Diario Vasco

El Parlamento evidencia desde su arranque la exigencia de acuerdos más allá del eje PNV-PSE

El lehendakari en funciones Iñigo Urkullu deposita su voto en la urna ante la popular Bengoechea, durante la elección de la Mesa.
El lehendakari en funciones Iñigo Urkullu deposita su voto en la urna ante la popular Bengoechea, durante la elección de la Mesa. / IGOR AIZPURU
  • La ausencia de mayorías absolutas en el nuevo hemiciclo provocó el primer baile de votos entre los partidos para designar al órgano de gobierno de la Cámara

  • Tejeria repite en la presidencia de la Mesa tras un pleno en el que el PP reflejó su malestar por quedarse fuera

37 frente a 38. Ese resultado en el marcador del nuevo Parlamento Vasco va a condicionar la legislatura que ayer echó a andar con la vista puesta en la negociación entre PNV y PSE para formar Gobierno. Aquel escaño que los jeltzales se dejaron a última hora en Bizkaia a favor de EH Bildu condicionará, haya o no coalición de por medio, un mandato en el que cualquier paso legislativo requerirá, en muchas ocasiones, de la confluencia de más de dos fuerzas para alcanzar los 38 votos de la mayoría absoluta. La dinámica se experimentó ya en la primera votación de la undécima legislatura. La que pretendía aupar en primera vuelta a Bakartxo Tejeria como presidenta de la Cámara. La candidata del PNV, la única propuesta en la sesión constitutiva, tuvo que esperar a otra ronda de votaciones para ser designada con los 28 votos de su grupo y los 9 del PSE. Era el primer gesto de proximidad público entre los dos partidos que buscan, en privado, una alianza para la gobernabilidad de Euskadi. Pero su voluntad de entendimiento político no será suficiente para garantizar esa estabilidad institucional. Siempre les faltará uno.

Tejeria no necesitó, en segunda vuelta, ese voto -le bastaba con la mayoría simple-. Pero en la tercera votación, en la que se repartieron las secretarías, EH Bildu cedió uno de los suyos para garantizar que el jeltzale Iñigo Iturrate se hiciera con la primera, después de que los nacionalistas les dieran 9 de los suyos unos minutos antes para que la aspirante de la coalición Eva Blanco se quedara con la primera vicepresidencia. El baile de votos se debía a que nadie quería arriesgar los cinco asientos que se habían repartido entre las cuatro primeras fuerzas parlamentarias. Y la incertidumbre por si el que quedó fuera, el PP, se revolvía en alguna votación y alteraba los planes del resto con sus nueve votos, llevó a amarrar cada posición, que finalmente quedó como estaba previsto. Tejeria, Blanco, el socialista Txarli Prieto en la vicepresidencia segunda, Iturrate como secretario primero y la candidata de Elkarrekin Podemos, Cristina Macazaga, en la segunda secretaría. «La democracia es lenta, pero es apasionante», distendió entre tanta votación -cuatro por llamamiento uno a uno para depositar papeleta en urna- el que se erigió como otro protagonista de este pleno, el presidente de la mesa de edad, Juan Luis Uria, de Elkarrekin Podemos.

El miembro de más edad en un hemiciclo que, a sus 64 años, juzgó «inmensamente joven» tuvo que encarar, sin preverlo, el primer aviso a navegantes que los populares lanzaron. Ya lo había advertido Alfonso Alonso: la decisión del PNV de no cederles una secretaría traería «consecuencias». Y aunque su gesto de ayer, pedir sin éxito que los electos acataran la Constitución en cumplimiento del «artículo 108.8 de la ley orgánica de régimen electoral» (estatal) se quedó en una llamada de atención, sí sirvió para argumentar que fueron el PNV (con un representante en la mesa de edad, y la coalición de Pili Zabala, con tres) quienes impidieron cumplir esa petición, inédita en una sesión de constitución de la Cámara. «La Mesa ha votado -previa consulta al letrado mayor- y por mayoría absoluta (cuatro frente a la popular Juana de Bengoechea) se ha decidido que no procede», respondió Uria a Sémper. «Le agradecemos su aportación».

Solventado el imprevisto, Uria, Bengoechea y el resto de la mesa provisional cedieron el asiento a los recién elegidos miembros de la Mesa. Y a su presidenta, que abrió el nuevo curso con una llamada al «diálogo, a la palabra y al acuerdo», tanto a los que estrenan escaño como a los veteranos, para afrontar los retos que tiene Euskadi en los próximos cuatro años.

Autogobierno y convivencia

Tejeria identificó esos desafíos en tres ejes. El primero, el económico, para «salir fortalecidos de la grave crisis y cimentar nuestro tejido productivo para ser más competitivos con empleo de calidad». Unido a esa recuperación, la presidenta alentó para «fortalecer el sistema de bienestar social que entre todos y todas hemos construido» para dejar «a las generaciones futuras una sociedad sustentada en la justicia social».

En segundo lugar, habló de la paz y se refirió, de forma indirecta, a la infructuosa ponencia que apenas llegó a trabajar en la legislatura anterior. «Debemos acordar unas bases que garanticen que no se repitan ni la violencia ni el sufrimiento injusto que tantas personas y el pueblo vasco hemos padecido durante años», dijo. Porque el nuevo tiempo abierto hace cinco años tras el cese definitivo de ETA -continuó- exigen asentar la paz y convivencia «en el reconocimiento de la injusticia de la violencia, del daño causado y de la dignidad de todas las víctimas, merecedoras del derecho a la verdad, la justicia y la reparación».

Y el tercer reto, tal y como el PNV los estructura en su programa de Gobierno y el lehendakari en funciones Iñigo Urkullu lo dividió en su primer mandato, es el del autogobierno. Tejeria consideró «un requisito» avanzar y «culminar» en los próximos años la actualización del marco jurídico-político vasco, cuyo debate comenzó la pasada legislatura. Y defendió, en sintonía con la propuesta de su partido, hacerlo «sin más límite que la voluntad de la ciudadanía vasca libre y democráticamente expresada».

Ese será uno de los debates más espinosos de la legislatura, o eso pretenden el PNV, EH Bildu, Elkarrekin Podemos o el PSE, que ven inaplazable -con distinto grado de intensidad- la actualización del autogobierno, pero el día a día de la actividad legislativa también se presenta apasionante. La posible alianza de gobierno entre jeltzales y socialistas, para la que Mendia ve «mimbres», no garantiza los 38. El número mágico para el que necesitarán un apoyo de EH Bildu, de Elkarrekin Podemos o del PP. Empieza el juego.

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