Diario Vasco

Del desquite a la concordia

Urkullu flanqueado por Agirre, Iriarte y Larrion, de EH Bildu.
Urkullu flanqueado por Agirre, Iriarte y Larrion, de EH Bildu. / J. S.
  • El bipartito confía en una buena cohabitación tras una jura con un ambiente más relajado que hace cuatro años, cuando Urkullu relevó a López

  • PNV y PSE pasan del puño cerrado de José Luis Bilbao en 2012 a un amistoso consejo de Gobierno ayer en la cafetería

Hace cuatro años, el entonces diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, entró a la jura de Gernika con el puño cerrado para saludar la vuelta del PNV al Gobierno Vasco después de que el PSE-EE le arrebatara el poder. Un gesto simbólico de desquite aplaudido por el mismo público que silbó tímidamente al entonces lehendakari saliente, el socialista Patxi López. El traspaso de makila entre López e Iñigo Urkullu se realizó con cordialidad, pero con cierta tensión en el ambiente tras un duro mandato en el que los peneuvistas no terminaron de digerir que PSE-EE y PP le desalojaran de Ajuria Enea, pese a ser el partido más votado en las urnas.

Ayer, cuatro años después, en el mismo escenario, se vivió un clima muy diferente. Todo fue concordia y abrazos entre jeltzales y socialistas. Ni rastro del revanchismo de 2012 ni de los pitos de los congregados en el exterior. Sí volvió a la villa foral José Luis Bilbao, ahora presidente del Tribunal Vasco de Cuentas, pero pasó desapercibido entre la multitud, aunque se le vio charlando con el expresidente del PSE-EE, Jesús Eguiguren. «El ambiente es más relajado y distendido que hace cuatro años», corroboraba un sonriente López. «Esta vez el público nos ha respetado», agregaba el guipuzcoano Iñaki Arriola, el consejero e interlocutor socialista con la parte del PNV en el nuevo gabinete autonómico.

De hecho, la jornada comenzó para los nuevos consejeros de PNV y PSE-EE con un amistoso e improvisado consejo de Gobierno en torno a un café en un bar próximo a la Casa de Juntas. Allí se juntaron, por vez primera, futuros compañeros como los jeltzales Josu Erkoreka, Arantza Tapia y Jon Darpón, o los socialistas Iñaki Arriola y Alfredo Retortillo. El martes se pondrán manos a la obra de verdad en el primer consejo, ya oficial, de la nueva legislatura. Será entonces el momento en el que empezará a ponerse a prueba la cohabitación entre peneuvistas y socialistas.

Aquel gesto de Bilbao hace cuatro años no gustó en las filas socialistas, aunque en el PSE-EE se impuso el fair play y se aplaudió aquella primera toma de posesión de Iñigo Urkullu, olvidando que los jeltzales no hicieron lo mismo cuando López se convirtió en el primer constitucionalista en jurar bajo el viejo roble.

Desde entonces, la relación ha derivado, poco a poco, en una especie de luna de miel entre ambas formaciones con una clara fecha de inicio, coinciden ambas partes. El 9 de septiembre de 2013. Ese día, PNV y PSE-EE presentaban en el Parlamento Vasco el acuerdo de estabilidad económica e institucional que ponía fin a la inestabilidad de un Urkullu en minoría y sin Presupuestos. Se retomaba la senda de colaboración entre estas dos familias políticas, abruptamente rota desde los tiempos de Lizarra en 1998. Luego, en 2015, llegarían los acuerdos en diputaciones y ayuntamientos vascos, que funcionan con buena sintonía, destacan, por aquello de que «el roce hace el cariño». Faltaba el broche del pacto para el Gobierno Vasco suscrito a principios de esta semana por Andoni Ortuzar, Idoia Mendia y el propio lehendakari. La jura de Gernika de ayer fue el simbólico cierre de aquella profunda herida abierta en 2009 y que todavía supuraba hace cuatro años. Cariñosos saludos como el del lehendakari y Arriola o López y Ortuzar dieron fe de la recuperación de la buena sintonía.

El «talante» de Mendia

La secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, ha sido una de las claves en este cambio de tercio. Pese a que ella formó parte de aquel Gobierno Vasco socialista denostado por el PNV, como portavoz y consejera de Justicia, su «talante» ha facilitado el entendimiento, pese a que en campaña electoral elevó el tono contra el PNV y el lehendakari. Mendia ha logrado tender puentes y complicidades tanto con Ortuzar como con el propio lehendakari, también convencidos de la necesidad de acuerdos entre diferentes.

Los nuevos consejeros creen, asimismo, que el Gobierno bipartito «va a funcionar bien». Tras la jura de mañana en el palacio de Ajuria Enea, toca acometer el «engrase interno» del equipo. Seguro que alguno reclamó consejo al exlehendakari Ardanza, presente ayer en la villa foral y adalid de aquellos ejecutivos transversales de los ochenta y noventa.

Muchos de los nuevos integrantes del Ejecutivo se conocen desde hace años, pero otros, como los socialistas Alfredo Retortillo o María Jesús San José, o los jeltzales Beatriz Artolazabal y Bingen Zupiria, debutarán en el máximo nivel. En el caso del primero, el sociólogo convertido en nuevo consejero de Turismo, Comercio y Consumo, su nombramiento causó cierta sorpresa, por inesperado, en las filas del PNV. No obstante, 48 horas después, los nacionalistas vascos creen que su perfil, muy mediático y conocedor del pulso de la calle, puede ser un «contrapunto interesante» al perfil más político, pero más clásico de Arriola, por ejemplo.

La jura de ayer en Gernika también tuvo algo de reconciliación simbólica entre EH Bildu y Urkullu. En 2012, la entonces portavoz de la coalición abertzale, Laura Mintegi, menoscabó el ritual al preferir acudir a Baiona a un acto en favor de la declaración de paz de Aiete. Este sábado, sin embargo, la entente de Sortu, EA, Aralar y Alternatiba envió a su alineación de gala, encabezada por su portavoz, Arnaldo Otegi, que se estrenaba en un evento de estas características. Un gesto que le agradeció en persona el propio Urkullu casi al final, cuando se saludaron afectuosamente. Si sería bueno el clima que hasta las tres cabezas de lista y ahora parlamentarias, Maddalen Iriarte, Miren Larrion y Jasone Agirre no tuvieron inconveniente en posar para una foto de familia con el reelegido jefe del Gobierno Vasco. Los independentistas aplaudieron con cortesía al lehendakari en el salón de plenos, una vez tomado posesión.

A su aire

La delegación de la coalición aber-tzale coincidió también con los consejeros peneuvistas y socialistas en la cafetería antes del acto, en una metáfora de lo que fue el reciente proceso negociador para formar gobierno. De aquellas conversaciones se desmarcaron Elkarrekin Podemos y el PP, que ayer dieron la impresión de ir un poco a su aire. Sobre todo la coalición del partido de los círculos, Ezker Anitza-IU y Equo, debutantes y a los que les costó ubicarse. Pili Zabala, Lander Martínez y los suyos parecían un poco sorprendidos por la solemnidad y sacralidad del evento, aunque reconocían su carácter «histórico» y esperan repetir en el futuro.

Los populares vascos, por su parte, fueron eclipsados por la presencia de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, una de las atracciones de la jornada junto al presidente catalán, Carles Puigdemont. Si hace cuatro años, el Gobierno central envió a Gernika al ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, reconocido foralista, ahora, Mariano Rajoy elevó el nivel de la representación estatal delegando en su número dos. Otro gesto, quizás, para intentar mejorar la sintonía entre ambas administraciones, en su propósito de pasar de la incomunicación a una relación más fluida y normalizada.

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