Valle del Loira: Un paisaje aristocrático

Indagamos en la región francesa donde abundan los castillos imperiales, pueblos con encanto y un río que define todas las claves de la vida cotidiana

Valle del Loira: Un paisaje aristocráticoGráfico
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Este es un viaje para aristócratas. Para los de antes y para los de ahora. Para los que disfrutan con paisajes elegantes, castillos imperiales, aldeas con encanto, gastronomía de primer nivel y un río que moldea las claves de la vida cotidiana. Un río, el Loira, el más largo de Francia, que ha forjado el carácter de una región rica en el pasado y próspera para el futuro. Un futuro agarrado también al turismo de masas, que cada año acude a conocer los encantos del valle. Nosotros lo hemos hecho este mes, con frío en el ambiente, mucho frío, pero un cielo suficiente para disfrutar y un horizonte perfecto para soñar.

Penetramos en la región por Tours, a seis horas de Donostia, la ciudad que funcionó como nuestro clásico campamento base y que me atrevería a definir como un Burdeos en miniatura. Se trata de una localidad universitaria, con mucho ambiente, clasificada como ciudad de arte e historia, con monumentos imponentes (especialmente el ayuntamiento iluminado), una catedral altísima, una basílica preciosa y una plaza encantadora.

La plaza Plumereau (place Plum, para los locales) es el kilómetro cero de un casco antiguo laberíntico, repleto de casas de paredes de entramado de madera (parecidas a las de Bretaña), con tejados inclinados y con muchos detalles de madera esculpidos en las fachadas. Un lugar ideal para tomar una copa, para cenar y para experimentar ese 'savoir-vivre' que tanto dominan nuestros vecinos. El Aperol Spritz, por cierto, nuestro aperitivo favorito, ¡¡¡no llega a los siete euros!!!

El castillo de Chambord es uno de los más visitados del valle del Loira. Es un edificio espectacular que sorprende por su vasto tamaño. Debajo, el castillo de Chenonceau, obra maestra del Renacimiento. A la derecha, la plaza Plumereau de Tours, llena de vida. / MIKEL MADINABEITIA

A una hora en coche se halla el castillo de Chambord, seguramente el más famoso de la zona, que impresiona por su tamaño exagerado. Construido para Francisco I, es un ejemplo de arquitectura renacentista que no pasa desapercibido. Rodeado de un jardín y un bosque extenso, una visita a su interior sirve para quedarse sorprendido de tamaña obra. Aunque aquel gélido día el rincón más agradecido era el de la chimenea encendida... De Chambord recordarán la extensión, la cantidad de torres, los suntuosos aposentos y, sobre todo, la escalera de doble hélice, diseñada de manera que las personas que suben y bajan no puedan cruzarse. Obra, según dicen, del mismísimo Leonardo da Vinci.

El condumio de este día lo pueden hacer en Blois, a 15 kilómetros. Un pueblo con un apreciable conjunto monumental y un puente sobre el Loira que se abre paso aquí de forma majestuosa. El castillo y la catedral predominan en ese paisaje típicamente galo, con las casas de color gris y los tejados de pizarra. El mayor orgullo turístico y patrimonial de sus habitantes es el castillo real, que domina las calles del centro antiguo. Su patio brinda un auténtico panorama de la arquitectura francesa desde la Edad Media hasta el siglo XVII. Residencia de 7 reyes y 10 reinas de Francia, es un lugar que evoca el poder y la vida cotidiana de la Corte durante el Renacimiento, a través de sus aposentos reales elegantemente amueblados y adornados con magníficos decorados policromos.

Para otra jornada les recomiendo conocer el otro castillo mítico del Loira, el de Chenonceau. Conocido como el castillo de las damas, por las diferentes mujeres a las que conquistó, destaca por sus colecciones de arte de valor incalculable, sus estancias perfectamente conservadas y sus floridos jardines. De hecho, el interior merece más la pena que el de Chambord, aunque juega en su contra el hecho de que haya abonar la entrada sí o sí para verlo desde el exterior. Su otra gran baza estriba en la postal que ofrece sobre el río Cher, inigualable.

Tours se presenta como un excelente campamento base para conocer la zona

Al igual que nos ha sucedido en la excursión anteriormente sugerida, muy cerca (menos de 13 kilómetros) tenemos otra localidad que bien merece una visita. Hablamos de Amboise, donde pasó sus últimos días Leonardo da Vinci, otra vez él. El genio polifacético, el hombre que creaba de día e inventaba de noche. Lo que más llama la atención en Amboise es su majestuoso castillo. Desde las terrazas de este emblemático edificio el panorama sobre el valle del Loira es suntuoso, y en su interior se pueden visitar los salones amueblados. Descubriremos la historia de los reyes franceses y de la que fue primera residencia real del renacimiento francés edificada durante los siglos XV y XVI.

Conjunto monumental de Amboise, donde Leonardo da Vinci pasó sus últimos días. Debajo, el centro de Loches. A su vera, la pequeña localidad de Montrésor, plena de encanto, forma parte de la lista de los pueblos más bonitos de Francia. Razones no le faltan, especialmente si recorren la orilla del río Indroise para admirar#su skyline medieval. / MIKEL MADINABEITIA

Ahora vamos a relajarnos un poco. Les voy a dar una pista para darse un homenaje gastronómico. En todas estas escapadas elegimos al menos un día para sentarnos en una buena mesa, que sirva como trampolín para degustar las delicias de la región. En este reportaje les voy a hablar del 36, el restaurante del hotel Le Choiseul, situado a la ribera del río y auténtico templo. Que no les desanime su aire decimonónico, porque podrán vibrar con una cocina moderna y sabrosa basada en los productos de la región. Tomen un caldo blanco de Vouvray o un tinto de Chinon y rematen con una tabla de quesos de vaca y de cabra. Delicatessen.

Para el tercer día podemos variar un poco la tónica e introducir una novedad con Montrésor, que forma parte de la lista de los pueblos más bonitos de Francia (Les plus beaux villages de France, la web que no me canso de divulgar). Al menos fuera de la temporada de verano, aquí no encontraremos el bullicio de los castillos ni el ajetreo de Tours. Pero pasear al lado del río Indroise es una delicia y desde allí obtendrán los mejores encuadres para el skyline medieval. Montrésor huele a Edad Media. Huele a tradición. Huelle a un trabajo de conservación bien hecho. Huele a buen gusto. Huele a Francia.

Les sugerimos dos castillos, tres núcleos con mucho arte y una aldea cautivadora

A menos de veinte minutos tienen Loches, otro enclave que merece la pena recorrer. Su ciudadela real cuenta con una de las torres del homenaje más antiguas y mejor conservadas de Francia. Los siglos de historia de los demás castillos del valle del Loira palidecen frente a los más de mil años de antigüedad de la torre -aunque la residencia real sea de la época renacentista, como el resto de castillos- y lo mismo sucede con los personajes que pasaron por la ciudad: desde Ricardo Corazón de León a Juana de Arco. Casi nada.

Un buen remate para este valle del Loira. Un valle que permite realizar una escapada de cinco jornadas en las que respirarán tranquilidad y disfrutarán con un paisaje aristocrático. Dicen que en Francia tienen quesos diferentes para cada día del año. Mi sensación es que ni con siete vidas conocería todo el país en profundidad. ¡Viva Francia!

Guía

Cómo llegar:
De Donostia a Tours hay seis horas en coche (585 kilómetros).
Cuándo ir:
Primavera y otoño son buenas opciones. Evitar el verano por el exceso de gente.
Un hotel:
Gran Hotel (9, Place du Général Leclerc, Tours). Un tres estrellas un tanto antiguo pero económico y muy bien situado, al lado de la estación de tren y un parking.
Comer:
Le 36 (36, Quai Charles Guinot, Amboise), un restaurante elegante para hacer la gran comida del viaje. L'oyster bar (4, Rue Saint-Antoine, Loches), local moderno para degustar marisco a modo de capricho.

Temas

Francia

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