Diario Vasco
Mas y Urkullu, en su último encuentro oficial en Ajuria Enea, en diciembre de 2014.
Mas y Urkullu, en su último encuentro oficial en Ajuria Enea, en diciembre de 2014. / BLANCA CASTILLO

Euskadi afronta la fase decisiva para renovar el autogobierno pendiente del «lío» en Cataluña

  • Los partidos están a punto de arrancar el debate que en un año encargará un borrador del nuevo estatuto

El Parlamento Vasco va a iniciar en las próximas semanas la fase decisiva para actualizar el autogobierno vasco. Decisiva porque, después de cuatro años de análisis, llega el momento de concretar. De que los grupos busquen un mínimo consenso sobre los ejes del proyecto y de que, lo consigan o no, se redacte un texto articulado sobre el que realmente debatir y negociar el futuro marco jurídico-político de Euskadi.

Es evidente que la empresa se presume complicada. Que aunar mayorías transversales sin que nadie renuncie a sus principios exigirá altas dotes negociadoras y grandes dosis de voluntad política. Pero es que además, a las diferencias conocidas entre los proyectos de los cinco partidos con representación en la Cámara vasca, se suma un sexto e incómodo invitado: el enconado proceso catalán que puede implosionar a lo largo del año y que, irremediablemente, afectará al debate vasco, por mucho que éste quiera aislarse y guardar distancia, en forma y fondo, de lo que pase a 500 kilómetros.

El PNV es el primer interesado en no verse excesivamente salpicado por un conflicto territorial con el que empatiza, pero que no quiere importar a Euskadi, ahora que goza de un momento de estabilidad social y política como no ha vivido en décadas. Y por eso el debate que se reinicie en próximas semanas, cuando la ponencia eche a andar, intentará discurrir en paralelo a las sacudidas que se prevén a lo largo del año en la vía catalana. El primer punto sobre la mesa será establecer un calendario que avive el debate sin desbocarlo. Como cuestión previa, estará la presentación por parte de Elkarrekin Podemos de su proyecto de renovación estatutaria. Es la única propuesta que falta, dado que la coalición no estuvo presente en la anterior legislatura. Y aunque aún no tiene plazo fijado para trasladársela al resto de grupos de la ponencia, ya trabaja en ella en previsión de que deba concluirla en torno al verano.

A partir de ahí, comenzará el auténtico debate, el de las ideas y principios básicos sobre el que construir el futuro marco jurídico-político. Un debate de esencias ideológicas donde los grupos revelarán las verdaderas opciones de acuerdo. A nadie se le escapa que concitar esa mayoría «transversal» que se propugna, con apoyo de nacionalistas y no nacionalistas, será una tarea ardua. Y, en previsión, algunas voces ya advierten de posibles alternativas para que el debate no vuelva a bloquearse y regrese al punto cero.

La discrepancia pactada entre los socios del Gobierno Vasco en su acuerdo de coalición es una de las principales simas que salvar. PNV y PSE optaron por darse libertad e incluir en el documento una mera enumeración de conceptos a discutir: reconocimiento de Euskadi como nación, derecho a decidir, reforma constitucional, competencias exclusivas... Pero hasta que no bajen al terreno, no se comprobará si es posible acallar a los más incrédulos con este acuerdo, que advierten la complejidad de modular posiciones y encontrar un punto intermedio sin obligar a nadie a transgredir o renunciar a sus principios. Ni al grupo nacionalista, ni al socialista, pero tampoco a EH Bildu, Podemos o el PP. Ahí reside la clave del éxito.

El consenso previo entre PNV, Elkarrekin Podemos y PSE para constituir la ponencia apunta los terrenos comunes donde pueden coincidir, pero no previene ante los desfiladeros por los que transitará el debate protagonizado por primeros espadas de cada formación.

Plazos razonables

Pero la resolución del nudo gordiano de la legislatura no puede dilatarse 'sine die'. Se clarificará en el próximo año y medio. El plazo razonable, consideran algunas fuentes consultadas, para dirimir si se logra o no ese acuerdo básico sobre «principios», y para encargar, en cualquier caso, al Gobierno Vasco o algún organismo como Eusko Ikaskuntza la redacción del texto articulado del nuevo estatuto que sustituirá al de Gernika de 1979.

Porque ahí radica una de las alternativas que ya se contempla en algunos círculos políticos para evitar el posible bloqueo de un debate que deberá sortear no solo las discrepancias políticas entre vascos, sino la marejada que se avecina en Cataluña en la recta final de su hoja de ruta independentista. «Cuanto más lío haya allí», en alusión al choque político y judicial con el Gobierno central, peor panorama se presenta aquí, advierten algunas voces conscientes de que por mucho muro que se levante entre las dos vías de autogobierno, la política es altamente permeable y más cuando hay conflicto.

Por eso, si las discrepancias en el debate inicial de ideas o el contagio catalán impiden avanzar como está previsto -a partir de un acuerdo de mínimos-, hay fuentes que ven necesario encargar igualmente el mencionado borrador estatutario cogiendo como base las propuestas de los partidos. Es la única manera, creen, de evitar que el debate iniciado en la legislatura pasada entre en barrena, y se pueda buscar otro cauce para el entendimiento a partir de un texto concreto.

A falta de conocer los plazos que marcará la ponencia, los grupos confían en tener algún resultado tangible al final de la legislatura. Esta fase va a ser «mucho más interesante» que la del mandato pasado, pronostican las fuentes consultadas. Una deducción lógica, ya que tras la etapa de análisis sobre los pros y contras del autogobierno alcanzado, llega la de la confrontación política más pura. La de empastar el nuevo esqueleto de Euskadi para las próximas décadas desde la esencia ideológica de cada una de las formaciones/identidades/sociedades que conviven en el país. Si eso se consigue, el pacto con el Estado, la segunda fase de esta vía vasca pactista y sobre raíles de legalidad, puede estar más allanado. Pero eso es mucho pronosticar a estas alturas. Y además todo dependerá de si desde Cataluña llegan vientos, tempestades o huracanes que arranquen de cuajo los cimientos del nuevo autogobierno vasco.

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