Diario Vasco

«Una persona de la izquierda abertzale me enseñó a aplacar la rabia por el asesinato de mi padre»

Olatz Etxabe, Sandra Carrasco y Aintzane Ezenarro, ayer en la Plaza de la Memoria de Arrasate.
Olatz Etxabe, Sandra Carrasco y Aintzane Ezenarro, ayer en la Plaza de la Memoria de Arrasate. / MIKEL FRAILE
  • Sandra Carrasco dejó ayer su testimonio en la Plaza de la Memoria de Arrasate junto a otra víctima, la hija de Iñaki Etxabe, asesinado en 1975

«He aprendido a escuchar a otras personas que no piensan como yo, pero que igual sí han sufrido lo mismo que yo, aunque de diferente manera». Sandra Carrasco relató ayer en Arrasate la insoportable angustia que ha vivido desde que el 7 de marzo de 2008 ETA asesinó a su padre, el exconcejal del PSE Isaías Carrasco, pero también reparó en el cambio personal que ha experimentado desde que conoció a una persona «que era de la izquierda abertzale muy radical», con la que en su día se llevaba «muy mal», pero que sus largas charlas con él le han enseñado «a ver las cosas de diferente manera y a no dejar que la rabia pueda conmigo». «Empecé a entender muchas cosas que antes no entendía o no quería entender ni escuchar, porque lo mío era lo mío, los demás eran los malos y no había más», se explicó nerviosa, pero segura de lo que decía ante los numerosos asistentes a la Plaza de la Memoria de Arrasate.

Sandra Carrasco y Olatz Etxabe se sumaron ayer a los testimonios de Memoriaren Plaza, en una de las citas más concurridas desde que arrancó la iniciativa promovida por Gogora, hace ya nueve meses. Estas dos arrasatearras sufrieron en su propia familia el asesinato de su aita, a manos de ETA y del Batallón Vasco Español, respectivamente. Y las dos hablaron sin odio. Carrasco pidió a su pueblo que reconozca «que lo que se le hizo a mi padre estuvo mal y que haya un arrepentimiento», mientras que Etxabe reivindicó «verdad, justicia y reconocimiento» para poder dar pasos hacia adelante. «En nuestro caso hemos tenido reconocimiento por parte de la gente, pero no de las instituciones», se lamentó la hija de Iñaki Etxabe, un hostelero asesinado el 5 de octubre de 1975.

La hija mayor de Isaías Carrasco recordó que, durante un tiempo, el sentimiento de rabia que sentía por el asesinato de su padre le llevó a arrancar de las paredes de su pueblo pancartas de apoyo a los presos o incluso a provocar a la izquierda abertzale cuando pasaba por una herriko. La misma Sandra que al día siguiente del atentado denunció con arrojo el asesinato en la misma plaza del pueblo, explicó ayer que en un momento, decidió que no se quería quedar estancada en el dolor y renunciar a vivir como una persona de su edad. Con el tiempo, ha sido capaz de aprender «a no dejar que la rabia pueda conmigo». «Yo solo veía a las víctimas de ETA, no quería escuchar a nadie que fuera del otro bando. Y a mí misma me sorprende que hoy pueda hablar con exetarras e incluso trabajar con ellos y tener un trato cordial. He aprendido a mirar a las personas que están arrepentidas por como son, no por sus ideas», reparó.

Sandra Carrasco recordó al detalle el día del atentado. La última mirada de su padre al marchar sonriendo de su casa para ir a su trabajo en la autopista y cómo de repente oyó el sonido de «tres cohetes». «Mi madre salió de inmediato con mi hermano y yo me asomé a la ventana. Vi a mi padre cómo salía del coche. En un primer momento pensé que no le había pasado nada, pero le vi cómo miraba a la ventana y que ya estaba ensangrentado. Nos miramos... Salí corriendo y le acompañé junto a mi madre. De las personas que había allí nadie nos ayudó ni nos dio una sábana o algo para tapar a mi padre. Yo le tapé con mi bata y en ese momento alguien me dijo que le apretara las heridas, pero con tanta sangre ni las veía... Le intentaba hablar y me despedí de él. Apareció mi tío y fue un alivio. Luego no me acuerdo cómo llegó la ambulancia, sé que la espera fue eterna aunque nos dijeron que habían sido 12 minutos...».

«Vivir sin odio»

Olatz Etxabe tenía 10 años cuando asesinaron a su aita, un hostelero de Arrasate. Ayer relató emocionada cómo fue asesinado a tiros en el hostal que regentaba la familia en Alto de Kanpazar y que todavía, cuarenta años después, el Estado sigue sin reconocerle como víctima. El hostal Etxabe-Enea ya había sufrido un bombazo cinco meses antes y un ametrallamiento posterior. Aquella noche, Olatz ya estaba en la cama, pero no podía dormir. En un momento dado, sintió algo y bajó a la cocina donde halló a su padre tirado en el suelo y ensangrentado. Los miembros del Batallón Vasco Español habían entrado al local lanzando gases. Un tío de Olatz consiguió esconderse en el almacén, pero su aita fue sorprendido en la cocina.

La hija mayor de Iñaki Etxabe explicó que gracias a su ama y su amama, ella y sus hermanos han crecido y han vivido sin odio, aunque, según denunció, «no nos consideran víctimas y nosotras nos vemos como víctimas de segunda».

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