Artxueta, El discreto guardián de Aralar

Ascensión a esta cima de 1.343 metros fácil de identificar por sus antenas, que deslucen esta cumbre con magníficas vistas de sus valles

Artxueta, El discreto guardián de Aralar
ELISA BELAUNTZARAN

Fiel a su Arcángel, discreta pero imponente, Artxueta permanece atenta a cualquier movimiento que se produce en torno al santuario de Aralar y calla todos los secretos acontecidos a su alrededor a lo largo de siglos y siglos de historia. Artxueta (1.343 metros) es un monte querido al que se acercan un buen número de mendizales una, dos o muchas veces al año para poder sentir la belleza en estado puro de las vistas que ofrece de la línea de Urbia con Beriain y su ermita de San Donato. Incluso, desde su punto más alto los días despejados en los que el cielo azul se muestra imponente y no hay casi bruma se pueden reconocer muchas cimas de la geografía vasca hasta los Pirineos.

Hoy Artxueta es tristemente reconocible por las cantidad de antenas de comunicación que pueblan su cima.

Afeada hasta la saciedad por torres de hierros, repetidores y antenas parabólicas no perdemos la oportunidad de subir hasta ella. Una opción es subir desde el bonito pueblo de Madotz, muy cerca de Lekunberri, con sus enormes caseríos tan característicos y hermosos en el valle de Larraun.

La ruta

Partimos dejando atrás la pequeña iglesia del concejo navarro, siguiendo una pista de cemento a mano izquierda que nos lleva a un silo donde hay una fuente. Poco a poco avanzamos por la pista hasta llegar a una senda que nos acerca a un portillo mientras comenzamos el ascenso. Sin darnos cuenta llegamos al hermoso valle de Ata, donde el silencio es interrumpido por el canto de los pájaros. Seguimos por el centro del valle donde a mano izquierda tenemos el cordal de Soroaundi y a mano derecha las cimas de Irumuga 1.050 m., Eguerdiko Muinoa 1.124 m y Akier de 1.107 m.

Seguimos adelante pasando por la conocida piedra de Roldán que, como en muchos otros lugares, tiene su leyenda. Llegamos a un ‘aska’ o abrevadero, destinado para los animales que campan a sus anchas por los pastos de la sierra, donde vemos una pista que se va a la izquierda y conduce a la carretera que desde Uharte Arakil sube al santuario de San Miguel. Seguimos el camino hacia el centro del valle dejando una pista a la derecha y pronto se llega a una alambrada tras la cual alcanzamos una pequeña regata.

Tras pasarla seguimos las marcas de amarillo y blanco que hay en los árboles y que nos han de conducir entre bonitos parajes de hayas al santuario de San Miguel de Aralary de aquí a la derecha en suave ascenso a la cima. De camino a nuestro objetivo nos encontramos el montículo de piedras que cuenta la leyenda popular formó uno de los religiosos que residieron en el santuario de Aralar y acudía a diario a Madotz a realizar aguna gestión. Al parecer, a su paso por el lugar depositaba una piedra hasta formar un buen montón que ha ido creciendo porque la tradición de colocar una piedra en el mismo punto continúa entre los mendizales de camino al santuario.

Una vez en ella solo queda disfrutar de las vistas, del silencio, del viento cuando no sopla con fuerza y los días en los que una esponjosa nube cubre el valle de Burunda y Sakana o Barranca, mientras enfrente Urbia se muestra desafiante. Un lujo.

Roldán y la gran piedra

Bajo Artxueta, se encuentra el precioso Valle de Ata. Un lugar idílico atravesado por un camino de tierra y rodeado por bosques de hayas en los que solo se escuchan los cantos de pájaros o el silbido del viento. Un paraje escondido en Aralar que invita a descansar sintiendo esa paz que la inunda y quién sabe, en un buen sueño nos permitiera viajar en el tiempo hasta aquellos años en los que los gentiles poblaban el territorio vasco.

Guía

Acceso:
Para llegar a Madotz se debe llegar por la A-15 a Lekunberri. Allí dirigirse por el cruce al santuario siguiendo la NA-7500 (9,5km). Para Uharte-Arakil en Irurtzun hay que abandonar la A-15 y tomar la autovía de Sakana, A-10.
Tiempo:
Ascender desde Uharte Arakil (2h 30 min). Madotz (2.15 horas).
Dónde comer:
El santuario tiene un buen restaurante con una carta y mejor atención.

Cuenta la leyenda que en el prado de Ata se halla una peña llamada Errolan-arriya ‘la piedra de Roldán’. Es una piedra alta de tres metros metida parcialmente en el suelo. Hay quien la considera un menhir. Los expertos destacan que tiene una figura antropomorfa y situándose en una región dolménica se podría tratar de estatua funeraria y primer eslabón en la cadena evolutiva de las estelas discoidales de Vasconia. Cuentan que esta piedra fue lanzada por Roldán contra el pueblo de Madotz desde el alto de San Miguel de Excelsis; pero, habiéndosele enredado la ropa en el brazo, sólo pudo darle impulso bastante para salvar la mitad de la distancia que le separaba de aquel pueblo. La piedra cayó en el precioso Valle de Ata.

La parte visible de este menhir es de 1.30 m. aunque aseguran que la longitud total es de 3. En un lateral hay unas muescas que, según la leyenda, las dejaron las uñas del gigante. Diversos estudios apuntan que la figura de Roldán fue una de las más importantes y representativas dentro de todo el corpus épico-legendario que circuló por Europa a lo largo de la Edad Media. Consideran que es improbable que el joven sobrino de Carlomagno existiese en la realidad, al menos tal y como lo presentan los documentos literarios que durante siglos celebraron sus hazañas; pero el caso es que su supuesta muerte, en plena juventud, en su empeño por defender la retaguardia del ejército de su tío en los temibles estrechos pirenáicos de Roncesvalles, fue cantada y exaltada en toda Europa, e incluso en latitudes americanas.

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