El valle de las lamias en Mundaka

Las generosas tierras de Urdaibai fueron en un incierto tiempo lejano una de las moradas preferidas por estas sirenas de tierra adentro y otros genios mitológicos

El valle de las lamias en Mundaka
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Existen incontables rincones en las tierras vascas cuyo nombre recuerda un pasado vinculado a las lamias, las hadas de la mitología vasca. Uno de ellos es Lamiaran, en Mundaka. Y es que las generosas tierras de Urdaibai fueron en un incierto tiempo lejano una de las moradas preferidas por estas sirenas de tierra adentro y otros genios mitológicos. No es de extrañar, porque el mar y la tierra se alían aquí para crear el mayor paraíso natural de la costa vasca. Nos proponemos descubrirlo, no sólo a pie, sino también desde las siempre mágicas ventanillas del tren.

Datos

Provincia:
Bizkaia
Dificultad:
Fácil
Modo:
A pie
Temporada:
Verano
Duración:
2 h
Distancia:
7,82 km

1.- Playa de Laidatxu

Punto de partida

Una entrañable ruta, señalizada en blanco y amarillo, por Lamiaran, el valle de las lamias, comienza en la playa de Laidatxu de Mundaka. Desde aquí y por el arcén protegido llegamos hasta el camping Portuondo, que atravesamos siguiendo el camino descendente hasta llegar al riachuelo que separa Mundaka de Sukarrieta. Subimos la cuesta hasta llegar a la carretera general, que cruzamos con precaución para seguir de frente por una carreterilla vecinal que comienza junto al caserío San Antón. Entre frondosas, llegamos al caserío Ilunpe.

2.- Caserio Ilunpe

Km 1,98 >

Continuamos por sendero ascendente hasta desembocar en una pista forestal. Giramos a la izquierda para llegar en pocos pasos hasta el camino vecinal del barrio de Munitiz. Giramos ahora a la derecha, en dirección al monte Katillotxu. El camino nos lleva hasta el caserío Abaroa Goikoa y continuamos a la derecha por una pista forestal que nos lleva por la ladera del monte hasta un depósito de aguas. En un nuevo cruce tomamos la pista de enfrente, que nos lleva hasta otra bifurcación donde giramos a la derecha para caminar entre caseríos.

3.- Caseríos

Km 4,62 >

Un agradable paseo entre casonas nos lleva a otro cruce donde hay una vieja parada de autobús escolar. Giramos a la izquierda. El recio caserío Solaguren aparece pronto ante nosotros, que llegamos de nuevo a un cruce; esta vez de cuatro caminos. El segundo a mano derecha nos lleva hasta las ruinas de la ermita de Lamiaran. Una vieja leyenda cuenta que muy cerca, el dueño de un caserío dejaba cada día a las lamias un kaiku lleno de leche. Ellas se lo devolvían lleno de oro. Pero un día, el campesino llenó el kaiku con excrementos, a lo que las lamias respondieron con una terrible maldición que pesa aún sobre los hombros de sus herederos. Entre bellas panorámicas, el camino se torna descendente y, tras rodear un pinar, encontramos un nuevo cruce donde tomamos la pista de la derecha. Entre caseríos, llegamos en pocos minutos hasta la gasolinera de Mundaka.

4.- Gasolinera

Km 6,90 >

Cruzamos con sumo cuidado la carretera para tomar los caminos que descienden hacia el puerto de Mundaka. Sólo resta un agradable paseo urbano para regresar en pocos minutos al punto de partida.

5.- Playa de Laidatxu

Km 7,82 >

De interés

Restaurante Casino:
Kepa Deuna, 1; Mundaka. Tel. 946 876 005
Asador Portuondo:
Portuondo auzoa; Mundaka. Tel. 946 876 050
Hotel Mundaka:
Florentino Larrinaga, 9; Mundaka -Tel. 946 876 700
Casa Rural Iturbe:
Barrio Altamira; Busturia - Tel. 636 328 135
Urdaibai en tren:
La visita se realiza en tren convencional. Circulan cada media hora en ambos sentidos
Oficina de turismo de Mundaka:
Kepa Deuna s/n; Mundaka. Tel. 946 177 201

Cómo terminar el día

Urdaibai desde el tren

La más apasionante de las vías férreas de Euskadi discurre entre Gernika y Bermeo, convirtiendo el tren en un autentico mirador móvil sobre la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. En cuanto abandona Gernika, el convoy de Euskotren nos invita a relajarnos y dejar volar la vista por la ventanilla. La ría parece vestirse de gala a nuestro paso, mientras descubrimos un auténtico paraíso natural. Arenales que aparecen y desaparecen al ritmo de las mareas, marismas que esconden una enorme biodiversidad y pastos siempre verdes junto a caseríos centenarios sirven de telón de fondo para un viaje que siempre resulta demasiado corto. Conforme se acerca la desembocadura del estuario, los horizontes se abren. Entre Mundaka y Bermeo, el tren deja atrás la ría para abrirse paso entre acantilados asomados al Cantábrico. La vista vaga sin rumbo, disfrutando del baile de las olas. Pero hay algo que llama nuestra atención. Varada frente a la desembocadura, como si se tratara de un enorme pedrusco arrastrado por la fuerza del agua, se recorta la isla de Izaro. Hoy islote deshabitado y batido por lo vientos, acogió un convento franciscano hasta que en el siglo XVI fue arrasado por Sir Francis Drake, un temible corsario inglés que convirtió Izaro en leyenda.

Mundaka, alma marinera

En la desembocadura de la ría de Mundaka, este viejo pueblo pesquero rebosa de encanto marinero. El casco urbano está presidido por la iglesia de Santa María, un templo del siglo XVI a cuyos pies se extiende una maraña de estrechas callejuelas con olor a salitre. Un paseo por ellas permite descubrir el bellísimo calvario de Kurtzio, del siglo XVII, frente al que se erige el palacio de Kurutziaga. La que fuera casa de postas en otro tiempo, conserva interesantes pinturas en la parte superior de la fachada. No lejos de allí, junto al polideportivo, arranca una estrecha vereda que lleva hasta la ermita de Santa Catalina. Encaramado en lo alto de un promontorio asomado al Cantábrico, este santuario se encuentra sometido a los más feroces envites meteorológicos. Quizás por eso, cuando las olas se calman y los vientos del norte dejan de soplar, se trata del lugar preferido por los vecinos de Mundaka. Es entonces cuando se disfruta desde aquí de una inmejorable vista sobre el cercano cabo Ogoño, el acantilado más imponente de toda la costa vasca. A sus pies y sobre los arenales de Laida, surfistas llegados de toda Europa cabalgan incansables sobre las olas para convertir Mundaka en una auténtica meca del surf.

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