Diario Vasco

«La convivencia en paz la haremos nosotros»

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Los cinco participantes en el debate, en el interior de los Cubos de Moneo. / LOBO ALTUNA

  • Las hijas de una exconcejala del PP y de un expreso debaten en DV junto a tres jóvenes del PNV, PSE y Podemos sobre el pasado, el presente y el futuro de la Euskadi sin ETA

Cierran los ojos e intentan recordar imágenes casi inexistentes en su memoria. Escenas de pánico y de dolor, estampas de desolación en una Euskadi sumida en una pesadilla. Su juventud les impide tener una noción muy clara de que lo que han supuesto décadas de terror provocadas por ETA, pero eso nos les hace ser menos conscientes de la necesidad de seguir construyendo el edificio de una paz irreversible. Cinco jóvenes -cada uno en representación de los partidos que integrarán el próximo Parlamento Vasco y llamados a ser los protagonistas de la Euskadi del futuro- debaten para DV sobre los cimientos en los que sustentar la convivencia. Una relación en la que se empatice con el contrario, capaz de tolerar mediante el diálogo las ideas políticas antagónicas del adversario.

Patricia Puértolas, de 20 años, es hija de la exconcejala y exjuntera del PP Asun Guerra. Su vida, simplemente, se ha visto siempre rodeada por hombres corpulentos que han guardado su espalda. Mikel de Aralar Sardón, veinteañero también, comparte «por convicción» y desde que tiene uso de razón las ideas del Partido Socialista, otra diana del hostigamiento etarra. Eraitz Saez de Egilaz, de 19 años, estudia Derecho con la aspiración de convertirse en una buena abogada. Desde que era una niña se ha visto obligada a vivir a caballo entre Beasain y París, recorriendo miles de kilómetros para poder ver en la cárcel a su padre, Carlos Saez de Egilaz, expreso de ETA condenado a quince años por pertenecer al aparato de extorsión de la organización armada. Ander Oiarbide, de la misma quinta, cuenta con una larga tradición nacionalista en su familia. Es pariente de la diputada foral de Infraestructuras Viarias, Aintzane Oiarbide, y confía a ciegas en la gestión del actual Ejecutivo vasco con Iñigo Urkullu al frente. El más joven, el vizcaíno Eder Bas, hace bandera a su 18 años de la defensa de los más desfavorecidos. Asegura que «por eso» milita en Podemos.

Los cinco protagonistas repasan sus vivencias antes de que el 20 de octubre de 2011 tres encapuchados de ETA leyeran el comunicado que acababa con medio siglo de «actividad armada». Eran todos adolescentes cuando sucedió, pero aún recuerdan el alivio que se respiró en sus hogares, conscientes de que aquella decisión era un punto y final. Entonces se abrió una nueva etapa en Euskadi, lejos de la tensión, la angustia y los llantos de una violencia injustificable. Por eso ahora sonríen, por poder compartir el mismo espacio sin amenaza y en libertad. Aunque la charla deja al descubierto las heridas que quedan por cerrar y los pasos que aún restan por dar. Un camino que están dispuestos a recorrer para fraguar la convivencia en paz.

-¿Cómo recordáis el 20 de octubre de 2011, el día en que ETA puso fin a su violencia?

-Mikel: Estaba cenando en casa con mis padres y lo vimos en las noticias. La primera reacción fue de sorpresa y alegría, pero también tuve unos sentimientos encontrados. ETA ya había dado el alto al fuego en otras ocasiones y después volvió a atentar, por eso me lo tomé con cautela, aunque con esperanza de que esta vez fuese ya la definitiva.

-Patricia: No recuerdo muy bien ese día, pero supongo que mi madre lo comentaría en casa y se respiraría mucho alivio. Aunque no fuese consciente del todo, siempre he vivido rodeada de miedo, eso era algo que siempre estaba ahí. Y cuando ETA cesó su violencia empecé a vivir un poco más tranquila, aunque tampoco sabía cuánto iba a durar.

-Eder: Yo tampoco recuerdo muy bien ese día, pero lo que sí me acuerdo es que se vivió de una manera intergeneracional. Los abuelos, que habían vivido experiencias trágicas, sonreían por sus nietos, y a los más jóvenes se nos brindaba un horizonte de futuro. Por fin en Euskadi se abría un marco positivo, de convivencia y paz, capaz de unir en vez de confrontar, porque no tenía ningún sentido continuar con la vía armada.

-Ander: Yo salía de entrenar y me enteré vía Twitter. La primera reacción fue contárselo a un amigo que tenía al lado: 'ETA ha cesado su actividad armada', le dije. Cuando llegué a mi casa y puse el Teleberri ya fue como más real. ETA tenía que dar un paso más de cara al futuro y la sociedad le rogaba que dejara de matar, por eso fue una noticia de alivio y de mucha esperanza.

-Eraitz: Tengo una imagen bastante difusa de aquel día, pero no me puedo olvidar de la cara de mi abuelo. Yo estaba cogiendo algo del frigorífico y se me acercó con una sonrisa para contármelo. En mi casa se respiró ilusión, porque por fin se abría una oportunidad en Euskal Herria. Yo pensaba que con el alto al fuego los Estados español y francés desbloquearían la situación penitenciaria, que yo dejaría de hacer quinientos y pico kilómetros cada fin de semana y que por fin tendría a mi padre de vuelta a casa.

Sin quererlo, Eraitz acapara todas las miradas. «Yo he vivido mi caso personal, para mí tampoco ha sido fácil», se justifica. Y todos le sonríen entre comprensivos y expectantes.

La amenaza frente al alivio

La transición entre el terror de ETA y la Euskadi sin violencia también formó parte del día a día de los más jóvenes. Sin la necesidad de escuchar un coche bomba o ver sangre derramada, ellos también recuerdan el silencio sepulcral de una sociedad atemorizada.

-Mikel: Hace diez años era impensable ir a la Parte Vieja tranquilo. Mi abuelo nunca me llevaba por si pasaba algo. Y de pronto nos sentimos literalmente libres. Fue como un soplo de aire fresco.

-Patricia: La verdad es que sí... Fue un alivio que dejaran las armas, aunque el daño es irreparable. Para mí siempre ha sido algo normal tener a un escolta, pero quizás mi vida hubiese sido diferente porque te quitan tu privacidad. Mi madre no podía llevarme a muchísimos sitios porque no podía estar expuesta, ni siquiera yo podía ir a andar en bici por San Sebastián. Ahora, sin embargo, podemos hacer cosas que antes eran impensables.

-Eraitz: A mí de un día para otro mi madre me dijo que tenía que hacer la maleta porque mi padre estaba preso. He estado haciendo esa maleta durante 11 años de mi vida, recorriendo miles de kilómetros cuando no los tenía que haber hecho. Cuando tenía nueve años le conté a mi madre que conocía mucho más París que San Sebastián. Para mí eso era lo natural, aunque nunca he querido hacer un drama de esta situación y caer en victimismos. Siempre he respetado a mi padre y jamás juzgaré si lo que hizo estuvo bien o mal.

-Ander: En mi casa se hablaba de ETA con naturalidad dentro de lo que cabe. No era un tema de conversación cotidiano, obviamente, pero al fin y al cabo siempre salía en las noticias... Era imposible ocultarlo.

-Eder: En mi vida íntima no había restricciones ni tabúes a la hora de hablar de política. Pero en la vida pública era todo lo contrario. Siempre andábamos con precaución a ver qué podías decir. Además, recuerdo a la perfección la imagen que se tenía de los vascos fuera de Euskadi. Había una estigmatización brutal solo por ser de aquí, se concebía como algo oscuro y terrorífico.

-Patricia: Eso es cierto. De cara a la sociedad mi madre me decía que no dijese a qué partido pertenecía, que lo mantuviese en secreto por si acaso. Me decía que había 'malos' y que mejor que no se enterasen.

-Eraitz: Yo, sin embargo, he abordado siempre el tema con muchísima naturalidad, pero es verdad que con mis amigas me costaba un poco más. Cuando eres una niña es difícil explicar por qué tu padre no está en casa. Además, por la calle la gente me miraba y me señalaba como 'la hija de'. Y siempre me ha dolido mucho que no me reconociesen como Eraitz.

Un ¿conflicto? vasco

El enredo por la terminología a la hora de calificar la tragedia que vivió Euskadi se ve de pronto envuelta en una discusión entre los participantes del debate. Capaces de mirar al futuro sin dejar atrás el pasado, esgrimen los relatos de víctimas y victimarios para buscar soluciones que consigan, de una vez por todas, que ETA se disuelva.

-Eraitz: Para avanzar, no hay que anclarse en el pasado. Aquí ha existido un conflicto entre dos partes y quiero una resolución que nos mire a todos.

-Patricia: No podemos hablar de un conflicto. Lo que ha pasado aquí es que ha habido durante décadas una banda terrorista que mataba y secuestraba a gente. ¿Dónde está la otra parte?

-Mikel: Estoy de acuerdo, en Euskadi existió un grupo armado que contaba con parte del apoyo de la sociedad vasca.

-Eder: Pero el conflicto se entiende cuando gente que estuvo en los GAL sale de prisión a los dos meses y personas que formaron parte de ETA estaban cumpliendo su pena en Francia y luego no se la conmutaban en España. No puede haber una doble vara de medir. Creo que el Estado español también tiene que investigar las torturas.

-Mikel: Sí, sí, me parece bien. Yo condeno todos los terrorismos, y me parecen igual de detestables los crímenes de ETA y los de los GAL.

-Ander: Yo creo que aquí hace falta un trabajo de reconocimiento de todas las víctimas.

-Eraitz: Pero sin excepción.

-Ander: Claro, las de un lado y las del otro. Tenemos que incidir muchísimo en eso, en reconocer todos los tipos de sufrimientos.

-Eder: De hecho, creo que para pasar página no nos podemos quedar con un único relato, todas las personas merecen contar sus experiencias, y para eso se debería impulsar un banco de la memoria donde se recopilen todos los testimonios y que en las escuelas se hable de ello, para que no se repitan los mismos errores.

-Eraitz: Es que aún no se ha pasado página y, sin embargo, sí se hizo con el franquismo cuando quedaron impunes muchísimos asesinatos.

-Eder: Sí, también es necesaria la memoria de la Guerra Civil y recuperar los cuerpos de republicanos tirados en cunetas. Las memorias no tienen que ser selectivas. Decía Ortega y Gasset 'Yo soy yo y mi circunstancia', por lo tanto, todas las circunstancias deben ser explicadas.

-Mikel: Desde luego que la memoria de todas las víctimas hay que cimentarla bien para que no suceda lo mismo que en el franquismo, donde se dejaron sin consuelo a muchísimas personas. Y ahí es muy importante la educación.

-Ander: Pues yo pienso que es más difícil todavía el tema de la reconciliación. Ha habido casos, como el de Maixabel Lasa -viuda de Juan Mari Jáuregui- que se reunió con el asesino de su marido, Ibon Etxezarreta. Creo que fue muy valiente.

-Eder: Sí, de hecho creo que se deberían de fomentar más los encuentros restaurativos. Eso sí, siempre desde la humildad y bajo el reconocimiento de los errores.

-Patricia: Pues yo aún no he escuchado nunca un perdón...

-Eraitz: El Estado español también tiene que reconocer que causó mucho daño, y que hubo terrorismo de Estado. Además, creo que lo de pedir perdón queda en un segundo plano cuando se utiliza de manera partidista. El colectivo de presos ya ha admitido el daño causado.

-Patricia: Hombre, es que es lo mínimo que pueden hacer después de haber asesinado a cientos de personas. Pedir perdón y reconocer que matar estuvo mal es, quizás, una manera para que las propias víctimas consigan convivir en paz con la otra parte.

-Mikel: Es que ningún demócrata puede aceptar que matar al de enfrente por pensar diferente es algo normal. Y lo peor es que hubo un tiempo que sí era normal. Creo que para pasar página la izquierda aber-tzale tiene que estar dispuesta a ceder en el reconocimiento del daño causado. A EH Bildu no le puede dar vergüenza decir que los crímenes de ETA estuvieron mal.

-Ander: El colectivo de presos dio un gran paso en ese sentido.

-Eraitz: Ahora sólo falta la otra parte. Desde que se dio el alto al fuego muchos han creído que en Euskal Herria la paz ya existe, y no es verdad. Aún hay consecuencias del conflicto que hacen falta solucionar.

-¿Como cuáles?

-Eraitz: Los presos políticos vascos, los refugiados y los deportados aún están a miles de kilómetros de nuestras casas, y estas personas tienen que volver.

-Patricia: Si esas personas están en la cárcel será por algo, ¿no? Que lo hubiesen pensado antes. Me parece muy bien que se mire al futuro, pero no se puede borrar lo que ha pasado, y aquí ha muerto mucha gente.

-Eder: Estoy de acuerdo, pero quienes sufren con la política de dispersión son las familias de los presos, que nada tienen que ver.

-Patricia: No creo que sea el mismo sufrimiento.

-Eder: Creo que la lógica del 'ojo por ojo, diente por diente' no nos lleva a ninguna parte. Lo que tenemos que hacer es avanzar. Escuché el otro día a Fernández Díaz diciendo que cuando ETA se disuelva «si eso» se pensará en el acercamiento de presos. Y eso es algo vengativo.

-Ander: Sí, es hora de que el Gobierno español asimile que el sistema penitenciario impuesto a los presos de ETA no es ético y mucho menos aceptable en el contexto actual cuando ya no hay violencia.

-¿Y qué pasos quedarían por dar?

-Ander: ETA tiene que acabar con el desarme, y creo que no ha habido un proceso de verificación por parte del Gobierno español. También es verdad que eso no puede servir de excusa para que ETA no entregue las armas.

-Mikel: Pocas armas les quedarán ya, ¿no?

-Eraitz: Hasta que ETA no se desarme no habrá paz, pero con la última noticia del zulo hemos visto claramente que no hay verdadera intención de dar pasos en el desarme de ETA.

-Patricia: Yo no estoy de acuerdo. El Gobierno, en este caso el PP, ha hecho mucho por mejorar la convivencia en este país.

-Eder: Yo creo que el PP ha estado más pendiente de perseguir a miembros de Herrira que de resolver el conflicto.

-Patricia: Quizás es que han estado más preocupados por tener que protegerse y que ETA no les matase.

-Eder: Desde luego, y me parece una vergüenza que tuvieran que vivir así.

-Mikel: Era algo intolerable. Muchos compañeros de partido, igual que otras muchas personas, han estado perseguidas por un terror injusto. Y eso no se puede volver a repetir.

Si hay algo en lo que coinciden los cinco después de casi dos horas de charla es que, a pesar de que haya transcurrido un lustro desde el cese del terror, aún falta una página para cerrar el libro: ETA aún tiene que ofrecer garantías de que la violencia no se volverá a repetir. Y para eso la banda tiene que desaparecer.

La Euskadi de sus hijos

-¿Y cómo imagináis la Euskadi de dentro de 20 años, la de vuestros hijos?

-Eder: Quiero una nación vasca con memoria y, sobre todo, feminista, inclusiva y que no aplique políticas regresivas. Y que apueste por el derecho a decidir. No soy independentista, pero me parece una vergüenza que la gente quiera expresar su voluntad y se la nieguen.

-Ander: Confío en una Euskadi que siga teniendo una sociedad responsable, una Euskadi que mire hacia el norte y no hacia el sur y que consiga la normalización social para seguir avanzando y así construir una nación vasca.

-Eraitz: Yo deseo un país democrático, justo y libre en el que los derechos de todas las personas sean respetados. Un país que sea dueño de sí mismo y que podamos decidir. Quiero una Euskadi para mis hijos que haya logrado la paz y que aborde temas de futuro para no quedarnos anclados en el pasado.

-Patricia: Precisamente, si no se cuentan las cosas como pasaron realmente este asunto será ajeno a nuestros hijos. Yo quiero contarles lo que pasó. Para que entiendan esta sociedad deben conocer el sufrimiento que se ha padecido porque al final ésta será parte de nuestra historia.

-Mikel: Yo quiero que mis hijos vivan en una sociedad donde no tengan ningún problema de convivencia, donde puedan hablar de todo sin tener miedo. Me gustaría que cuando mirasen al pasado se sintieran orgullosos de una sociedad vasca que fue capaz de dar pasos valientes para acabar con décadas de violencia.

Capaces de haber conversado desde sus opiniones opuestas, Patricia, Eraitz, Mikel, Eder y Ander agradecen el debate donde han confrontado posturas. «Es enriquecedor hablar con alguien que piensa diferente», convienen, conscientes de que la «tolerancia y la capacidad de diálogo» de las nuevas generaciones demuestran su disposición a entenderse pese a sus discrepancias ideológicas. Una disposición que cierran con el sello y la voluntad de volverse a reunir dentro de cinco años.

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