Los recuerdos del Guardetxe de Aralar

La familia Zufiaurre-Amorena regentó la casa forestal de Aralar en la zona navarra hasta que fue derribada en 2009. Ahora hay un nuevo proyecto

Hermosa estampa del exterior de Guardetxe durante una gran nevada, antes de ser demolida en abril de 2009. ::/Jesús Diges
Hermosa estampa del exterior de Guardetxe durante una gran nevada, antes de ser demolida en abril de 2009. :: / Jesús Diges
ELISA BELAUNTZARAN

Guardetxe, la casa del guarda de Aralar, fue durante varias décadas el punto de encuentro de mendizales y aficionados al esquí de fondo. Para todos ellos era casi impensable realizar una salida por la zona navarra de la sierra y no pasar por la cocina de Nicolasa Amorena. Allí podían pasar horas, junto a la guardesa de Aralar, su hija Miren, su cuñado Joaquín, el resto de los miembros de la familia y algún pastor que mientras tomaba un vino charlaba sobre cualquier noticia acontecida en los pastos o bosques de la zona. Una gran familia que abría las puertas de su casa, Guardetxe, a quien lo necesitara en cualquier momento, a cualquier hora del día o de la noche... Hasta su cierre el 30 de abril de 2009. Esa era la estampa que se repetía en la ya derribada casa forestal de Aralar, que fue testigo de numerosos sucesos, accidentes, rescates, festines...

Guardetxe guardaba muchos recuerdos en sus paredes. Paredes que fueron derribadas ese mismo año pero que los miembros de la familia Zufiaurre-Amorena no olvidan. Hace más de un siglo que la familia de Joxe Zufiaurre, el que fuera durante años guarda de Aralar, se fue a vivir a Guardetxe. Allí nació el propio Joxe y también su hermano Joaquín. Allí vivió cuando se casó con Nicolasa y allí nacieron sus hijos Miguel y Miren. Toda una vida en la que un día sí y otro también se sumaban las anécdotas que se repetían mientras Nicolasa o Miren ofrecían un caldo caliente a quien entrara por la puerta de la casa, y le invitan a tomar asiento al calor de la cocina económica plagada de aquellos enormes pucheros en los que no dejaban de hervir las famosas alubias de Guardetxe.

Rescates de pastores

Durante las largas charlas que los pastores, mendizales, visitantes y quien quisiera unirse mantenían en la mesa de la cocina se recordaban muchas historias. Una de las más repetidas era aquella gran nevada del 2 de febrero de 1956 que cubrió las comarcas que rodean a las Malloak. Para muchos una de las mayores que se han registrado durante las últimas décadas. Aquella enorme tempestad provocó que dos pastores de Uztegi se perdieran en la nieve en la Sierra de Aralar. En aquella expedición, como en muchas otras, los protagonistas fueron Joxe Zufiaurre, el guarda de Aralar y don Inocencio Aierbe, capellán del Santuario de San Miguel, junto a los monaguillos Félix Etxabarri y Jose Mari Ustarroz. Los dos pastores que se perdieron eran de Uztegi, Miguel Otamendi y Pedro Gainza, que habían salido a Aralar a recoger el ganado con intención de bajarlo al valle de Araitz, pero el temporal fue repentino, con una fuerte bajada de la temperatura y una copiosa nevada, que les sorprendió dentro de la txabola en las proximidades del refugio de Desao.

Arriba, la familia arropa a Nicolasa. A la izquierda, Joxe Zufiaurre, guarda de Aralar y abajo a la derecha, Nicolasa Amorena, junto a la chimenea de Guardetxe.

Eso ocurrió el 1 de febrero de 1965, ese día desde Uztegi, los familiares de 'Belokitxiki' llamaron a San Miguel para pedir si se podía avisar a la Casa Forestal y si se podía hacer algo o darles noticias de las dos personas aisladas. Don Inocencio inmediatamente se puso en contacto telefónico con José el guarda, diciendo que él saldría con dos de sus monaguillos para llegar a la txabola.

El guarda de Aralar solía decir que en sus 50 años de vida no había conocido un temporal como el de aquel invierno. El relato de aquella historia aseguraba que «durante todo el camino, la nieve era extremadamente floja, en polvo, no soportaba nuestro peso, lo que dificultaba la marcha y la temperatura era de entre 10 y 12 bajo cero. En torno a las 3.30 de la tarde aproximadamente, después de pasar la gran sima del camino de Igaratza, encontraron huellas de alguien que había dado vueltas perdido y que volvían hacia Igaratza o Desao. Después de localizar a los pastores contaron que se habían asustado en la txabola, pues la nieve les cerraba la puerta y tenían que abrir y empujar a menudo para que no les dejara sepultados sin poder salir. Decidieron salir, pero a mitad de camino, con el cansancio y la tormenta de nieve, se perdieron y volvieron sobre sus huellas».

Los pastores estaban extenuados y desmoralizados cuando fueron localizados. En el regreso al santuario de los pastores y los cuatro expedicionarios, «se echó la noche y en medio de una tormenta infernal no pudieron superar la mitad de la cuesta de 'Moskordi' debido al cansancioy las dudas sobre la situación, pues ya había oscurecido. Decidieron volver a la Casa Forestal, pero no con la seguridad de ir por el buen camino. Tomaron como referencia la huella anterior». Aquella noche el termómetro registró 25º bajo cero.

Esquí de fondo

Décadas después, Guardetxe fue la base de esquiadores. Durante el final de la década de los 70 y comienzo de los 80, la afición por esquiar en Gipuzkoa y Navarra era enorme. La mayoría se juntaba en Aralar porque hace cuarenta años no existían las pistas de esquí en el Pirineo. Cada fin de semana se reunían hasta diez autobuses en torno al parking de la casa forestal de Aralar y la zona de Albi, con gente del club Alpino Uzturre, de Tolosa; Urdaburu, de Errenteria; Vasco de Camping, de Donostia; o el Club de montañeros, de Irun. Incluso del club Juventud de Bilbao. Entonces subir a Guardetxe era una aventura. La carretera no se parecía a la actual, y cuando nevaba mucho abrían el espacio justo para que pasaran los autobuses. Pero no era problema para ellos. Cada fin de semana se organizaban carreras. Después visita obligada a Guardetxe y a Joxe Zufiaurre, y su familia, Nicolasa, Miguel, Miren... donde tenían preparado un buen caldo.

Guardetxe era la «base» para pastores, montañeros y quien lo necesitara y así ocurrió durante décadas. Han pasado casi una década desde que fuera derribado pero aún es recordado por muchos de sus amigos.

Nueva casa forestal para el verano

Aralar contará con una nueva casa forestal para este verano. Así lo ha anunciado el presidente de Aralarko Elkartea, Patxi Xabier Errazkin. Según el proyecto diseñado por el arquitecto Iñaki Urbia será construida con madera de 206 árboles de Aralar y se levantará en el espacio que ocupaba la anterior y mantendrá las funciones para las que fue creada la infraestructura. Será una bioconstrucción aislada con lana de oveja de la sierra y seguirá la filosofia de la economía circular. La casa forestal será un edificio de 60 metros cuadrados, donde el guarda forestal tendrá su oficina. Además la bioconstrucción tendrá una zona de atención, servicio y almacén. Así mismo se aprovechará el terreno donde se ubicaba el guardetxe para levantar esta nueva casa forestal. Además, desde la asociación Aralar se han puesto en contacto con la agencia de desarrollo de Sakana y el consorcio Plazaola porque está previsto que cuente con un punto de información de turismo de la sierra, Sakana y todo los que rodea a la vía verde del Plazaola.

Además, está previsto que se construya otro edifico que albergará un bar y un espacio donde se venderán productos de la zona, además de una sala de proyecciones audiovisuales para dar a conocer la historia de la sierra de Aralar.

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