Diario Vasco

La falta de mayoría absoluta del pacto PNV-PSE provoca obstáculos en la negociación

Idoia Mendia y Andoni Ortuzar, en un encuentro en verano de este año.
Idoia Mendia y Andoni Ortuzar, en un encuentro en verano de este año. / EFE/ BALLESTEROS
  • Cuando llegue el momento de aprobar las cuentas vascas de 2017, ambos partidos deberán decantarse por EH Bildu o el PP para negociar

  • La necesidad de un tercer partido para aprobar leyes como los presupuestos complica cualquier acuerdo de gobierno

Al final, el baile del escaño 29 del PNV que se produjo en los días posteriores a las autonómicas del 25-S, y que acabó cayendo del lado de EH Bildu, puede resultar determinante a lo largo de toda la legislatura. Aquel cambio de escaño sobre la bocina privó al partido de Iñigo Urkullu de una posición de fuerza que le permitía alcanzar una mayoría absoluta con cualquier partido de la oposición: EH Bildu, Elkarrekin Podemos, PSE o PP. Sus 28 escaños actuales, por contra, dejan al PNV a un escaño de la mayoría absoluta en cualquier acuerdo que alcance con PSE o PP, que tienen nueve parlamentarios cada uno, lo que se ha convertido en un obstáculo en la negociación que los jeltzales mantienen abierta con los socialistas para alcanzar un acuerdo de gobernabilidad.

La versión oficial del PNV y el PSE es que los contactos se están desarrollando sin atender demasiado a un dato, el de la ausencia de una mayoría absoluta, que ya se conocía desde el inicio de la negociación. No obstante, según fuentes cercanas a las reuniones entre jeltzales y socialistas, esa circunstancia se ha convertido en una traba a la hora de abordar la plasmación de algunas políticas en un texto consensuado. La razón es simple: sobre la negociación planea la certeza de que cualquier iniciativa que se lleve al Parlamento requerirá del respaldo de al menos un partido más de la oposición, por lo que es inevitable que algunas cuestiones queden abiertas, al albur de futuras negociaciones con otras formaciones.

Este obstáculo se presentará en todo su esplendor en la negociación de los presupuestos vascos para 2017, el primer gran reto al que se enfrentará el próximo Gobierno de Urkullu, ya sea de coalición con el PSE o en solitario. Por las fechas en las que se va a constituir el nuevo Ejecutivo vasco, a finales de este mes, el primer trimestre de 2017 se funcionará con un presupuesto prorrogado; pero la intención es que, para la primavera, el Parlamento dé el visto bueno a unas cuentas actualizadas. Si un hipotético pacto PNV-PSE sumase mayoría absoluta, la aprobación de los presupuestos sería un trámite. En las condiciones actuales, la necesidad de sumar al menos a un partido más se presenta como un contratiempo que se ha dejado notar en las negociaciones, aunque sea como proyección de futuro de un problema que ambas partes saben que llegará.

Ese contratiempo tiene una única salida: PNV y PSE deberán negociar con EH Bildu o el PP para que uno de ellos apoye los presupuestos o al menos se abstenga en la votación. También podrían hacerlo con Elkarrekin Podemos, pero la formación morada es la que más perfil de oposición ha marcado hasta el momento en el Parlamento, cerrándose a cualquier acuerdo con el PNV, por lo que parece complicado que pudiera apoyar los presupuestos de Urkullu.

El mayor problema de esa aritmética es que abre el abanico de los pactos hasta los dos extremos del Parlamento que representan EH Bildu y PP, por lo que el futuro Gobierno tendrá que decantarse por uno u otro. Fuentes conocedoras de la negociación entre jeltzales y socialistas aseguran que la aprobación de los presupuestos es una cuestión capital en cualquier acuerdo de gobernabilidad, por lo que ambos partidos deberían mostrar una misma implicación en la negociación de los mismos. «Si hay que buscar el apoyo del PP, por ejemplo, el PSE no podría desmarcarse de la negociación para que el PNV asumiera todo el coste», explica un dirigente jeltzale. «Nosotros no tendríamos problemas en negociar con un tercero si alcanzamos un pacto de gobierno con el PNV», replica una fuente socialista. Un tira y afloja que ha generado algunas fricciones en la negociación de las últimas semanas entre ambos partidos.

Urkullu ya se vio obligado a retirar los presupuestos en su primer año de Gobierno por falta de apoyos y es un trance por el que no quiere pasar otra vez en esta legislatura. La pasada, ese riesgo se evitó en cuanto PNV y PSE firmaron un pacto de país en 2013, pero entonces ambos partidos sumaban una mayoría absoluta de la que ahora carecen. Por eso el de las cuentas es un tema clave para los jeltzales en la negociación con los socialistas. Si algo busca Urkullu con ese pacto es una estabilidad para su Gobierno, un objetivo que sólo se cumpliría si se garantiza que Euskadi contará con presupuestos actualizados en los próximos cuatro años.

El resto, a la espera

Mientras PNV y PSE contrastan sus programas para explorar un acuerdo de gobierno, el resto de los partidos se mantienen a la espera sin mostrar sus cartas. La negociación pura y dura de los presupuestos no llegará hasta dentro de tres meses, por lo que no tienen ninguna necesidad de adelantar sus intenciones. El portavoz de EH Bildu, Arnaldo Otegi, advirtió el viernes al PNV que un apoyo de su coalición a los presupuestos sólo sería posible si se produce «un viraje a la izquierda de las políticas del Gobierno», pero fuentes soberanistas admiten al mismo tiempo que ese apoyo sería muy complicado si acaba fructificando el pacto del PNV con el PSE. Entre otras cosas, porque EH Bildu es el principal partido de la oposición y, si aprobase las cuentas de un ejecutivo de PNV y PSE, dejaría el camino libre para que Elkarrekin Podemos se erigiese en el único partido que hace oposición al Gobierno por la izquierda.

Si EH Bildu se desmarcara de la aprobación de los presupuestos o pusiera unas condiciones inasumibles a un hipotético Gobierno de PNV y PSE, el protagonismo podría recaer en el PP vasco, que se vería con la llave para aprobar las cuentas. Fuentes populares señalan prudentes que «primero habría que ver los presupuestos que presentan», pero advierten también que «por el momento nos han orillado un poco, por lo que la actitud del PNV con nosotros tendría que cambiar si pretenden llegar a algún tipo de acuerdo».

Aunque tanto PNV como PP aseguran públicamente que no entrarán en un «cambio de cromos», no se puede pasar por alto la situación de necesidad en la que también estará el Gobierno del PP en el Congreso en esta legislatura. De hecho, si se establece un paralelismo, el PNV podría necesitar los votos del PP en el Parlamento Vasco de la misma forma que Rajoy podría requerir los cinco votos jeltzales en el Congreso para aprobar los presupuestos del Estado. Una necesidad mutua que en muchas ocasiones ha solido fructificar en un acuerdo cruzado, por mucho que los partidos repitan hasta la saciedad que no se trata del famoso «cambio de cromos».

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