Diario Vasco

5 años sin ETA: reacciones

Garbiñe Biurrun | Jueza

«Es responsabilidad nuestra abordar el pasado para contribuir a la paz»

No es fácil contar lo que ha ocurrido ni asumir que lo hemos vivido. Menos aún que hay personas, muchas de ellas amigas, que no están aquí porque han sido asesinadas o porque han huido. O que aún sufren miedo y dolor. Será difícil explicar que todo esto ocurría en nuestras calles, que hemos visto cadáveres, torturas e injusticias y crueldades impensables. Pero todo esto ha ocurrido tan cerca, tan dentro, que no se puede obviar. Lo más justo será relatar la verdad y el sufrimiento vivido y la perplejidad que ahora podemos sentir. Cada cual ha de expresar lo que vio y lo que sintió y lo que siente ahora, que puede no ser lo mismo. Tenemos una gran responsabilidad en este ejercicio de abordaje del pasado porque, sobre todo, tenemos un gran deseo y una gran oportunidad de contribuir a la paz y a la convivencia. Por eso debemos combinar la reflexión sobre el pasado y el camino hacia el futuro con una permanente visión de la justicia y los derechos de todas las personas. Porque aún hay derechos vulnerados y sufrimiento cada día y esto también forma parte de lo que sigue ocurriendo.

Luisa Etxenike | Escritora

«¿Cuántos años de homenajes a etarras; de víctimas ninguneadas...?»

Conocemos el trágico balance de la acción de ETA: casi un millar de asesinados; miles de amenazados, extorsionados, heridos. Una sociedad dividida, por la propia ETA, entre los afines a los que se puede dejar tranquilos y los otros a los que hay que acallar e incluso eliminar. Una sociedad tensada en distintas actitudes frente al terrorismo: rechazo; miedo/inhibición; indiferencia; apoyo (tan presente en el espacio público). Una democracia, por ello, bajo constante presión; necesitada de respuestas políticas que muchas veces no se supieron dar, o se dieron a destiempo o ambiguamente (¿cuántos años de homenajes consentidos a etarras; de víctimas ninguneadas; de pintadas ultrajantes sin borrar; de ausencia de una verdadera pedagogía democrática en las aulas…?). Y ello, junto a una Europa mayormente ausente e indiferente. Y poco a poco cambios decisivos a mejor: una creciente valentía y asertividad ciudadana contra la violencia, y en apoyo a las víctimas. Una clase política más cohesionada en la lucha antiterrorista. Y una Europa más colaboradora y consciente de lo sucedido. Así hasta dejar a ETA sin sitio entre nosotros.

Víctor Urrutia | Sociólogo

«ETA fue tan importante porque contó con notable apoyo social»

Si ETA existió y fue tan eficaz a la hora de intentar bloquear el desarrollo democrático fue porque contó con un apoyo notable de una gran parte de la sociedad, que hoy sigue votando a sus sucesores, y por otro grupo social muy importante, los nacionalistas, que contemplaron con indiferencia esa situación. La indiferencia, el miedo y los intereses políticos excluyentes han sido los auténticos enemigos de la democracia. Pero finalmente el sistema democrático ha sido tan fuerte que ha vencido a esos intentos de la violencia de ETA por destruirlo. Yo no utilizaría la expresión de vencedores y vencidos porque eso implicaría la existencia de bandos. En Euskadi no ha habido bandos, porque no ha existido ninguna guerra. Lo que sí ha habido es un grupo de terroristas apoyados por otro grupo social que ha intentado bloquear las vías democráticas, pero finalmente la democracia ha conseguido vencer al uso de la violencia y del terror de ETA. Aunque actualmente sus sucesores, que se han beneficiado de esa violencia, se encuentran tranquilamente establecidos en los Parlamentos.

Jose Ibarrola | Artista plástico

«Los métodos mafiosos asfixiaron la convivencia ciudadana»

En ETA el desdén por los principios democráticos, la libertad, la dignidad y los derechos humanos era inversamente proporcional a su reverencia por la violencia revolucionaria y la mitificación tribal. Se convirtieron en una maquinaria depredadora necesitada de sus propias acciones para seguir justificando su quimérica recuperación de una Tierra Feliz arrebatada. Podían haber acabado como los GRAPO o los FRAP, diluidos entre la desidia y el abandono social, pero se encontraron con una parte de la sociedad dispuesta a justificar sus desmanes en aras a una Solución Superior. Los métodos mafiosos, la violencia, el sectarismo y la intransigencia asfixiaron la convivencia ciudadana y, sobre todo en las zonas rurales, convirtieron las relaciones sociales en un hervidero tóxico de silencios cobardes, apoyos indisimulados, coberturas forzadas, miedos y rituales de integración en la tribu. La sociedad, como cualquier cuerpo, necesitará un tiempo para desintoxicarse y un diagnóstico real de su enfermedad mientras supura las heridas.

Borja Cobeaga | Cineasta

«Disfrutar de esta situación no puede ser un bálsamo para el olvido»

Ni como País Vasco ni como España somos un país de gran memoria. Los extremos ideológicos reniegan de ello: el PP no quiere echar la vista atrás y tenemos todavía la cuenta pendiente de la Guerra Civil; mientras, la izquierda abertzale prefiera hablar de pasar página y se escabulle de pedir perdón o cuando lo hace es con matices. Por la cantidad de víctimas que ha habido y por cómo se ha vivido, esto no puede caer en el olvido. La liberación mental y psicológica de todos ha sido muy rápida, y eso tiene algo de beneficioso, la capacidad de adaptación ha sido brutal. Disfrutamos de la situación, vivimos una celebración y no podemos estar dándonos cabezazos contra la pared, pero no puede ser un bálsamo para el olvido. En un momento en el que Europa sufre atentados terroristas tenemos que echar la vista atrás. El paso del tiempo ha hecho que muchas de las barbaridades que han ocurrido en Euskadi parezcan prehistóricas. Oyes a Felipe González hablar de pasada de «lo que les hemos hecho a los vascos» y pasa desapercibido. Y te das cuenta de que quizá haya gente que no quiere saber exactamente qué pasó. Esta es una historia sencilla y compleja a la vez, tremebunda.

Enrique Urbizu | Cineasta

«Habría que preguntar a todo dios en Euskadi si quiere oír la verdad»

Cómo contar lo que pasó en este país hasta hace cinco años es la pregunta del millón. Justo ahora estoy devorando el libro de Edurne Portela ‘El eco de los disparos’, que habla de eso: del silencio, de los equidistantes... Muy interesante. No es fácil responder porque no hay un cómo, sino una suma de cómos. Si quieres hacer el retrato de los 90 puedes sumar ‘Todo por la pasta’ -que hablaba de este país cuando no lo hacían los periódicos-, un disco de Kortatu, alguna novela... Un caleidoscopio de los mismos temas desde diferentes perspectivas que puede conformar un relato. ¿Cómo hay que contarlo? Pues diría que diciendo la verdad, no habría que enmascarar, ni mentir, ni disimular, ni salir por piernas. Quizás habría que empezar por preguntar a todo dios en Euskadi si quiere oír la verdad. Igual nadie quiere recordar qué ocurrió en este país y entonces no hay nada que contar. De lo que no me cabe la menor duda es que serán los nietos que están ahora en el colegio los que lo harán. Los que vengan tendrán una manera más libre y menos prejuiciosa de establecer ese relato.

Bárbara Goenaga | Actriz

«No tenemos que callar ni olvidar, porque así no se perdona»

Me planteo muy a menudo cómo contar lo que ha ocurrido en este país. Mis hijos por suerte no lo vivieron, ni siquiera mi hermano de 24 años parece ser muy consciente de lo que pasó. Y me da la sensación de que nosotros lo estamos siendo ahora. Vivimos una película de terror sin darnos cuenta de que, pocos años después, íbamos a pensar en lo que hemos callado y aguantado. Ni siquiera se podía hablar y lo asumíamos como algo natural. No tenemos que callar ni olvidar, porque así no se perdona. Hay que hacer un ejercicio de autocrítica muy profunda. Yo he hecho alguna película sobre la Guerra Civil, y siempre me ha inquietado pensar por qué nuestros abuelos no nos habían hablado de ella. Y ahora, en estos cinco años, me asusto de cómo nos ha parecido normal algo tan terrorífico. Casi todos hemos sido bastante cómplices, y yo me incluyo la primera. Había muertes en mayúscula y en minúscula. Unos asesinatos nos dolían más porque creías que políticamente estabas más cercano a la víctima. Hay que pedir perdón y no en un sentido político, porque se ha matado. Todavía queda mucho trabajo por hacer.

Javier Vitoria | Teólogo

«Por motivos políticos se liquidaba y se sometía a terror»

Durante años y años se mataba y se perseguía a la gente simplemente por razones políticas. Se liquidaba a personas y se sometía a terror únicamente por motivos ideológicos. Y ese es el discurso más evidente.

En todo ese tiempo hubo un grupo de gente que extorsionaba, mientras que otro grupo de gente se dedicaba a hacer coartadas y a justificar todos esos actos. Reconozco que me impacta la dificultad que tenemos todavía hoy para contar la historia, para explicarle al resto lo que ocurrió. Había intereses políticos muy importantes para ocultar la verdad. Lo que sucedía quedaba embutido con aspectos relacionados con los derechos humanos. Está claro que es innegable que hubo torturas, que existió el GAL, que se produjo el cierre de periódicos, que hubo personas en aislamiento... Y todo ello se fue convirtiendo en una enorme bola que tapaba parte de lo que sucedía. Sin embargo, debo decir que las torturas no se justificaban, pero las muertes, sí. Aún nos costará un tiempo que se reconozca todo el daño.

Óscar Terol | Actor y guionista

«El milagro para mí es que se ha roto la cadena macabra del odio»

Fue una época oscura, de mucha convulsión, en la que el odio se materializaba. Siempre habrá emociones negativas en los individuos y las sociedades, pero nuestra pequeña cota de libertad es materializarlas o no. Había una fuerza extraña que hacía que el odio se materializara de una manera concreta. Independientemente de etiquetas y bandos, esa cadena macabra del odio generaba más odio, frustración y sufrimiento. El milagro para mí es que esa cadena se ha roto. Paralelamente a esa bolsa de odio, había una sociedad que avanzaba y vivía hacia adelante, y en un momento determinado la parte de esa sociedad que respeta a los demás ha ganado. El triunfo ha sido social, de los que en un momento decidimos que no aceptábamos ese comportamiento. No me corresponden análisis de otro tipo porque no he sido ni víctima, ni verdugo, ni político. Formo parte de esa sociedad que siempre ha tenido una especie de tristeza en el corazón porque sentía que no podía hacer mucho más que seguir viviendo esperando que algún día triunfara nuestra manera de entender la vida.

Fernando Savater | Filosófo

«En Euskadi había que escoger entre ser cobarde o ser mártir»

Aunque ETA es una organización terrorista que nació cuando la dictadura ejercía a su vez una forma de terror sobre la población, la mayor parte de su vida activa ha sido ya en democracia y contra ciudadanos demócratas. Ha sido una lucha contra los demócratas y no a favor. No hace falta empuñar armas para defender ideas. Hasta hace cinco años la gente en Euskadi tenía que optar o por la complicidad con el terrorismo, o por el silencio, o por adoptar una actitud de denuncia como hicieron las organizaciones cívicas en el País Vasco. Aunque eso implicase sufrir amenazas. Algo que también sufrieron los políticos constitucionalistas, pues la violencia de ETA impidió el desarrollo normal de la democracia. Dio una ventaja indebida a los partidos nacionalistas, que podían expresarse libremente, y restó muchas posibilidades a los partidos constitucionalistas que, además de sufrir atentados, estaban siempre cohibidos. Aquí había que elegir entre ser cobarde o ser mártir. Eso no es justo, porque la gente no debería estar obligada a vivir como héroes o como mártires, sino como ciudadanos.

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