Diario Vasco

El triángulo de la gobernabilidad

Urkullu y Rajoy, durante uno de los últimos encuentros públicos que han mantenido en la Moncloa.
Urkullu y Rajoy, durante uno de los últimos encuentros públicos que han mantenido en la Moncloa. / ANDREA COMAS / REUTERS
  • Los jeltzales esperan otro talante de Rajoy, el PP ofrece diálogo mientras en Euskadi afilan el diente en la oposición, y el PSE se reubica con ambos

  • El PNV y el PSE en Euskadi y el PP en Madrid están abocados a gestionar sus recelos para entenderse

Los diez meses que ha costado constituir el Gobierno han provocado que la legislatura estatal discurra en paralelo a la que Euskadi también acaba de arrancar. El PP en Madrid y, posiblemente, el PNV y el PSE en Euskadi ocuparán los vértices del triángulo de una gobernabilidad que se entrecruzará de forma irremediable entre ambos lados del Ebro y que exigirá voluntad de los tres interlocutores principales para aparcar los recelosmutuos que han alimentado en los últimos años.

En el eje Euskadi-Madrid, los jeltzales esperan un cambio de paradigma y de talante en la nueva fase de diálogo que confían abrir con el gabinete, ahora en minoría, de Mariano Rajoy. Pero el peso parlamentario de sus cinco escaños ya no es el que era. Y aunque se saben menos decisivos -también en el Congreso podría ser cuestión de un voto- no desaprovecharán, advierten, las oportunidades que se presenten para desempolvar esa «agenda vasca» a la que el presidente del PP aseguran que ha hecho caso omiso durante cuatro años, pese a las numerosas copias que tiene de la misma en la Moncloa. El lehendakari Iñigo Urkullu se la llevó y se la explicó detenidamente hasta en tres ocasiones. Pero las tres visitas terminaron con silencio administrativo. Y el inicial optimismo de Urkullu se desplomó en caída libre hasta llegar a la cota cero del 'no hay nada que hacer' ante esa mayoría absoluta. Ahora las cosas cambiarán, o eso esperan en Sabin Etxea y en Lehendakaritza, donde no se descarta en los próximos meses un nuevo viaje del presidente vasco a Madrid para entregar otra copia actualizada de sus reivindicaciones.

El PNV siempre ha reconocido que su juego allí depende en gran medida de la minoría parlamentaria del gobierno de turno y del «interés» mutuo por negociar algún 'precio justo' a cambio de sacar adelante Presupuestos, leyes o iniciativas que le sean vedadas por el resto de la Cámara. Y, en esta ocasión, no será diferente. Los jeltzales son expertos en ese canje. Pero ahora, han advertido durante el último debate de investidura, ya no se conformarán con el tradicional 'transferencias o inversiones a cambio de votos', sino que buscarán -sin renunciar a lo 'material'- un compromiso más amplio, o profundo, de «respeto a las decisiones e instituciones vascas».

De momento, no han observado -denuncian- ese giro «radical» en la actitud de Rajoy para con sus reivindicaciones. Y los últimos recursos competenciales -«diez mientras el PP está en funciones»- contra leyes vascas no ayudan, insisten. Pero aunque su juego inicial será «para frenarles» en su trayectoria política, no van a tirar la toalla y esperarán a comprobar si Rajoy realmente se gana su confianza para virar hacia el acuerdo, como prometió intentar hace unos días. Los jeltzales asumen que en política nada es gratis y que los acuerdos son, en la mayoría de ocasiones, fruto de «la pura necesidad». Por eso, justifican, se entendieron con el PP en mandatos anteriores al de Rajoy, aunque con él también en el gabinete y como interlocutor con Balza o un Ibarretxe que -cuentan- se «atornillaba» a la silla de negociación. Y, después, establecieron con el PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero una fructífera vía de comunicación que sirvió para reducir buena parte de la lista de 'debes' escrita en la mencionada «agenda» jeltzale. En aquella última legislatura socialista, el PNV y sus seis escaños arrancaron transferencias e inversiones para Euskadi, mientras ejercían una férrea oposición a Patxi López en Vitoria, pero además fueron cómplices con el Gobierno central en una estrategia que desembocó en el final definitivo de ETA. El broche político de aquel mandato.

Entonces, se lamentan en el PNV, se paró el reloj. Y cinco años después esperan que se cambie la pila y se reactiven unas negociaciones que tienen el Cupo, la política penitenciaria o la actualización del autogobierno vasco como puntos más críticos. El PNV está decidido a «jugar el partido» en Madrid y a hacerlo, llegue o no en las próximas semanas a un acuerdo de coalición con el PSE para gobernar Euskadi.

Interés general

Los dos potenciales socios desligan una relación de la otra, y no pronostican tensiones por la posición que los jeltzales puedan adoptar ante el Gobierno de Rajoy. Los socialistas vascos, de hecho, también deberán reconducir su animadversión política hacia «el PP de los recortes y la corrupción» después de haber sido una de las federaciones más reticentes a la abstención decidida por el comité federal. Y al final, defienden los jeltzales, los dos aliados en ciernes irían de la mano si de lo que se trata es de defender el «interés y la política del Gobierno Vasco» ante el central.

Las tensiones entre los actores de esa negociación que avanza discretamente en Euskadi llegarán probablemente desde dentro de la propia CAV. El juego parlamentario al que estarán igualmente expuestos los jeltzales y los socialistas, siempre en caso de acuerdo, por la falta de ese escaño para la mayoría absoluta les obligará a mirar a izquierda o a derecha, a EH Bildu o al PP, si quieren evitar portazos en la Cámara. El primero, a los Presupuestos de 2017, que será la primera gran tarea del nuevo Gobierno que arranque a partir de diciembre, tras la previsible investidura que se celebrará en torno al 24 de noviembre.

Para ocupar ese tercer vértice de la gobernabilidad vasca, el Ejecutivo tiene a dos inquilinos interesados. Uno, EH Bildu, con quien los jeltzales mantendrán una vía de negociación abierta para lo que ambos denominan «grandes acuerdos de país», en alusión sobre todo al empleo, la pacificación o el autogobierno. Y el segundo, los populares liderados por un Alfonso Alonso dispuesto a dar batalla en la Cámara vasca y a inclinar la gestión gubernamental hacia su bancada, intentando aprovechar las posibles conexiones que se establezcan con Madrid.

El PNV, y en su caso el PSE, procurarán dejar un pacto «lo suficientemente cerrado como para evitar problemas interpretativos» en la gestión de esta endiablada triangulación. Pero ambos, cada uno por su lado, deberán resituarse también políticamente ante dos nuevos escenarios de gobernabilidad, con protagonistas repetidos al mando de cada nave aunque con opciones mucho más abiertas que los anteriores, en los que la interacción será obligada. Es el momento de demostrar si esa geometría variable es tan flexible como para garantizar durante cuatro años que ninguna de las dos figuras se rompa.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate