Diario Vasco

«Los gobiernos vasco y central están viniendo directos a juicio, sin interlocución previa»

  • Llama a recobrar el diálogo institucional, al tiempo que alerta del «fuerte problema de credibilidad» del Tribunal Constitucional

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¿Qué se juega el Constitucional con la renovación de su presidente, la vicepresidenta y otros dos magistrados, en pleno conflicto con el soberanismo catalán?

Se juega bastante, pero el problema es más profundo. Su gran problema es que planteó dar prioridad a los conflictos de competencia y a los recursos de inconstitucionalidad frente a los de amparo. Y el TC ha acabado fragilizando, a mi modo de ver hasta límites preocupantes, la virtualidad del recurso de amparo como forma de restablecimiento de derechos fundamentales. Hoy, el número de los que se admiten es pequeñísimo. Y se ha transferido la parte más importante en la recogida de datos a los letrados del Tribunal. Su peso es determinante, cuando nadie se pregunta por el sistema que se sigue para su recluta. Si el TC tuviera que enjuiciar a otra institución que llevara a cabo esa recluta como la hace él, lo declararía inconstitucional. Los criterios constitucionales sobre mérito y capacidad no son solo para invocarlos, sino para garantizarlos.

¿Cabe deducir que Cataluña está copando toda la atención del TC?

Lo que me inquieta es que la interpretación constitucional esté muy predeterminada por la preparación del debate, que no está en manos de los magistrados, sino de los letrados.

¿Sugiere que ese condicionante también está operando sobre las deliberaciones en torno a la cuestión catalana?

A eso no le puedo contestar. Pero el Constitucional está en medio de un problema de credibilidad muy fuerte, que no se limita a su renovación.

¿Y hasta cuándo puede ser el TC la institución que encare la pulsión independentista?

El Constitucional tiene funciones muy precisas y nunca es un legislador positivo, es negativo: no dice qué es lo que hay que hacer, sino lo que no se puede hacer. ¿Podría llegar a una exégesis del Estado de las autonomías que permitiera dar un cauce distinto a la cuestión catalana? Yo diría que en este momento no. No es problema del Tribunal, sino de la reforma pendiente de la Constitución.

¿Le está incomodando al Tribunal Superior la multiplicación de los recursos entre los gobiernos vasco y central?

Incomodar no, es nuestro trabajo. Pero el número de conflictos entre ambos tiene una dimensión suficiente para pensar que no está habiendo un intento de encauzamiento prejudicial de las discrepancias.

Parece que nunca se había registrado una conflictividad como esta.

Sí, posiblemente es la más alta. Pero eso no me parecería preocupante si no fuera porque lo que pone de manifiesto es que directamente se viene a juicio. Es decir, no hay interlocución previa. Y restablecerla es un objetivo fundamental. Porque las posibilidades de acierto antes de la judicialización son mayores que en la judicialización.

¿El pulso está repartido al 50% entre Euskadi y el Estado?

Eso no puedo determinarlo. Pero las legislaturas con mayoría absoluta generan posiciones cerradas y dan pretextos para otras posiciones cerradas. La combinación perfecta.

Polémica sobre Biurrun

¿Cuántas críticas ha escuchado contra la jueza Garbiñe Biurrun por animar a pleitear, a raíz de la sentencia europea que equipara la indemnización de los trabajadores eventuales a la de los fijos?

Críticas he recibido varias y bastante contundentes (sonríe). De ellas, lo que me ha preocupado no es la dimensión jurídica, sino lo que se refiere a la ética judicial. Las apariencias no dejan de ser imágenes que, hoy, son mensajes. Si no cuidamos esas apariencias, poco importa cuál haya sido la intención. Pueden ser razones muy lícitas, pero no pueden generar la apariencia de pérdida de imparcialidad. ¿Tiene que ver eso con la disciplina? No, pero sí con los principios de ética judicial. Si nos atenemos a ellos en nuestra exposición pública, mejorarán las percepciones.

Según eso, ¿Biurrun debería haberse abstenido de pronunciarse?

Tenemos que conseguir que la comunicación no genere imágenes que sugieran ruptura de la imparcialidad. Y no puede darse la impresión de que los contenciosos son habas contadas. Yo fui abogado antes que juez y lo primero que aprendí es que 'nunca te creas y jamás le digas a un cliente que esto son habas contadas'.

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