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Iker Uson, minutos antes de la entrevista. / USOZ

Uson: «La gente empieza a abrir los ojos y se pregunta: ¿En serio celebrábamos antes la muerte de una persona?»

  • Iker Uson, coordinador de Baketik, «Si diferenciamos los 'tipos de víctimas' realimentamos la teoría de guerra y de conflicto. Hay que hablar de violación de derechos humanos», asegura

Baketik nació hace diez años con el fiel convencimiento de crear condiciones para alcanzar la paz y la convivencia en Euskadi a través de la ética. Una filosofía de consenso para «acabar» con la teoría de bandos en un País Vasco azotado por el terrorismo de ETA. Su coordinador, Iker Uson, encabeza un sinfín de actividades divulgativas -«y mucho trabajo discreto»- para promover la reflexión individual y que la sociedad vasca no vuelva a sufrir una Euskadi atemorizada por una violencia injustificable.

-¿Esto que vivimos ahora es la paz?

-Más del 65% de los vascos, según el Deustobarómetro, entienden que sí. Nosotros, sin embargo, no lo creemos. Esto es una situación de no violencia, con una banda terrorista, ETA, que ha desaparecido de manera irreversible. Pero la paz no es sólo que las armas se silencien, hay otras muchas cosas que cambiar, como la mentalidad y la manera de entender que vivimos entre diferentes.

-¿Hay que seguir trabajando entonces para alcanzar una paz plena?

-Por supuesto. Tenemos que recuperar lo que se nos rompió, que fue la convivencia en plazas, frontones y bares. Y se nos rompió porque entendíamos que el que pensaba diferente nos sobraba, por eso se excluía, insultaba, perseguía y, en mayor medida, se asesinaba o se torturaba. Ahora se han normalizado muchas situaciones, pero aún es necesario responder qué es lo que nos pasó, por qué, y qué tenemos que hacer ahora para que en el futuro no se repita un conflicto de este calado.

-¿Desde Baketik se habla de un conflicto vasco?

-Somos conscientes de que la propia palabra genera mucha animadversión, pero sí. Entendemos que un conflicto se da cuando hay varias partes que no están de acuerdo y tienen puntos de vista diferentes, y eso existe en la sociedad vasca. Obviar la palabra 'conflicto' es eliminar uno de los factores más importantes de nuestra historia, y es que las sociedades chocan. Sin embargo, definir que aquí ha habido un conflicto y que sigue habiendo un conflicto social y político no debería abonar la teoría de que la única manera de solventarlo es usando la violencia.

-Baketik se constituyó como una escuela para la paz para intentar sanar, entre otras, las heridas provocadas por la violencia en el País Vasco. ¿Han cicatrizado las heridas tras cinco años sin ETA o aún queda mucho camino por recorrer?

-Las heridas están cicatrizándose, pero a ritmos diferentes. La clase política, por ejemplo, vive en un ambiente de mayor normalización. Sin embargo, aún hay un gran grupo de personas, las víctimas, que sigue sufriendo muchísimo.

-Según las encuestas, una gran parte de la sociedad, sobre todo los más jóvenes, han pasado página. ¿Qué sensación le produce oír eso?

-Si es así, se ha pasado demasiado rápido, entre otras cosas porque uno de los grandes retos que tenemos todavía por delante es escribir precisamente la página.

-¿Hace falta una mayor reflexión antes de dar por finiquitado el capítulo de la violencia en Euskadi?

-Sí, por eso es importante trabajar en el ámbito educativo. El reto que tenemos con la gente joven es que sepan lo que pasó, mientras que los adultos tenemos el deber de transmitirles qué es lo que nos sucedió.

-Y en este ámbito educativo, ¿se ha trasladado ya el 'nunca más' para que se transmita de generación en generación?

-Es difícil medirlo, pero la filosofía de los derechos humanos y que el respeto a las personas es fundamental está cada vez más integrado.

-¿Cómo explica entonces que menores de dos institutos guipuzcoanos ensalcen a presos de ETA como si fuesen héroes?

-Creo que es un hecho desagradable, incluso preocupante, aunque no generalizado. ¿Cómo ha podido darse? La respuesta debería ser educativa, porque una respuesta de carácter punitivo sería como matar moscas a cañonazos. Sin embargo, creo que estamos especialmente vacunados como para no volver a meter la pata, aunque, insisto, para evitar este tipo de sucesos es importante trabajar en el ámbito educativo. Si conseguimos trasladarles un relato consensuado sobre lo ocurrido estaremos cerrando una etapa negra en la sociedad vasca y no daremos pie a que aún siga habiendo personas que no se sienten reconocidas.

-Precisamente, una de las mayores discrepancias es consensuar lo ocurrido en Euskadi.

-Sí, porque todavía se mantiene el esquema de ganadores y perdedores. Pero en la sociedad vasca hay un carril central. Un consenso no tiene por qué ser perfecto ni ideal, porque eso nos llevaría a la frustración. Hay que buscar elementos comunes que respondan a una idea de justicia, memoria y reconocimiento para todas las personas que han sufrido.

-¿Y hasta qué punto equiparar a las víctimas es beneficioso para alcanzar ese consenso?

-Desde Baketik intentamos no hablar tanto de 'tipo de víctimas', menos aún de bandos, sino que hablamos de violación de derechos humanos. Si hablamos en estos términos ahí deberían de empezar a entrar todas, porque cuando marcamos bandos realimentamos esa teoría de guerra y de conflicto. Obviamente, no todas las violaciones de derechos humanos son equiparables y están en el mismo nivel, -no es lo mismo extorsionar que asesinar-, pero cualquier víctima de los dos grupos (ETA y los GAL, por ejemplo), tienen derecho a la memoria, al reconocimiento y a la reparación.

-¿Y es posible que en Euskadi exista una convivencia plena con posiciones, a priori, tan alejadas?

-Ha habido situaciones muy tensas que hicieron que la gente se posicionase en los extremos, pero en los últimos diez años ha habido un canal central que dijo que así no se podía seguir y que teníamos que intentar convivir juntos. Y ese el es gran reto: vivir juntos con pensamientos tan distintos.

-¿Qué condiciones hacen falta entonces para alcanzar la verdadera reconciliación?

-Es un proceso que supone algo tan sencillo, pero tan complicado de hacer, como aceptar y respetar al otro aunque sea diferente. Si se trabaja esto, ahí sí estaremos sembrando la auténtica semilla de la convivencia.

-¿Dentro de ese proceso de reconciliación también entran los encuentros entre víctimas y victimarios?

-La reconciliación afecta sobre todo a la sociedad, cargar encima de las víctimas este proceso es cargar sobre una mochila que está ya muy llena, y las víctimas tienen que ser las beneficiarias del proceso. Es cierto que contamos con personas que han dado el paso de reunirse con el asesino de su ser querido, y es muy beneficioso para la sociedad que lo hayan hecho, pero exigirles que den este tipo de pasos me parece irresponsable.

-¿Y cuánto tiempo cree que soportará la sociedad sin que ETA se desarme?

-Hay a gente que ya le da igual, y eso me preocupa. Un grupo terrorista como ETA, por mucho que hace cinco años tomase la decisión de cesar en su violencia, requiere más que unas palabras. Tenemos que darle un final ordenado y que el desarme de ETA no quede en puntos suspensivos. Ya han pasado años suficientes como para dar ese paso.

-Y en todos estos años, ¿cómo ha cambiado la sociedad vasca?

-Hace 10 años vivíamos en un ambiente de máxima tensión, con la presencia permanente de la violencia. Sin embargo, nadie en el escenario político actual puede decir que Euskadi no vive en un nuevo ciclo.

-¿Y le sorprenden situaciones que antes se asumían con normalidad y ahora son impensables de aceptar?

-Antes era habitual ver a gente que vivía perseguida y escoltada, y lo tomábamos como algo normal. Incluso veíamos a personas ensalzando que alguien fuese asesinado. Ver a alguien celebrando la muerte de un ser humano lo vivíamos como parte de nuestro contexto. Ahora, sin embargo, la gente ya abre los ojos, reflexiona y se pregunta: '¿En serio celebrábamos la muerte de alguien?'. Hoy en inconcebible alegrarse por algo malo que le pasa a otra persona, el problema es que es difícil decirlo en público, porque supondría reconocer que hicieron mal.

-Cinco años después las víctimas siguen esperando un perdón por parte de sus victimarios. ¿Sería suficiente para superar rencores?

-Tenemos muchísima gente esperando... Las víctimas de ETA y quienes hoy siguen sufriendo la legislación penitenciaria, sin equiparar situaciones. Sin embargo, creo que pedir perdón es un simulacro moral que no es real. Nadie quiere que le pidan perdón de manera obligada. Lo que tienen que hacer las personas que han cometido un delito es comprometerse a no volver a repetirlo. Esto sería mucho más constructivo.

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