Diario Vasco
López, junto a Mendia y Morales, a su llegada al convulso comité federal del 1 de octubre.
López, junto a Mendia y Morales, a su llegada al convulso comité federal del 1 de octubre. / J. J. GUILLÉN / EFE

Patxi López propone un congreso en primavera para relanzar el PSOE

  • El exlehendakari, que niega «tener en la cabeza» liderar el PSOE, sitúa el cónclave en primavera

  • Su apuesta pasa por ganar «músculo» interno y por un proyecto que aúne ser alternativa al PP y diferenciarse de Podemos

«No necesito dejarme querer, porque ya me quieren...». Patxi López optó ayer por el humor, en conversación con este periódico, para responder a la pregunta sobre si aspira a liderar una suerte de 'tercera vía' ante el pulso feroz que vienen librando Susana Díaz y Pedro Sánchez por el control del PSOE; o si, al menos, está dispuesto a atender aquellas voces dentro del partido que continúan confiando en su ascendiente -el lehendakari de los socialistas perseguidos por el terror etarra- para tratar de labrar un mínimo consenso que evite la quiebra de un partido centenario. Con las especulaciones sobre su papel presente y futuro disparadas tras publicar el sábado un artículo en El País titulado 'Un nuevo proyecto para un nuevo siglo', López niega que tome posiciones en la carrera por el liderazgo que se disputará en el congreso federal que unos -él entre ellos- apremian y que la gestora comandada por Javier Fernández pretende dilatar. «No tengo la cabeza en eso», asevera. El diputado vasco sí defiende, no obstante, una hoja de ruta sobre qué debería hacer el partido, elevándola por encima de la pugna entre la presidenta de la Junta de Andalucía y el dimitido Sánchez tras el traumático comité federal del 1 de octubre.

La convicción de López es que el PSOE no podrá rearmarse, internamente y ante la ciudadanía, si la dirección interina pospone 'sine die' la celebración del congreso que refrendará al nuevo secretario general elegido en primarias. A su juicio, es imposible colocar el carro antes de los bueyes: es decir, no cabe afrontar la reconstrucción del proyecto socialista si no se despeja antes la batalla por el liderazgo, un lastre que permeó la ejecutoria de Sánchez y que contaminó la crítica decisión en torno a la investidura de Mariano Rajoy. «El congreso debe ser el principio de la solución», sostiene López, cuyo planteamiento pasa por que el cónclave tenga lugar en primavera; marzo o abril, a más tardar.

La urgencia que expresan los críticos -entre ellos, los socialistas vascos- frente a la voluntad de la gestora de adormecer los plazos para ganar tiempo tropieza con los propios requerimientos internos del partido, que exige 60 días entre la convocatoria y la celebración del congreso. A lo que se suman nuevos escollos como la brecha abierta entre el PSC y la comisión gestora -pendiente de resolución, si llega a haberla- y también la propia complejidad del momento político, con la legislatura recién iniciada después de diez meses de inédito colapso y un Gobierno del PP en minoría que ha de negociar unos Presupuestos monitorizados por Bruselas. López está persuadido de que los socialistas tienen que dotarse de líder cuanto antes, sorteando la amenaza de una división irreversible, para poder, a partir de ahí, fortalecer el «músculo» de una organización hoy rota y «recuperar un proyecto» político identificable. Un proyecto «ganador» que debería avanzar, a sus ojos, sobre dos carriles: uno, representar «la alternativa de izquierdas, moderada y razonable» al Gobierno del PP y dos, diferenciarse de Podemos. El exlehendakari no descarta los acuerdos puntuales con la formación de Pablo Iglesias, pero sí se resiste a enlazar el programa socialista a quienes -según ha advertido siempre- «pretenden hacernos desaparecer».

Entrevista controvertida

Hoy reina la incógnita en el PSOE. Es un interrogante hasta dónde alcanzarán esta vez las ambiciones de Susana Díaz, hasta dónde podrá llegar Pedro Sánchez en su determinación de renacer, si aflorarán miradas hacia López u otros dirigentes con peso específico para que den algún paso o si aparecerá en la sombra un mirlo blanco. Los socialistas vascos mantuvieron hasta el final su aval a Sánchez y el 'no' a Rajoy, pese a asumir la disciplina de la abstención. Y ningún dirigente ha cuestionado en voz alta el despecho con el que el exsecretario general se manifestó en la controvertida entrevista con Jordi Évole, aunque esas declaraciones sí han despertado incomprensión 'sotto voce'.

Pero aunque no se prodiguen los pronunciamientos públicos, hay gestos elocuentes por sí mismos. Uno es que López, presidente del Congreso entre las elecciones del 20-D y el 26-J, publicara su artículo en el periódico al que Sánchez atribuye buena parte de sus males; y que sus planteamientos sobre Podemos se aparten del repentino giro hacia la colaboración con los de Iglesias protagonizado por el exlíder. Otro, que Rodolfo Ares, uno de los principales negociadores de la antigua dirección socialista, haya regresado a sus cuarteles de invierno más allá de su presencia junto a Idoia Mendia en el congreso del PSC del fin de semana.

La distancia hacia el Sánchez que busca la reelección a través de las bases sigue siendo, con todo, menos aguda que la que separa en estos momentos al socialismo vasco del andaluz que encarna Susana Díaz. El eje entre las dos históricas familias del PSOE se ha quebrado y cunde la inquietud en el PSE ante la eventualidad de que el partido se transforme en una organización 'sureña' incapaz de interiorizar de forma natural su propia pluralidad. La sintonía Díaz-López murió en el comité federal, aunque ese alejamiento no prejuzgue lo que vaya a hacer el exlehendakari en el supuesto de que se consume el «choque de trenes» -en palabras de un cargo socialista- entre la presidenta andaluza y Sánchez. Dos rivales que, para no pocos dentro del partido, han carbonizado ya sus opciones de encabezarlo con un proyecto que una y sume. Y López, vaticinan fuentes conocedoras de su posición en Madrid, no participará en movimientos que puedan agravar la fractura interna ni se lanzará a la piscina si las actitudes permanecen tan «encastilladas» como ahora.

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