Diario Vasco
«No gano nada viendo al asesino, pero aceptaría»
/ IGNACIO PÉREZ

Goikoetxea: «No gano nada viendo al asesino, pero aceptaría»

  • JOSÉ GOIKOETXEA, HIJO DE JOSEBA GOIKOETXEA

El día que asesinaron al sargento mayor de la Ertzaintza Joseba Goikoetxea mientras esperaba dentro del coche a que un semáforo cercano a su domicilio se pusiera en verde, su hijo estaba allí. Sentado en el asiento del copiloto. José tenía 16 años y aunque su cerebro «trata de olvidar» hay experiencias imborrables. «Si algún día quieren atentar contra mí, será en este puto semáforo», había sugerido a familiares y compañeros su padre. Y así fue. A bocajarro. «Recuerdo el momento en el que cayó sobre la bocina, no paraba de sonar», evoca aquel adolescente convertido hoy en padre de familia. El chico salió despavorido del vehículo por instinto, «para evitar las balas», y no paró de correr por una céntrica calle de Bilbao hasta que una señora lo paró de un golpe. «Ahí me derrumbé».

El mes que viene se cumplen 23 años de aquella fatídica jornada que marcó un punto de inflexión. Social y personal. ETA atentaba por primera vez contra un policía autonómico, el 'alma mater' de la Unidad Antiterrorista, y a la familia de José se le abría un largo proceso de recuperación. «Si es que alguna vez te recuperas de eso». A la madre, Rosa Rodero, le embargó la pena -«se derrumbaba con cada atentado»- y al hijo le dio por seguir viviendo casi como si no pasara nada. «Yo intentaba tirar y tomar las riendas de la familia, pero me quedaba grande», cuenta José. «Con el tiempo me he dado cuenta de que necesitábamos llorar».

Si el sargento Goikoetxea aún viviese sabría que su apellido sigue presente en la Ertzaintza. Y no solo por su intenso recuerdo. José ingresó en el cuerpo por pura vocación, «es lo que siempre quise», una decisión no exenta de riesgo. «Fue muy meditado, hubo que hacer todo con sumo cuidado porque no quería hacer más daño a mi madre», reconoce.

El cese de la actividad de ETA le pilló precisamente en la academia de Arkaute junto a sus compañeros de promoción. En los últimos momentos de formación. «Yo fui de los que me lo creí, fue una alegría».

Y desde 2011, ¿qué? José Goikoetxea responde con «un sí rotundo» cuando se le pregunta si percibe avances en Euskadi sin la sombra del terrorismo. El panorama, dice, ha cambiado. «Se nota en cosas tan simples como que ahora las familias discuten de política», explica, aunque matiza que la conciliación total requiere tiempo. «Vivimos una experiencia inédita y hay muchas heridas que forzando pueden reabrirse».

«Los jóvenes captan el dolor»

De los terroristas que participaron en el asesinato de Joseba Goikoetxea, uno falleció en un tiroteo al poco tiempo, otra ya se encuentra en libertad y un par cumplen aún condena. «No tengo odio ni necesito que me expliquen nada», dice José. Estaría dispuesto a sentarse frente a los verdugos de su padre. De hecho, uno de los miembros de aquel comando de ETA, Luis Martín Karmona, ya intentó reunirse con su madre, aunque el encuentro fue abortado por el Gobierno central en el último momento. «Yo no gano nada, pero aceptaría, es él el que tiene que perdonarse», explica Goikoetxea. Y va más allá. «Estoy totalmente preparado para cuando les toque salir de prisión, es respetable que puedan empezar de nuevo tras cumplir su condena».

Mirando hacia el futuro, José Goikoetxea, que forma parte del colectivo de víctimas del terrorismo que ha acudido a las aulas de los centros educativos vascos para relatar sus experiencias -«captan perfectamente el sentimiento de dolor»-, marca dos objetivos prioritarios. El derecho a la vida «por supuesto», y que todas las víctimas de la violencia sean reconocidas por igual.

«A pesar de todo yo he sido de los privilegiados, pero hay gente que perdió seres queridos por los GAL, por actos policiales... se les tiene que valorar porque su historia es igual de horrorosa».

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