Diario Vasco

El Gobierno Vasco confía en que el nuevo equipo de Rajoy engrase el diálogo

El portavoz del PNV, Aitor Esteban, felicita a Rajoy tras su investidura ante la presencia de Sáenz de Santamaría.
El portavoz del PNV, Aitor Esteban, felicita a Rajoy tras su investidura ante la presencia de Sáenz de Santamaría. / AFP
  • Los jeltzales no apuntan nombres, pero sí recomiendan un gabinete con más visión política que propicie acuerdos

  • Sáenz de Santamaría y Cospedal, dos de las posibles ministras, han sido el enlace con el PNV

«A ningún presidente le gusta remover demasiado a su equipo», comparte como tesis una persona próxima a esos ámbitos de decisión. Pero en vísperas de que Mariano Rajoy comunique la composición de su nuevo gabinete, las especulaciones se disparan y la expectación sobre qué perfil tendrán los nuevos ministros se traslada también a Euskadi. En el Ejecutivo de Iñigo Urkullu, sumido también -suponemos- en un proceso de reflexión similar, no entran ni salen de una decisión que, también aquí, su jefe de equipo lleva con máxima discreción. Y además, más allá de la curiosidad por conocer quiénes serán a partir de ahora sus interlocutores, en las filas jeltzales restan trascendencia al carácter o la sintonía personal que tengan con esos nuevos rostros para propiciar la etapa de entendimiento y acuerdos que los jeltzales esperan que se abra con la llegada de un gobierno en minoría. No es cuestión de carácter, argumentan, es cuestión de qué estrategia política instaure el presidente. Y ahora, destacan los jeltzales, cualquier cambio de rumbo será fruto de la «pura necesidad» numérica.

Dentro de esa lógica utilitarista, no obstante, siempre hay perfiles que ayudan a la distensión, políticos con más capacidad de diálogo o de empatía que otros. Y ahí la palmadita en la espalda con la que Soraya Sáenz de Santamaría agradeció a Aitor Esteban su felicitación al recién investido presidente, tras la votación del sábado, deja entrever unas relaciones labradas durante años, pese a la escasez de frutos cosechados en la última legislatura -recalcan una y otra vez en la bancada nacionalista-. «Nos conocemos bien, pero para mal», marcan distancia desde Sabin Etxea, intentando restar importancia a esa imagen de distensión y al discurso de aproximación que se observó en el hemiciclo entre «el grano» de Esteban y el «tractor» de Rajoy.

Pero ese conocimiento mutuo, pese a la improductiva cosecha que denuncian los jeltzales, puede servir de abono para el futuro. La vicepresidenta en funciones fue interlocutora principal con Sabin Etxea, con el partido, durante la primera etapa del mandato de Rajoy. El punto de inflexión fue la crisis abierta por la decisión del PNV de desalojar a Javier Maroto del Ayuntamiento de Vitoria, en junio de 2015. A partir de ahí, aseguran las fuentes consultadas, el diálogo con Sáenz de Santamaría se trasladó a María Dolores de Cospedal, la línea de comunicación lógica entre partidos. Pero para entonces la relación había caído ya muchos enteros.

Ambos nombres son dos de los fijos en las quinielas del gabinete que se conocerá mañana. En esa construcción ministerial que proyecta Rajoy, algunas informaciones sitúan a la todavía vicepresidenta en funciones como el enlace gubernamental con las comunidades. Es decir, el enlace con la Cataluña que avanza sin miramientos hacia la independencia, con las comunidades que exigen una reforma de la financiación, y con la Euskadi que tiene pendiente desde hace años, por ejemplo, la liquidación del Cupo. La posible disgregación en dos del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas de Cristóbal Montoro podría dejar en manos de Sáenz de Santamaría buena parte de esa ardua misión de engrasar el diálogo y la empatía de la que ha adolecido, según sus oponentes, el PP de la mayoría absoluta.

En el caso vasco, la necesidad de apoyos que los populares ya vislumbraron tras las primeras generales empezó a hacerse virtud el pasado diciembre. Y según las fuentes consultadas, por aquellas fechas hasta el propio Rajoy volvió a implicarse en un diálogo venido tanto en el flanco partidario como en el institucional. Los jeltzales enmarcan los gestos públicos de distensión en la mera «cortesía o educación», e insisten en que si en el futuro hay algo más el presidente y los suyos deberán demostrarlo con «hechos», con ese «cambio radical de 180 grados» que les exigen para con las reivindicaciones del Gobierno Vasco.

El lehendakari, aún por configurar un gabinete probablemente más amplio si entran en él los socialistas, volverá a llamar en los próximos meses a la puerta de la Moncloa con su «agenda vasca». Pero en el PNV no quieren esperar tanto para comprobar si Rajoy efectivamente va a desplegar ese otro talante que promete. Los Presupuestos Generales del Estado serán la prueba de fuego. Y el proyecto debe ser inminente, recuerdan desde las filas nacionalistas, donde prefieren no acotar con plazos la extinción del nuevo margen de confianza dispensado, pero advierten que ni será infinito ni se ganará solo con lo de antes. Es decir, con el trueque de unos votos, en este caso cinco, a cambio de alguna inversión o de algún avance en las 24 competencias aún pendientes.

Cintura política

Según demandó Esteban tras la sesión de investidura, el nuevo Ejecutivo del PP debería contar con «personas imaginativas» que construyan soluciones a los problemas enquistados. Y en lo que se refiere a Euskadi, según los nacionalistas, hay unos cuantos. Empezando por la negociación del Cupo, en la que ambas administraciones arrastran un desfase creciente de millones, la llegada del TAV a las capitales vascas -que Rajoy insistió que será en 2019-, o la conflictividad competencial recrudecida esta última legislatura hasta llegar a los 39 litigios abiertos en este momento.

El presidente, en público y en privado, ha afeado al PNV que «exagere» sus reproches contra ellos cuando -según vino a decir en el debate- tampoco es para tanto y hay 'cosas positivas' en su relación institucional. Pero esas 'cosas' son tan inapreciables de momento para el PNV, que de cara a ese nuevo gabinete recomiendan un equipo con más cintura política en lugar de un «ejército de funcionarios y abogados del Estado» que se limiten a aplicar estrictamente la ley.

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