Diario Vasco

Ibarra: «Cada año vemos que seguimos vivos. Que nos sobrepusimos»

  • Juan Luis Ibarra, Presidente del Tribunal Superior de Justicia del País Vasco

«¡Ay! Menos mal, menos mal que no has sido tú». Mientras escuchaba, estremecido, en la radio que ETA había asesinado a uno de sus compañeros, Juan Luis Ibarra recibió la llamada horrorizada de un amigo que, con el corazón en un puño, rezaba para que ese juez tiroteado en Getxo no fuera él. No fue el único al que aquel amanecer se le vino a la cabeza la imagen de Ibarra, por su compromiso cívico, por su significación judicial, porque llevaba ya más un lustro teniendo que ejercer con escolta. Días después del asesinato de Lidón, el conjunto de la Magistratura y de la Fiscalía en Euskadi y Navarra se convirtió en la única de Europa en vivir bajo custodia. «Todos los jueces teníamos un arma al lado», relata con simplicidad conmovedora el hoy presidente del TSJPV, que se describe a sí mismo como un hombre «tirando a miedoso» que siempre le regañaba a Grande-Marlaska, amenazado como él, porque se empeñaba en sacar al perro. Se empeñaba en que ETA no le hurtara la libertad.

«Teníamos consciencia del riesgo, pero lo rechazábamos». Poco antes del crimen, en una de las contadas reuniones que se celebraban en aquellos años sobre seguridad con jueces y fiscales, un comisario de la Ertzaintza negó que existieran datos que apuntaran a un peligro cierto para el colectivo. Escuchando a Ibarra y conociendo ese tiempo lúgubre, la Judicatura se asemejaba al ejército de Pancho Villa frente a la maquinaria de matar que encarnaba ETA. El responsable del TSJPV sonríe con un humor negrísimo al rememorar cómo el antiguo presidente de la Sala de lo Contencioso, Enrique Torres, decidió, a modo de autoprotección, que solo él abriría los paquetes que llegaban. «O sea que si algo estallaba, le estallaba a Enrique. Le calamos pronto».

El asesinato de Lidón lo cambió todo. Ibarra recuerda vívidamente el rearme moral de sus compañeros para organizar el velatorio y prometer que juzgarían a los homicidas con sentido del Derecho y sin venganza. También «las escenas de pánico» y el temor a la desbandada. El sufrimiento inenarrable de la familia que no quería un funeral de Estado. Las exequias bajo un aguacero «terrible». La falta de tacto hacia la viuda de la Presidencia del Poder Judicial... Tras haber sido descalificados por Xabier Arzalluz como «jueces de fuera», tras el hostigamiento sostenido de la izquierda abertzale, tras tener que asumir lo que «significaba el liberticidio», Ibarra reivindica una «Justicia memorial» y legitimada, firmemente comprometida con la resolución de todos los casos pendientes. Y deja una verdad escalofriante: la seguridad «funcionó» porque no hubo que llorar más asesinatos después de Lidón. «Cada año le homenajeamos y no solo comprobamos que seguimos vivos. También que le debemos mucho a la experiencia de haber sido dañados y habernos sobrepuesto».

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