Diario Vasco

Urkullu marca el terreno a Otegi en pacificación y constata su distancia

  • El lehendakari acusa al líder de Sortu de «insultar» a la Ertzaintza por exigir autocrítica y asegurar que, como ETA, «también ha matado»

No hubo reacción inmediata al emplazamiento que Arnaldo Otegi hizo el viernes al PNV para que realizara un ejercicio de autocrítica por «lo que también mató la Ertzaintza». La contestación se maduró 24 horas. Pero ayer el lehendakari marcó el terreno en pacificación al responsable de Sortu y cargó contra Otegi sin medias tintas. «Tomo las palabras de Arnaldo Otegi como un insulto, un insulto a la Ertzaintza y a la sociedad», sentenció Iñigo Urkullu en un mensaje en su blog que constata la distancia que aún les separa y disipa cualquier duda que pudiera haber sobre una hipotética alianza de gobierno entre ambos.

El lehendakari no quiso dejar pasar el reproche que el día anterior Otegi lanzó contra los jeltzales en una entrevista en Radio Euskadi, en la que ante la exigencia a su formación de ser autocríticos con su connivencia pasada con ETA, replicó con un emplazamiento expreso al PNV para que haga lo propio porque «en este país ha matado ETA, pero también grupos parapoliciales, la Guardia Civil (...) y también ha matado la Ertzaintza».

Urkullu consideró un «insulto» esa respuesta, y advirtió a Otegi que le parece «inadmisible cualquier emplazamiento por su parte» hacia un ejercicio de autocrítica política que el lehendakari defiende que su gobierno, la propia Ertzain-tza y su partido ya han hecho «a lo largo de la historia reciente». «En el plano del ejercicio político», añadió el líder del Gobierno Vasco, «es necesario que Arnaldo Otegi se sitúe en la realidad». Y en el plano ético, continuó, «parece que cada vez que la izquierda abertzale da un paso adelante viene acompañado de dos hacia atrás».

Repaso del pasado

Eso, un retroceso, es lo que Urkullu interpretó en las declaraciones del líder de Sortu, que se negó a aceptar «la imposición de un relato» único y de un «esquema de vencedores y vencidos» como, a su juicio, pretende «el Estado». El lehendakari tachó directamente de «insulto» la reacción de Otegi, porque a su juicio pone en entredicho «los pasos en favor de una convivencia normalizada que ha dado la sociedad en relación a la memoria de las víctimas, de todas las víctimas del terrorismo y de la violencia».

Entre esos pasos, Urkullu puso sobre la mesa los dados por su partido y echó la vista atrás, no solo hasta 2011, cuando ETA cesó su actividad armada, sino a una década antes, cuando -recordó- el PNV «sufrió la frustración de procesos de alto el fuego en los que colaboró», o vivió «el fraude» del Pacto de Lizarra que ETA dinamitó año y medio después de su firma en septiembre de 1998, y que «truncó acuerdos de legislatura parlamentaria», como el que PNV y EA suscribieron con Euskal Herritarrok y que saltó por los aires unos meses meses después tras el asesinato del parlamentario Fernando Buesa y de su escolta, Jorge Díez, en febrero de 2000.

Urkullu, entonces presidente de la comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco, consideró que Otegi vive «en su mundo y para su mundo» al no «querer recordar todos los posicionamientos del PNV» en contra de la violencia. Y en concreto sobre la Ertzaintza, aludió en su defensa, al «paso valiente» que, en su opinión dio la dirección de la Policía Vasca el pasado verano con «un compromiso de respeto a los derechos humanos», en el marco de las jornadas donde se presentó el informe del Gobierno Vasco sobre las torturas, 310 casos atribuidos a la Ertzaintza. Sortu denunció entonces falta de autocrítica.

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