Diario Vasco

PNV y PSE apuran su negociación con cada vez «menos líneas negras»

  • Ambos partidos intensifican su esfuerzo para salvar las diferencias en paz y autogobierno, y cerrar el acuerdo programático esta semana

Documento a documento. Oferta a contraoferta. Día a día, parece que las «líneas negras» que separaban al PNV y al PSE en materia de autogobierno y pacificación se van volviendo blancas, y aproximan el cierre de un pacto que ya no tiene margen para demorarse mucho más tiempo. La pacificación y el autogobierno, concretamente la interpretación del ejercicio del derecho a decidir, han sido los dos caballos de batalla que no por previsibles han tensado la negociación en su último tramo, el del aterrizaje en las cuestiones políticas más espinosas. Pero durante un fin de semana, en el que ambas delegaciones, han seguido con el intercambio de documentos y de propuestas, parece, según las fuentes consultadas, que las posturas se van acercando y que, aunque aún no se ha cerrado el acuerdo, no está lejos de que se firme.

La convocatoria el pasado de jueves del pleno de investidura para el día 23, el miércoles de la próxima semana, activó la cuenta atrás para un diálogo que se extiende ya durante mes y medio, y que está atravesando por los momentos finales, siempre los más críticos de cualquier negociación. Sobre la mesa, un documento que va tomando forma y que recogerá las líneas maestras de la futura coalición de gobierno en todos los aspectos de la gestión: el económico, el de empleo, el de las políticas sociales, el de la pacificación y la convivencia, y el del futuro autogobierno. Con el paso de las semanas, se han ido salvando sin excesivos problemas, las cuestiones que afectan a la gestión del día a día, esa que ambos partidos sitúan como prioritarias. Pero en este acuerdo, que pretende ser la hoja de ruta para los próximos cuatro años, las cuestiones más políticas, más de principio ideológico de cada formación, también adquieren un peso relevante, en contraste con lo que ocurrió en las alianzas ya selladas hace año y medio en diputaciones y ayuntamientos.

Tal y como ayer explicó este periódico, la terminología utilizada a la hora de plasmar en el documento programático la base ética y política sobre la que apoyar la acción en materia de paz y convivencia ha creado algunos disensos. Discrepancias que quizás haya ayudado a sofocar el último encontronazo entre el lehendakari y Arnaldo Otegi a cuenta del relato sobre el terrorismo y las exigencias de autocrítica respecto a los comportamientos y responsabilidades pasadas.

No parecía, no obstante, que ese asunto, en el que jeltzales y socialistas, con sus respectivos matices, han caminado bastante unidos, fuera a echar por la borda una coalición que ambos tienen «voluntad» de alcanzar.

El punto más espinoso, como se preveía desde el inicio de las conversaciones, era cómo plasmar en un documento conjunto, en el que tampoco quieren dejar excesivos desacuerdos pactados, asuntos como el derecho a decidir en el que disienten abiertamente. Encontrar el punto de encuentro es complicado. Y o bien se opta por una referencia ambigua que no comprometa a ninguno en la defensa posterior, en el Parlamento Vasco, de su posición; o se ha consensuado una redacción que convenza a los dos, una vez que los socialistas no estaban dispuestos a asumir un concepto que pudiera dejar margen a otro modelo de soberanía o abriera la puerta al derecho de autodeterminación.

La intensificación, estos últimos días, del diálogo, en el que en algún momento han intervenido también Andoni Ortuzar e Idoia Mendia, puede dar sus frutos en los próximos días. Hoy, en la reunión semanal del EBB, se tratará con toda seguridad el estado de situación del diálogo, antes de reunirse de nuevo con el PSE. Una vez que se salven las últimas líneas «negras» sobre el programa, quedará aún hablar de cómo se estructura el gabinete de Iñigo Urkullu, posiblemente más amplio que el actual, y donde habrá que ver el peso de los socialistas teniendo en cuenta sus 9 escaños.

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