Diario Vasco

ETA busca que el Gobierno Vasco se implique en «desbloquear» el desarme

Operación de desmantelamiento de un arsenal de ETA hallado por la policía francesa en Biarritz en 2015.
Operación de desmantelamiento de un arsenal de ETA hallado por la policía francesa en Biarritz en 2015. / MIKEL FRAILE
  • No prevé gestos de entrega de armas de cara a España y Francia en tanto no quieran negociar

  • El Ejecutivo de Urkullu conoce las intenciones de la banda, que fía sus futuros pasos al arrope de una «mayoría social y política» en Euskadi

ETA quiere avanzar hacia el desarme definitivo buscando la implicación de las «instituciones vascas», singularmente el Gobierno Vasco, y con la percha de la «mayoría social y política» en Euskadi en favor de un «proceso ordenado», según fuentes conocedoras de los entresijos de la banda. La organización armada pretende superar, de esta forma, el «bloqueo» creado por la negativa del Ejecutivo español a culminar una entrega de armas y arsenales pactada. ETA ya ha explorado la posibilidad de abrir una vía con el gabinete que preside Iñigo Urkullu para colaborar en la culminación del desarme. En este contexto, la banda no prevé en el futuro realizar nuevos gestos de escenificación del desarme de cara a España y Francia ni tiene intención de entregar a sus fuerzas de seguridad «ni una bala» si no muestran interés en un proceso acordado, según los medios consultados.

El desmantelamiento el pasado miércoles de un gran zulo en el norte de París, que ocultaba más de la mitad del armamento que posee la banda en suelo galo, no ha pillado por sorpresa a ETA, consciente de que ese arsenal estaba controlado por la Policía desde hace tiempo en el marco de los intentos del Estado español de «sabotear» cualquier proceso acordado en el que pueda intervenir el Gobierno de París, agregan las citadas fuentes. El propio Ministerio de Interior español ha evitado confirmar las tesis de que el zulo estaba destinado a un gesto de escenificación del desarme.

Cinco años después del cese definitivo de la violencia, que se cumplirán el próximo jueves día 20, ETA intenta salir del atasco en el que está sumido el desarme al no fructificar su estrategia inicial, recogida en la declaración internacional de Aiete, de una entrega de armas reconocida, de alguna forma, por los Estados, y que permita la resolución del problema. Un lustro después, ETA contempla superar ese impasse aferrándose a la existencia de una «mayoría social y política» vasca favorable, entienden las fuentes consultadas, a un final «ordenado». Una mayoría que se visualizará en adelante en el nuevo Parlamento Vasco en el que más del 75% (PNV, EH Bildu y Elkarrekin Podemos) coincide en la necesidad de que el Gobierno central favorezca la destrucción de las armas, aunque en el caso de los jeltzales han incidido también en la necesidad de que ETA dé pasos unilaterales con independencia de lo que haga Madrid.

Cruce de propuestas

Es en este contexto en el que ETA quiere buscar la implicación de las «instituciones vascas», tanto del Gobierno Vasco de Iñigo Urkullu como el de Navarra liderado por Geroa Bai y EH Bildu. El Ejecutivo del PNV conoce de primera mano las intenciones de la organización armada de colaborar para culminar el desarme.

El gabinete Urkullu, a través de su secretario de Paz y Convivencia, Jonan Fernández, ha planteado en los últimos años varias propuestas, entre ellas un Comité de Desarme, aunque sin lograr superar los recelos de ETA, que observaba detrás de estas iniciativas un esquema de «vencedores y vencidos» y un intento del PNV de capitalizar la consolidación de la paz. Los etarras, en un comunicado de hace año y medio, ofrecieron al partido de Andoni Ortuzar acometer un «diseño compartido de desarme». Ahora, en un nuevo paso, exploran esa posibilidad con el propio lehendakari, en una oferta que sigue vigente.

Todos estos movimientos coinciden ahora con la negociación para formar Gobierno en Euskadi, en la que el PNV ha pedido a EH Bildu un «diagnóstico común» sobre paz, basado en una autocrítica del pasado, que imposibilitará el acuerdo postelectoral entre las dos familias del nacionalismo vasco.

La izquierda abertzale, por su parte, tampoco desea que siga enquistado el desarme que, a su vez, lastra posibles mejoras en la situación de los presos. Numerosos dirigentes, como Arnaldo Otegi en una reciente entrevista con este periódico, ya han señalado que «esta debe ser la legislatura del desarme definitivo de ETA». Y en este sentido, en el mundo de Sortu prevén que con la pista de aterrizaje de una mayoría parlamentaria, política y social en el País Vasco, ETA pueda avanzar hacia «el cierre de su ciclo histórico» en esta primera parte de la legislatura vasca a punto de arrancar. «No sé puede estar cuatro años más así», repiten en la formación independentista. Este esquema de solución contaría con la cobertura de los facilitadores internacionales que han venido trabajando en el caso vasco en los últimos años.

Vuelve Currin

La hoja de ruta de apoyarse en la sociedad y las instituciones vascas ha sido también recomendada por organizaciones que siguen trabajando en el impulso de un proceso de paz, como el Foro Social, que en febrero invitó al Gobierno Vasco a colaborar en este proceso. Esta plataforma, de hecho, conmemorará el próximo sábado en la Casa de la Paz de Donostia el quinto aniversario de la declaración internacional de Aiete y el cese definitivo de los atentados, en un acto en el que participará el mediador sudafricano Brian Currin.

Mientras, el descubrimiento del zulo de Carlepont, con nada menos que 147 armas, ha reabierto el debate sobre las intenciones de Francia de favorecer un final negociado. La banda ha tanteado en los últimos tiempos la disposición de París, principalmente de algunos sectores del Gobierno del socialista François Hollande partidarios de cerrar la cuestión de ETA, que tiene el grueso de sus arsenales en suelo galo. En la izquierda abertzale, por su parte, entienden que el Gobierno francés debería ser «el mayor interesado» en pactar, de la manera que fuera, un desarme «ordenado» para centrarse en la lucha contra el terrorismo yihadista.

La decisión de la organización armada de no realizar nuevas escenificaciones del desarme conlleva, asimismo, que no se espere en los próximos meses noticias de la Comisión Internacional de Verificación del ceilandés Ram Manikkalingam, replegada en sus cuarteles de invierno en Amsterdam ante la presión policial y las dificultades para trabajar sobre el terreno, como evidencia el episodio del pasado miércoles en Francia.

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