El parador del poeta

El parador del poeta

El Monasterio de Veruela, popularizado por Bécquer, se sumará esta primavera a la red de paradores después de doce años de obras

BORJA OLAIZOLA

El Monasterio de Veruela, un imponente cenobio cisterciense situado en las faldas del Moncayo que está a dos horas y media de coche de San Sebastián, abrirá esta primavera sus puertas como parador de turismo después de doce años de obras. El nuevo establecimiento, que tendrá 90 habitaciones, nace con vocación de dinamizar una comarca no demasiado conocida que esconde un amplio abanico de sorpresas para sus visitantes. Veruela, cuyo nombre se asocia al poeta Gustavo Adolfo Bécquer gracias a su libro ‘Cartas desde mi celda’, escrito durante una convalecencia en el cenobio, se convertirá en el establecimiento número 96 de la red de Paradores.

El monasterio aragonés, situado a escasos kilómetros de Borja, es uno de los ejemplos de la arquitectura cisterciense mejor conservados de la península. Abandonado en 1835 por los monjes del Císter como consecuencia de la desamortización, fue convertido en una hospedería unos años más tarde y se transformó en uno de los lugares preferidos de veraneo de la alta sociedad. Fue en esa época cuando acogió a Bécquer, enfermo de tuberculosis, que se inspiró en sus paisajes y su arquitectura a la hora de escribir una de sus obras más populares.

Veruela fue cedido en 1877 a la Compañía de Jesús. Los jesuitas lo convirtieron en un centro de formación al que acudían novicios del norte de España. Muchos guipuzcoanos y navarros que se propusieron seguir lo pasos de Ignacio de Loyola pasaron por sus aulas. El pamplonés Ricardo Sada, que ahora ejerce de párroco en Tudela, fue uno de ellos: «Llegué a Veruela en 1957, en el monasterio no había comodidades de ningún tipo pero tengo un recuerdo maravilloso de aquellos años». Sada vivió la época de oro en lo que se refiere a las vocaciones sacerdotales. «Solo en Veruela estábamos casi doscientos novicios cuando ahora no hay más de diez en todo España», evoca con cierta nostalgia.

La crisis de las vocaciones vació el monasterio y los jesuitas lo abandonaron en 1975. Desde entonces estaba bajo la tutela de la Diputación de Zaragoza. La excelente factura arquitectónica de Veruela y su privilegiada ubicación, a orillas del río Huecha, hacían del cenobio un candidato aventajado para su transformación en establecimiento hostelero. El Gobierno central decidió convertirlo en un parador nacional en 2006. Las obras se pusieron en marcha en 2008 y están a punto de acabar después de una inversión próxima a los 19 millones de euros. El establecimiento dispone de todo tipo de comodidades e incluso incorpora un aparcamiento subterráneo para que los automóviles de los huéspedes no quebranten la armonía paisajística del lugar.

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