Diario Vasco
Fernando Garrido, en una imagen en San Sebastián.
Fernando Garrido, en una imagen en San Sebastián. / UNANUE

Fernando Garrido: «Vivir con odio es malo para la salud y no te deja avanzar»

  • Hijo del gobernador militar de Gipuzkoa asesinado por ETA junto a su madre y un hermano en 1986 asegura, en el 30 aniversario del triple crimen, que son los políticos «los que deben hacer bien las cosas en materia de paz»

Fernando Garrido tenía 28 años cuando se quedó huérfano. También sin uno de sus hermanos, que viajaba con sus padres y que entonces tenía 21 años y estudiaba Magisterio. Fue en San Sebastián, el 25 de octubre de 1986. Dos terroristas se acercaron en moto a colocar una bomba en el coche oficial del gobernador militar de Gipuzkoa, Rafael Garrido, que salía de viaje acompañado por su mujer, uno de sus seis hijos y el chófer. Los tres miembros de la familia murieron, igual que María José Teixeira, una inmigrante portuguesa de 35 años afectada por la onda expansiva. El chófer salvó milagrosamente su vida. Hace unos días, este guía de montaña de 58 años regresó una vez más a San Sebastián con una de sus hermanas y sus tíos donostiarras para asistir al Concurso de Hípica General Garrido, un evento que nació en memoria de su padre. «Siempre venimos este día», aseguró Fernando Garrido ayer a este periódico.

-Se cumplen 30 años de los asesinatos de sus padres y su hermano. ¿Cómo recuerda aquel día?

-Yo ya era guía de montaña y vivía en Jaca. Estaba pasando unos días de vacaciones en San Sebastián junto a mis padres y estuve a punto de subirme a aquel coche, aunque en el último momento cambié de opinión. Acababa de volver del Aconcagua y ese día toda mi familia, muy aficionada a la montaña, íbamos de excursión al Pirineo navarro. Oí el bombazo y salí corriendo de casa. Lo vi todo. Fue terrible.

-¿Sus padres sentían miedo viviendo en San Sebastián en aquellos años de plomo?

-No, y tampoco vivían condicionados por el peligro. Mi padre era una persona excepcionalmente abierta y querida. Estaba aprendiendo euskera porque quería integrarse en San Sebastián. Era alguien muy especial. Me quedé en estado de shock.

-¿El tiempo cura el dolor?

-A mí me gusta decir que lo dulcifica. Al principio es insufrible, aunque es verdad que el tiempo lo va suavizando. Pero además no recuerdo bien aquellos momentos. Tampoco quiero. La familia intenta no pensar en ello. La memoria es selectiva y procura no guardar lo malo. La cabeza trata de olvidar algo tan terrible. Aunque por supuesto que les recordamos y no les olvidamos. Pero pensamos en los buenos momentos. En los que estábamos todos juntos y felices. Como una familia normal.

-¿Y cómo recuerdan a sus padres y a su hermano en el 30 aniversario de sus asesinatos?

-Sí, ayer se cumplió el 30 aniversario y ni lo comentamos. Lo que sí hacemos es reunirnos toda la familia, a veces hasta cuarenta personas, en torno a esta fecha. Nada más. No es que nos propusiéramos hacerlo así, es que con el tiempo fue surgiendo de esta manera. Y durante una temporada nos costó volver al País Vasco, nos resultaba demasiado duro. Sin embargo, con el paso del tiempo hemos regresado a San Sebastián. Sin ir más lejos, la semana pasada vinimos una hermana y yo al concurso de hípica General Garrido.

-Se acaban de cumplir cinco años sin ETA. ¿Qué balance hace del recorrido realizado en este tiempo en materia de paz y convivencia?

-Lo que está claro es que la situación ha cambiado muchísimo. Vivimos mejor. La gente está más tranquila. Pero todos. Yo creo que no puede haber nadie que piense lo contrario. ¡Ojalá no se vuelva a repetir! Pienso que la sociedad no aceptaría una vuelta atrás. Por mucho que una parte de la sociedad piense de una manera y otra, lo contrario, ¿quién querría volver a ese terrorismo, a esos años terribles de asesinatos? Es que ahora se puede andar por la calle. Y sin miedo.

-Usted siempre ha defendido una empatía entre las víctimas de todo tipo de terrorismo...

-Yo tuve la suerte de participar en la experiencia Glencree, una iniciativa de encuentro y debate entre víctimas de diversos terrorismos y violencias habidas en Euskadi. A mí me lo propusieron y yo acepté. Fue una cosa muy positiva, que mereció la pena, y la sociedad vio que sirvió para algo. Personalmente fue muy enriquecedora y durísima a la vez. Me permitió ver el sufrimiento vivido en el «otro lado». Supuso remover sentimientos frente a unos desconocidos entonces, cada uno con su historia. Y nos hizo ver que el odio no sirve para nada. Creo que desde el punto de vista social aportó un granito de arena a la convivencia.

-¿Y cómo se aprende a vivir sin odio y sin rencor?

-Hay que tratar de superarlo, pero sin olvidar. No se puede quedar uno anclado en el odio. Claro que nosotros sentimos asco y repulsa por aquellos terroristas que rompieron nuestra familia y nos provocaron aquel dolor insoportable. Pero nunca hemos odiado. El odio te impide vivir. Al final es cuestión de supervivencia. Vivir con venganza es malo para la salud porque el odio genera más odio y no te deja seguir adelante.

-¿Cuáles deberían ser las prioridades en tema de paz y víctimas del terrorismo en la nueva legislatura?

-Los políticos son los que deben saber hacer bien las cosas. Todo lo que sirva para una mejor convivencia, bienvenido sea. Pero lo importante es construir un relato, una memoria de lo que ocurrió para no olvidarlo y que no se repita.

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