Diario Vasco

Los 'morteros hechizo': el gran 'acuerdo' de ETA y las FARC firmado en la selva

Los 'morteros hechizo': el gran 'acuerdo' de ETA y las FARC firmado en la selva
  • La guerrilla colombiana, que ahora ha puesto fin a medio siglo de violencia, fue adiestrada por la banda terrorista por medio de una compleja conexión con el IRA y los servicios secretos venezolanos

Hubo un tiempo en el que las FARC, el grupo terrorista colombiano que acaba de poner fin a medio siglo de violencia tras firmar un acuerdo con el Gobierno de Bogotá, era uno de las guerrillas más salvajes de América Latina. Una de las tácticas que empleaba para provocar el terror era rodear un cuartel policial, en las zonas más profundas de la selva, y -tras asegurarse de que los soldados y los policías se habían atrincherado entre las cuatro paredes- bombardearlo con los denominados 'morteros hechizo', un artefacto casero que lanzaba proyectiles pesados. Cientos de miembros de las fuerzas de seguridad fallecieron en este tipo de ataques, que fueron posibles porque ETA les enseñó a fabricar y utilizar estos dispositivos letales. El propio líder de la guerrilla que ahora ha firmado la paz, Rodrigo Londoño Echeverri, 'Timochenko', está considerado como uno de los terroristas que se reunió en la frontera venezolana con etarras para estudiar la utilización de arfetactos explosivos. En principio se trató sólo de un intercambio tecnológico, aunque la intención final de los terroristas colombianos era asesinar en España a dirigentes de su país, algo para lo que necesitaban la ayuda de ETA. El plan no llegó a prosperar.

El termino 'hechizo' que se aplica a estos morteros procede de la palabra 'hecho', que en el argot colombiana significa que ha sido sido fabricado de forma casera. La particularidad de estos artefactos consistía en que permitían lanzar proyectiles pesados con un elevado volumen de explosivos. En algunos de los modelos, la carga que se proyectaba era un cilindro de metal de los que se utiliza para las bombonas industriales de oxígeno. Los etarras denominaron a este cañón casero 'zartagailu' y lo diseñaron para arrojar 40 kilos de explosivo a 600 metros.

Talleres en la jungla

Según documentación incautada tanto a ETA como a las FARC, las relaciones entre ambos grupos comenzaron en los años 90, cuando expertos en explosivos vascos se trasladaron a la frontera entre Venezuela y Colombia para adiestrar a guerrilleros colombianos. ETA también empleó esa zona aislada para realizar ensayos con morteros caseros. Las distintas mediciones sobre alcances,cargas explosivas y materiales fueron encontradas más tarde en poder la cúpula etarra en París, aunque no se ha conseguido saber quién se encargó de ponerlas a prueba. Las fuerzas de seguridad creen que ETA intentó emplear estos materiales en España, pero no fue capaz de llegar a desarrollarlos como sí lo hicieron las FARC, que disponían de talleres en la jungla y una capacidad mayor para desarrollar sus propio armamento a gran escala. Tan solo en una ocasión, en octubre de 2003, los etarras emplearon un 'mortero hechizo' contra un cuartel del Ejército en la localidad navarra de Aizoain, un ataque que no causó heridos.

La conexión entre la FARC y el IRA fue posible gracias a la 'internacional terrorista' de extrema izquierda que funcionó en Latinoamérica en los años 80. La victoria de la revolución sandinista en Nicaragua en 1979 llevó hasta el país caribeño a un número elevado de terroristas europeos patrocinados por el bloque comunista, sumergido en ese momento en la 'guerra fría' entre la URSS y el bloque occidental. ETA fue uno de los grupos que acabó en Managua y varios etarras se convirtieron en asesores y agentes de los servicios secretos del gobierno nicaragüense. De forma paralela, el IRA mantenía una oficina permanente en La Habana, desde la que los terroristas norirlandeses se mantenían en contacto con los movimientos insurgentes latinoamericanos, apoyados por Cuba. En ese magma, las relaciones entre los grupos terroristas eran fluidas.

Teléfonos móviles

En 2007, las relaciones FARC y ETA dieron un paso más allá. Según documentación incautada tanto a la cúpula de ETA como a responsables de la guerrilla colombiana, en ese año un grupo de etarras se desplazó a una finca del Estado de Apure, en la frontera con Venezuela, para dar un cursillo a los colombianos sobre, entre otras cosas, el uso de teléfonos móviles para detonar bombas a distancia. Las FARC, además, pidieron ayuda a ETA para atentar «en España u otros país europeo» contra dirigentes colombianos como los expresidentes Alvaro Uribe o Andrés Pastrana. Esta relación estuvo auspiciada, según un auto de la Audiencia Nacional en el que se comenzó a investigar estos contactos, por un miembro de la Dirección de Inteligencia Militar (DIM) de Venezuela. En ese momento, Hugo Chávez gobernaba ya el país.

Pero la conexión FARC-IRA-ETA volvería a aparecer un año más tarde. En 2008, cuando el expreso de la banda Ignacio de Juana Chaos se dio a la fuga al ser procesado en la Audiencia Nacional, huyó a Belfast. Allí se refugió en la casa de James Monaghan, quien en 2001 había sido detenido en un campamento de la guerrilla colombiana acusado de ser un asesor en la fabricación de explosivos. De Juana desaparecería y su rastro volvería a aparecer en Venezuela, donde su pista se ha esfumado.

De los tres grupos terroristas, tanto el IRA como las FARC desarrollaron sus procesos de paz. ETA tuvo al IRA como referente y modelo a seguir hasta 2005, cuando los irlandeses anunciaron el fin de la lucha armada tras un proceso negociador con el Gobierno. Un año antes, la banda había volado por los aires la terminal T4 del aeropuerto de Barajas, rompiendo de manera unilateral y sin avisar la tregua con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. ETA destrozó así cualquier posibilidad de que alguien creyese su voluntad negociadora y finalmente fue derrotada por las fuerzas de seguridad,lo que le conduciría a anunciar el fin de la lucha armada en 2011. El explosivo utilizado en el atentado de Madrid había sido ensayado en la selva venezolana con las FARC.