnia. Y es un consenso negativo porque se enfrentan diariamente por cosas de la guerra, pero en el fondo se ponen de acuerdo en lo negativo, es decir, en no cambiar el sistema.

-¿Cree que hay algo de la reconstrucción de la convivencia en Bosnia extrapolable a Euskadi?

-Ninguna situación se puede extrapolar directamente. Pero de lo que sí se puede aprender es de los errores cometidos por otras sociedades. El drama en Bosnia es que no hay una memoria compartida por hechos básicos y muy constatados. Y pienso que en Euskadi tenemos que ser capaces de tener una memoria más o menos compartida por hechos fundamentales acaecidos durante la etapa del terrorismo, y también los excesos y las torturas que hubo. No podemos dejar que haya políticos que vivan de la manipulación de la Historia.

-¿Cómo se ve desde la distancia los casos de corrupción que salpican a España?

-Siempre trato de recordar a mis amigos de aquí que tengan en cuenta lo positivo, y es que en España se habla de estas cosas, la prensa saca los casos a la luz y más o menos hay un tipo de consecuencia política y judicial. Eso, sin embargo, no está tan claro en muchos países europeos.

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