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Josu Erkoreka y Pedro Azpiazu, en el palacio Zurbano, de Madrid, en su época de diputados.
Josu Erkoreka y Pedro Azpiazu, en el palacio Zurbano, de Madrid, en su época de diputados. / EFE

Erkoreka-Azpiazu, el tándem con Madrid

  • Afrontarán los Presupuestos, el Cupo o el blindaje del Concierto ante la nueva financiación autonómica

El miércoles por la mañana, cuando el lehendakari se sometía a la primera sesión de investidura y el Parlamento era un hervidero de rumores, Pedro Azpiazu le contó a Cristóbal Montoro que estaba a punto de convertirse en su nuevo interlocutor con el Gobierno Vasco. La confidencia agradó al ministro, foralista convencido: siempre es mejor tener enfrente a alguien con quien puedes entenderte que lo contrario. Y desde la discrepancia ideológica y política, Montoro y el recién nombrado consejero de Economía y Hacienda comparten afinidad y lenguaje negociador, justo lo que ambos deberán engrasar para tratar de encauzar dos discrepancias delicadas: la liquidación pendiente del Cupo y la actualización de la ley quinquenal que lo regula. Dos de las materias con las que el lehendakari Urkullu y su partido quieren pulsar si, en verdad, Mariano Rajoy está dispuesto a reorientar su mirada sobre Euskadi. «Y el miembro del PNV que mejor relación tiene con Montoro es Pedro», ilustra una fuente jeltzale al cabo de la calle.

Pedro Azpiazu Uriarte (Bilbao, 1957) regresa al departamento en el que se inició en la 'cosa pública' en 1981 y lo hace después de 17 años en el Congreso; o lo que es lo mismo, después de haberse cruzado en la tribuna, los despachos y los pasillos con tres presidentes del Gobierno -José María Aznar, José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy-, haber pactado seis Presupuestos Generales del Estado con los socialistas y haber trabado sintonía, en la bancada del PP, no solo con Montoro, sino también con la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, con Luis de Guindos o con el nuevo ministro de Energía, Álvaro Nadal. Se trata de la misma agenda de privilegiados contactos que retomará ahora Josu Erkoreka al frente de su reconvertido -en nombre y funciones- Departamento de Gobernanza Pública y Autogobierno.

Ambos vuelven, mano a mano y esta vez desde Vitoria, a dedicarse a lo que tantos réditos otorgó en el pasado -la negociación y el pacto con Madrid-, mientras tratarán de labrar los acercamientos iniciales con la oposición al Ejecutivo PNV-PSE. El primer examen serán los Presupuestos vascos, que se entremezclarán con el diálogo con la Moncloa si Rajoy opta por prorrogar los suyos para dar más margen al acuerdo. Erkoreka fue quien cerró el último Cupo con el Gobierno español: fue en 2007 con Pedro Solbes al frente de la Economía del Estado, cuando ni siquiera había sobrevenido la crisis, nadie imaginaba que aflorarían fenómenos partidistas como Podemos y Ciudadanos y CiU y el PNV seguían, como toda la vida, pugnando por ser la fuerza nacionalista de referencia para el bipartidismo que se creía eterno.

Hoy, con Urkullu distanciándose a cada día un poco más de la tormenta catalana, una de las funciones de Erkoreka y Azpiazu será mantenerse vigilantes para garantizar que el Concierto preserva su blindaje ante la negociación, comprometida por Rajoy en su investidura, de un nuevo modelo de financiación autonómica. A lo que se sumará la defensa del autogobierno frente a los recursos del Estado y la reivindicación de la transferencias del Estatuto pendientes plasmadas en el pacto de coalición con los socialistas. Las últimas, 'arrancadas' al Gobierno en minoría de Zapatero, las trabajaron Erkoreka y Azpiazu.

Varoufakis y la vicepresidenta

Casi quintos -Erkoreka nació en 1960 en Bermeo, donde su padre era el taxista del pueblo-, los dos consejeros comparten una trayectoria pareja, curtida en la Administración pública vasca y redondeada por la brega política de su paso por el Congreso. Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Azpiazu es un lector entregado a lo suyo -tiene entre manos un libro del exministro griego de Syriza Yanis Varoufakis, cosas de la «heterodoxia» que tanto le divierte-, disfruta poteando por el barrio bilbaíno de Deusto y le pierde un buen plato de alubias. «Más preocupado que encantado» en estos primeros compases de su nueva responsabilidad, Urkullu cerró con él su nombramiento la semana pasada. El lehendakari incorpora a su Gabinete a un consejero jovial, amable y cercano, de trato fácil con los periodistas y del que los suyos esperan que enriquezca el Consejo de Gobierno con sus conocimientos en macroeconomía. Anoche, Azpiazu se entregó a otra de sus pasiones: cogió un bocadillo y se fue a San Mamés.

La campechanía del titular de Hacienda casa como un guante con la habilidad que se le reconoce a Erkoreka para forjar pactos constructivos; para saber hasta dónde puede llegar y para no excederse con su interlocutor si va a seguir cruzándoselo en la vida política. Más expuesto al foco mediático que su compañero, el portavoz del Gabinete Urkullu retorna a la política pura tras cuatro años de gestión en la que se siente cómodo. Aunque el 'gusanillo madrileño' nunca se le ha ido del todo a este amante de la cabrarroca, bailón y melómano confeso, que mantiene el tono físico con la bici y el monte. Ahora se apresta a desempolvar la relación de confianza y «lealtad» que le unía a Sáenz de Santamaría en el Congreso. La misma que un día de negociación le dijo: «Mira, Josu, vosotros sois vascos y yo castellana vieja: austeros y cabales. En eso somos iguales».

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