Diario Vasco

Ayala: «El relato puede estar entreverado, pero sin falsedad»

  • Juan Mateo Ayala, Magistrado de la sección segunda de la Audiencia de Bizkaia

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José María Lidón era un «hombre del Renacimiento», un «cervantino» apasionado del Derecho que disfrutaba enseñándolo y aplicándolo, un «filósofo» que encontraba un aliciente en cada sentencia pero que era capaz, al tiempo, de dar respuesta a los dilemas penales con competencia y pragmatismo. Juan Mateo Ayala traza, con voz queda de admiración y la emoción llenándole los ojos, la semblanza de su amigo asesinado. El magistrado con el que comenzó a ejercer en 1991 en la sección segunda de la Audiencia vizcaína de la que también formaban parte María Jesús Erroba -fallecida de cáncer- y la secretaria Reyes San Emeterio. Eran «los mosqueteros», una piña que se arropó, acongojada en lo más profundo, en el hogar destrozado de los Lidón aquella mañana de hace 15 años. Ayala, que entonces trabajaba en el Cendoj de San Sebastián y viajaba allí todos los días con escolta porque su nombre ya había aparecido en papeles intervenidos a ETA, confirma que su amigo jamás se sintió en el punto de mira de los terroristas. «'Te has muerto para siempre', escribió Lorca en el 'Llanto por Ignacio Sánchez Mejías'», cita el juez de la Audiencia para explicar el enorme vacío que abrió el asesinato de Lidón. Una «injusticia irreparable» de la que Ayala se hace plenamente consciente cada vez que ve a la viuda jugar con sus nietos y a unos hijos «espectaculares». «Y todo porque unos decidieron que ya no tenía que estar más...», se duele, preguntándose, echando la vista atrás, cómo la sociedad fue capaz de soportar tanta crueldad. Por qué no «salió a la calle» antes.

No hay inquina ni rencor en sus palabras. Tampoco suficiencia alguna por haber podido con lo que muchos de sus conciudadanos ni siquiera aciertan a atisbar; años y años de acomodar la vida propia y la de la familia a los guardaespaldas para mantenerse a salvo. El «deber moral», para él, no consistía en «dar la cara», sino en estar a la altura de todos «los héroes» que, sobre todo en los pueblos, seguían ejerciendo sus responsabilidades en «un contexto más hostil» que el suyo. Pero también hubo un día en el que ya no pudo más: renunció a la escolta antes de que ETA anunciara su cese definitivo porque se le hacía insufrible, ya de regreso a Bilbao, caminar custodiado desde su domicilio hasta la Audiencia.

Atento a la paz en Colombia y partidario de acercar a los presos y de derogar la carga terrorista en los delitos de opinión, Ayala llama a batallar «contra el paso del tiempo» para que los crímenes sin juzgar no prescriban. «Me preocupan el olvido y la distorsión de la realidad. Savater dice que la Historia no es una ciencia exacta, pero que todo el mundo sabe que Bélgica no invadió Alemania. El relato puede estar entreverado, pero sin falsedad», zanja. Él continúa añorando a aquel amigo que gozaba de la vida y en cuyo despacho siempre se escuchaba música.

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