Viaje al 'país' que no es país

Hablar de Transnistria es sinónimo de descubrir lo desconocido, de 'aterrizar' en un Estado no reconocido que tiene fronteras, cuenta con moneda propia... y que anhela la vida de la Unión Soviética

En el centro de Tiraspol eñl protagonista es un tanque soviético./K. L.
En el centro de Tiraspol eñl protagonista es un tanque soviético. / K. L.
Karel López
KAREL LÓPEZ

Con botas (como el gato). Así es como comienza este viaje a Transnistria, uno de los lugares más curiosos de Europa. El que escribe estas líneas se las calzó hace ya un par de años para 'aterrizar' (tirando de metáforas, porque aeropuertos no hay en este lugar) en autobús, a través de una carretera sin coches (pocas situaciones pueden hacer a uno pensar más) y que perfectamente podría ser de mediados del siglo XX, en Tiraspol, la capital de un 'país', Transnistria, que no es país y que pocos saben lo que es.

Antes de nada, situémoslo en el mapa. Transnistria se encuentra entre Moldavia (o al Este de Moldavia) y Ucrania, entre Chisinau y Odesa, entre el río Dniester y la frontera de Moldavia con Ucrania.

Se trata de un Estado no reconocido, de una república separatista que los moldavos consideran suya, pero en el que tienen leyes propias, moneda propia, matrículas con su bandera, constitución, policía... e incluso frontera. Un territorio en el que algunos (muchos) anhelan la vida de la Unión Soviética (tratan de imitarla en la medida de lo posible) y que cuenta con el apoyo de Rusia. De hecho, a día de hoy se estima que hay cerca de 1.500 soldados del país gobernado por Putin en Transnistria.

Tras la caída de la URSS y el regreso de Moldavia (durante esos años parte de la Unión Soviética), en 1992, la amplia comunidad rusa que allí vivía rechazó la independencia. Comenzó una guerra civil de apenas dos meses que tuvo como punto final el momento en el que llegó el ejercito ruso (para quedarse) y crear esta república que nadie, curiosamente y por temas políticas tampoco Rusia, quiere reconocer aunque vivan como si lo fueran. Eso sí, la población goza de gas gratis gracias a Rusia, además de otro tipo de ayudas.

Regreso al pasado

El viaje comienza en Bucarest (capital de Rumanía), siguió en Iasi (al Este de Rumanía y a muy pocos kilómetros de la frontera con Moldavia) y en Chisinau (capital de Moldavia) y concluyó en Tiraspol (capital de Transnistria) gracias a un pequeño autobús Mercedes que perfectamente podría tener más años que Transnistria. Un bus que, muy probablemente, circuló en sus años gloriosos por Alemania y después fue reciclado...

El autobús que va desde Chisinau a Tiraspol.
El autobús que va desde Chisinau a Tiraspol. / K.L.

Es poca la información que existe sobre Transnistria. Se habla de las pocas facilidades que los policías ponen para que los turistas (sí, turistas, porque algunos llegan hasta allí) crucen su frontera, pero lo cierto es que la experiencia que sirve para escribir estas líneas fue satisfactoria.

Bajas del autobús, esperas a que los policías, que no dicen ni 'hello' en inglés, soliciten el pasaporte, lo miran de forma un tanto extraña al ver que no es ni moldavo, ni ruso, ni ucraniano... y después de pensárselo (o hacer que piensan) te dan un papel con tus datos personales en el que se observa cómo tienes una hora máxima de salida. Diez horas para visitar el 'país' que no es país. Por cierto, en el Ministerio de Asuntos Exteriores de España considera Transnistria una «zona de riesgo», no recomendando su visita.

En la frontera, los policías hacen entrega de un papel con la hora a la que debes salir de Transnistria

Ellos, el gobierno local, dice que allí viven cerca de medio millón de habitantes, pero es una cantidad que prácticamente todo el mundo pone en duda. 4.163 metros cuadrados (no mucho), pero muchísimo tiempo para recorrer pocos kilómetros. Ya saben: el estado de las carreteras... Y a los lados, nada de nada. Campo y más campo hasta que llegas a Bender, la ciudad bonita del 'país' que no es país, o a Tiraspol, la capital.

Llegas a Tiraspol, descubres el estadio de fútbol del Sheriff, lo atraviesas gracias a una enorme avenida por la que prácticamente no circulan vehículos (eso sí, los que lo hacen llevan matrículas locales con el escudo verde y rojo de Transnistria) y destacan, sobre todo, todas las referencias a la Unión Soviética: carteles en los que predominan hoces y martillos, bustos de Lenin...

Decía antes que es un viaje de hacer con botas. Y es porque aunque las avenidas (la principal se llama 25 de octubre, en clara alusión a la revolución bolchevique) sean amplias, demasiado amplias, no sorprende encontrar tramos de tierra, aceras destrozadas... en pleno centro de la ciudad.

Carteles con símbolos comunistas en Tiraspol.

Rublos

Lo primero que hay que hacer en Transnistria es cambiar dinero. Sí, tienen su propia moneda. Se trata del rublo transnistrio. Más allá de encontrarte con el clásico martillo y hoz, son billetes y monedas dignos del Monopoly. La mejor opción para cambiar es en los supermercados Sheriff. Quedarse con unas cuantas monedas es el mejor souvenir que uno se puede traer de vuelta... O eso, o una foto junto a la Casa de la Moneda.

Aunque los puntos más 'fotogénicos' son la estatua de Suvorov, la de Lenin, el tanque soviético T-34 en recuerdo de la victoria en la II Guerra Mundial, una iglesia ortodoxa... Poca cosa, a decir verdad.

Pero donde seguro que los turistas se sacan más fotos es junto al gran complejo deportivo del Sheriff y, yendo todavía un poco más allá, frente a la embajada de Abjasia (otro territorio separatista como Transnistria), república que está representado en Tiraspol. O incluso frente a la destilería 'Kvint'. Hay quienes viajan hasta esta curiosa ciudad solo para probar (o comprar) brandy.

Algunos de los puntos más atractivos de Transnistria. / K.L. y AGENCIAS

En definitiva, visitar Transnistria es recomendable si a uno le apasionan los rincones soviéticos. No se puede decir que sea bonito... pero es una experiencia diferente. Muy diferente.

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