Monstruos de piedra vigilan

En el entorno de Araotz, valle barrancoso cargado de leyendas kársticas, todo se nombra a partir de la roca: ‘Aitzulo’, ‘Arrikrutz’

Monstruos de piedra vigilan
Begoña del Teso
BEGOÑA DEL TESO

Paraíso para recorrer y abrir vías en la roca, en todas sus paredes naturales se detectan los agarres metálicos y las cuerdas de quienes, con ‘pies de gato’ trepan a mano descubierta por piedras casi tan antiguas como el Tiempo mismo. Fama bien ganada acumula su escuela de escalada con más de 200 vías y estilos muy variados según rutas y sectores: vías con paso de bloque, escalada técnica sobre regletas y laterales, fuerza y resistencia sobre chorreras... Hay un puñado de webs que sitúan al aficionado. Una podría ser la misma climbingaway.fr y otra, precisa y enamorada de estas peñas y estos monumentos construidos por la Naturaleza durante milenios podría ser igualmente Escalibur.eu.

Planea el buitre, el león duerme

Frente al imponente macizo donde alguien empotró la ermita en honor a San Elías, ‘Sandaili’ en el euskera kárstico de este barranco, planean los buitres magníficos. Ejemplares jóvenes que están en tiempo de cortejo y ya construyen sus nidos en las oquedades, ya vuelven a retomar el vuelo pues a veces hasta para ellos, reyes del aire, resulta difícil encajar su cuerpo en el hueco preciso, aferrarse a él con sus soberbias garras. Rectifican la dirección con su navegador natural y acaban entrando en lo que será su hogar cuando nazcan los polluelos. Bien situado está. Sobre la montaña rocosa, sobre el desplome inmenso, no lejos del riachuelo y los plantones de retoños de frutales, se encuentra un muladar lleno de cuerpos de ovejas y vacas muertas con las que las hermosas rapaces necrófagas se dan festines altamente ritualizados y jerarquizados. Así, solo en momentos de escasez o nieve acometen los ‘gips fulvus’ la exquisita caza de presas vivas, mochelos, roedores. De esa despensa natural se vislumbra el entramado preparado para las excavaciones que ya propiciaron el hallazgo del esqueleto del león cavernario y restos de panteras y osos, primeras criaturas de esta tierra mágica.

La piedra es la protagonista en el paraje. / LOBO ALTUNA

Paraíso de la espeleología, a la cueva de Arrikrutz se le ha llegado a llamar ‘la catedral kárstica’ y en muchos tramos de esta aventura los arneses de los escaladores se mezclan con los cascos, botas y linternas frontales de los exploradores subterráneos. Subacuáticos incluso pues hay decenas de ríos interiores en este reino creado, precisamente, por, entre otras armas de la Naturaleza, la acción del agua.

Paraíso para paleontólogos. No por nada en la ya citada catedral anterior a todas las catedrales se han hallado restos de animales cuya sola evocación produce temblor y apasionamiento: rinoceronte lanudo, ciervo gigante, hiena de las cavernas, ‘Panthera leo spelaea’... De hecho, si los lectores se fijan bien en la foto de este reportaje tomada en el interior de la cueva de Sandaili, fácil sería imaginarse frente a la sombra humana la presencia de un monstruo de piedra y poderosos flancos traseros que, como hace el gigante Atlas con el mundo, sostiene sobre su gigantesco lomo el techo de esa caverna en la que, a buen seguro, habitaron humanos milenios antes de que no lejos de allá, en el caserío Agirre Garaikoa naciese Francisco Elorza, general isabelino, ingeniero sin igual, referencia de cualquier estudioso de las armas. Y de la economía asturiana pues dirigió la Fábrica deArmas de Trubia y sus propuestas hicieron cambiar el rumbo de la industria metalúrgica tanto estatal como local. Su busto contempla desde la fachada principal de su casa el camino que avanza hacia la ermita de Santikurutz, a 750 metros de alturasobre el collado de Ugastegi. La ermita, recoleta y rectangular está construida sobre una loma que delimita Oñati y Aretxabaleta. Por ahí se llega a las campas de Degurixa y a la sierra de Elgea. O se hace cumbre en el Andarro.

Hay estudios que relacionan a la mítica ermita de Sandaili con el culto a Santa Ylia

En el núcleo de Araotz un bolatoki en cuesta, frontón, iglesia, la casa del abade y el ‘Saloia’

Pero la de Santa Cruz es la ‘otra’ ermita de este valle situado en los abajos de las sierras de Aizkorri, Elgea y Zaraia. La más mítica es la tantas veces citada de Sandaili. Muchos dirán que se llama así en honor de San Elías, que no es otro que el profeta tremendo del Antiguo Testamento pero hay estudios que la relacionan con el culto protocristiano a Santa Ylia que ocultaba el de una divinidad mucho más arcaica, Yvulia.

Sea como fuera, verdad es que el agua que fluye por los ríos ocultos del lugar se recoge en una pileta donde las mujeres se introducían en demanda de fecundidad. Sea como sea, hoy en el entorno de la cueva, entre la antigua casa de los guardeses, la ermita, la pila, el monstruo pétreo y la senda que avanza hacia interiores subterráneos aparecen restos de una mitología político social muy reciente: alguna lata de Coca Cola , papel de chocolatina y dos pintadas muy datadas: ‘Gora ETA (M)’, ‘Bildu traidorea’. A su lado, una impresión grafitera relativamente ácrata: ‘malestar general’.

Paraíso para quienes sienten la atracción del vacío. A partir de la hermosa casa Errotaberri empieza la subida hacia el gran ojo de piedra de Aitzulo que parece desplomarse en caída libre y vertiginosa hacia el fondo del mundo. Subida por terreno pedregoso (siempre ‘haitz’ (roca), siempre ‘arri’ (piedra)...). Subida en la que se oye el tamborileo en los árboles de ese pequeño carpintero que es el trepador azul o el graznido insistente del arrendajo y levanta el vuelo un aguilucho. Se pasa por una borda protegida por un eguzkilore (como lo están los caseríos de Lurgorrieta), se escuchan los cascos de un caballo solitario y casi libre y entre los riscos puntiaguados se ve el esqueleto de un macho cabrío negro recién despeñado. Lejos, en el núcleo ‘urbano’ de Araotz, dos perros perdigueros descansan junto a la iglesia y el local social ‘Saloia’ anuncia que abre los sábados tras la misa de la tarde y los domingos, para el vermú, tras la del mediodía.

De cómo la ira del rey llegó a ser más terrible que la cólera de Dios

Aunque según el cronista del XVI Ibargüen-Cachopín Lope de Agirre podría haber nacido en Aramaio, el resto del orbe sabe que era oriundo de este valle y de sus casas de piedra caliza y arenisca. Tiene en Oñati calle nombrada. Como la tiene (diciéndole ‘El Conquistador’) en sitios tan dispares como Roquetas de Mar, Torre Pacheco, Pozo Estrrecho (Murcia) o Vitoria. Se piensa que tal vez, las ruinas que se ven nada más comenzar a subir al barrio de Agerre en Araotz, a unos pasos del caserío Agirre Behekoa, puedan ser las piedras sillares de su hogar. Hogar mandado no solo derribar sino destruir por el rey Felipe II. Hasta que no quedara pared, viga, travesón, techo o mamposteria en pie. Feroz fue la ira del monarca ante el que se había rebelado el no menos fiero y agreste Lope con hazañas, ensoñaciones y actos de extrema crueldad y valentía. Ora asesino ora criatura cuyas huellas han llegado a convertirse en objeto de culto. Pasa así en el llamado ‘Salto de Aguirre’ de la selva venezolana donde sobre una piedra grabó símbolos cuyo significado él y los suyos se llevaron al Más Allá. Según Bolívar, Lope fue el primer libertador de América. Felipe II ordenó que su cadáver fuera desmembrado, sus restos esparcidos y su casa arrasada.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos