Diario Vasco

Los yihadistas del kalashnikov planeaban una «grave acción terrorista» en Madrid

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Lugar donde se reunían los yihadistas detenidos. / Óscar Chamorro

  • Pedraz desvela que el grupo, que iba a financiar el atentado con droga, llevaba "meses" radicalizado a manos de un imán

Los dos yihadistas detenidos el pasado 28 de diciembre en Madrid, junto a otros terroristas que permanecen huidos, planeaban una masacre en la capital de España. Así de rotundo lo afirma el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz en los autos de registro de la 'operación Serkan' a los que ha tenido acceso COLPISA. Unos documentos con un relato mucho más inquietante que el de la versión oficial del Ministerio del Interior, que hasta ahora sostenía que no hay indicios de que los arrestados planearan acción alguna y que el grupo está ya «neutralizado».

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Lejos de esta versión, el magistrado, que se hace eco de los informes de los servicios de información, apunta que los yihadistas pretendían atentar en la capital de España y que la célula, ni mucho menos, está desarticulada porque hay todavía varios huidos que tienen en su poder, además del kalashnikov desaparecido, varias pistolas.

En los autos de registro, Pedraz da muchos más datos que los que ofreció en los autos de prisión de Edrissa Ceesay Sanuwo y Samer Sennouni Mouh, el hispanogambiano y el hispanomarroquí detenidos. El magistrado explica que los dos arrestados, junto a otros tres radicales magrebíes (cuyos nombres no se publican por obvios motivos de seguridad) se «reunían frecuentemente» en 'La Caseta' o 'La Cabaña', la chabola del parque de Vicálvaro, en el sur de Madrid, en cuya parcela fueron encontrados cuatro cargadores de AK-47 y 37 balas de este arma. Los cinco -apunta el juez- tuvieron «acceso a armas de fuego con el objetivo de ser utilizadas para cometer una grave acción delictiva de carácter terrorista» en Madrid. Además, prosigue el instructor, «se grabaron en una serie de vídeos, lanzando proclamas y mensajes a favor de la yihad y en apoyo del Dáesh». En una de esos vídeos, los yihadistas vertieron «incluso amenazas sobre actuaciones violentas en sitios emblemáticos de Madrid». Lo que en ningún momento se precisa es las fechas de esos hipotéticos atentados.

Pedraz detalla que los propios integrantes de esta célula «editaron» esa producción audiovisual señalando a la capital de España. El juez describe esa grabación con «imágenes de la Puerta del Sol, música de fondo similar a la utilizada en los vídeos de propaganda de Dáesh, así como la bandera negra vinculada a esta organización». La grabación -concluye el juez- tiene «una grave actitud amenazante contra la integridad física de los habitantes de Madrid».

Lugar en el que se reunían los yihadistas.

Lugar en el que se reunían los yihadistas. / Óscar Chamorro

12 de octubre

El juez también revela que hay multitud de indicios de que el grupo, todavía no desarticulado por completo, tenía más armas que el kalashnikov que todavía no se ha encontrado. Hay grabaciones de los integrantes de la célula con pistolas. Pero no es esta la única pista de que los terroristas huidos tienen todavía en su poder esas armas cortas, además del AK-47. Los yihadistas llevaron sus pistolas a la reunión que mantuvieron en 'La Caseta' con el traficante de armas para mostrar al proveedor el material que pretendían adquirir.

«El 12 de octubre de 2016, sobre las 21:00 horas, se produjo una reunión en 'La Cabaña' (con un traficante de armas) con el propósito de adquirir fusiles del mismo tipo que ya posee este grupo (kalashnikov), así como la posibilidad de comprar armas de fuego cortas, para lo cual (los yihadistas) habrían llevado ellos mismos algunas (pistolas) para servir como muestra», señala el texto. Los terroristas llevaron las armas «bajo la ropa y las exhibieron (al traficante) sin ningún tipo de reparo». En esa misma reunión, sigue el juez, los terroristas también «solicitaron explosivos militares conocidos comúnmente como 'granadas de mano', sin explicar el motivo para las que los requerían».

En ese encuentro, los yihadistas ofrecieron al traficante de armas 6.000 euros para comprar, al menos, cuatro kalashnikov más, lo que apuntaría a que en el gran atentado que planeaban podrían haber participado hasta cinco terroristas.

El juez deja claro que las tratativas con el traficante iban en serio y que los yihadistas tenían dinero a pesar de tratarse de jóvenes desempleados y de ambiente marginal: «Este grupo estaría utilizando cauces realacionados con el pequeño tráfico de sustancias estupefacientes como manera de financiar estas adquisiciones, ya que ninguno de los investigados posee una actividad remunerada suficiente para hacer frente a las importantes cantidades económicas que supone la realización de negocios ilegales de compraventa de armas de fuego».

Lugar en que se reunían los yihadistas.

Lugar en que se reunían los yihadistas. / Óscar Chamorro

El juez concluye su relato dejando claro que se trata de una célula muy peligrosa y completamente radicalizada, ya que su «proceso de adoctrinamiento» había durado «meses». Un tiempo en el que fueron tutelados en las enseñanzas salafistas más radicales por un «individuo de origen marroquí con mucha influencia sobre la comunidad musulmana del barrio (de Vicálvaro)».

«Las características de estos jóvenes son las mismas que constituyen el perfil objetivo de los captadores de grupos terroristas como el Dáesh, que reclutan, adoctrinan y fomentan acciones violentas en territorio europeo», añade. Pedraz subraya que no hay duda de que los detenidos y los huidos, tras este adoctrinamiento, formaban parte del autodenominado Estado Islámico y que su propósito de atentar en Madrid era firme.

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