Diario Vasco
«Mis hijos sabrán por qué se homenajea a su aitona»
/ LOBO ALTUNA

Elespe: «Mis hijos sabrán por qué se homenajea a su aitona»

  • JOSU ELESPE, HIJO DE FROILÁN ELESPE

Hay «un antes y un después» en la vida de Josu Elespe. Lo marcó aquel 20 de marzo de 2001. «Me creía muy hombre con 25 años, pero era un niño. El asesinato de mi padre me hizo madurar de golpe», expresa. Froilán Elespe, primer teniente de alcalde del PSE en Lasarte-Oria, se encontraba tomando un aperitivo en la barra del bar Sasoeta, en la plaza Urko, cuando un etarra entró en el establecimiento y le descerrajó dos disparos en la cabeza. Tenía cincuenta y cuatro años, mujer y dos hijos.

La mañana del atentado Josu salió de casa para ir a trabajar en Ataun sin despedirse de su padre. «Estaba en la ducha y tenía prisa». Pasadas las tres menos cuarto de la tarde le sonó el móvil. Era un amigo. «Me dijo que había pasado algo en Lasarte, pero que no sabía nada más», evoca. Llamó en tres ocasiones a su casa. Sin éxito. Hasta que otro amigo le confirmó la trágica noticia. Cogió el coche y puso rumbo a casa. Se encontró su domicilio familiar «repleto de gente». Su hermano mayor estaba en Escocia, así que le tocó «coger las riendas» de la situación. «La inmensa tristeza, la rabia, la ira y el rencor eran para mí sentimientos desconocidos hasta entonces. Pero desde el momento en el que recibes la llamada, dejas de ser tú. Y cuando ves que tu padre no regresa a casa, la vida pierde la inocencia y la noche se hace de repente», se sincera.

Josu reconoce que lo suyo ha sido «un proceso de años». «Escuchar a gente que justificaba el atentado, ver pancartas y que ETA siguiera matando te impedían seguir adelante», señala. Al año del asesinato de su padre, los Elespe dejaron Lasarte-Oria y trasladaron su residencia a San Sebastián. Una decisión que a día de hoy considera que fue «la acertada». «Todo eran recuerdos».

El cese de ETA llegó para Elespe cuando «el mal ya estaba hecho». «Vino a ratificar la inutilidad de cada asesinato», añade. «Luego, sientes alegría porque nadie va a pasar por lo mismo que hemos pasado nosotros; por los amenazados y por los posibles objetivos». La situación actual, asegura, «es incomparablemente mejor. ETA ya no mata ni pinta nada, aunque no se disuelva». El problema, advierte, es que tiene la «sensación de que la sociedad está no solo pasando página, sino, literalmente, arrancando las páginas». «No quiere involucrarse en la construcción de la convivencia. Si entonces, cuando se asesinaba, la respuesta ya fue tibia, ahora vuelve a serlo», reprocha.

«Alimentaron el monstruo»

«No sé a quién le escuché decir: 'El terrorismo de ETA ha desaparecido para todos, menos para ETA'. Y eso está siendo una realidad», apunta. A Josu le preocupa qué relato prevalezca. «Ahora escucho cosas que no me gustan nada», reconoce. Considera «innegable» que la izquierda abertzale «ha dado pasos». Aunque, según critica, «amagan, pero no acaban de decir lo que la sociedad vasca requiere». «Queda una autocrítica real por su parte, que hagan una valoración ética de lo que hizo ETA y de lo que hicieron ellos para facilitarlo».

Josu ve «necesario insistir en esa exigencia». De lo contrario, alerta, «no van a hacer nada y buscarán ese empate con la teoría del conflicto como paraguas». «Es como el que va en un coche y tiene que meter quinta, pero se queda en la segunda marcha», explica. Se trata, eso sí, de una «responsabilidad», añade, «que no se puede dejar a los jóvenes». «Quienes tienen que hacer esa reflexión son personas como Rufi Etxeberria y Arnaldo Otegi, que son quienes alimentaron el monstruo», defiende.

La «motivación» de Josu Elespe es «su familia». Tiene dos hijos. Una niña de seis años y otro de dos. Sabe que llegará el momento en el que pregunten por su aitona. «Algún día les contaré por qué se le homenajea».

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