Bidasoa, país de contrabandistas

El valle del Bidasoa y la desembocadura del río han sido escenario habitual de estraperlo y lugar de tránsito ilícito de bienes, animales e incluso de personas. Ahora, se pueden revivir aquellas andanzas

Uno de los puentes que atraviesa el río Bidasoa. /DE LA HERA
Uno de los puentes que atraviesa el río Bidasoa. / DE LA HERA
ION M. TAUS

En tiempos de necesidad y escasez, la 'ley' siempre ha pasado a ser algo secundario frente a ganarse el jornal. Más aún en zonas, que por su localización, dan pie a poder ganar un dinero o a conseguir productos a mejor precio mediante métodos clandestinos. Esto suele ocurrir en la mayor parte de las fronteras, y en la que ocupa el Valle del Bidasoa y la desembocadura del río como separación entre España y Francia, el tránsito fuera de los cauces legales de bienes, animales e incluso personas ha sido habitual, que se sepa, desde que la 'muga' fue delimitada.

'El país del Bidasoa', como lo denominó Pío Baroja, ha sido, desde la era de los romanos hasta hoy, centro neurálgico del comercio, y el contrabando allí surgió debido a unos condicionantes históricos, sociales y geopolíticos bastante concretos que convirtieron la comarca en un lugar idóneo para la práctica de esta actividad. En primer lugar, las fronteras allí se impusieron de forma poco natural en función de los intereses económicos y políticos de Francia y España, partiendo en dos países la «unidad cultural y etnográfica» que se daba, tal y como explica como explica el geógrafo Joan Capdevila i Subirana. Aún así, no resultó fácil delimitarlas. Hubo que esperar casi 150 años tras la conquista del Reino de Navarra en 1512, hasta el Tratado de los Pirineos firmado en 1659 en la Isla de los Faisanes, que considera la cadena montañosa «la división entre los dos reinos». Sin embargo, la frontera no quedó marcada hasta el Tratado de Baiona de 1856, cuando se colocaron 272 mojones fronterizos.

En buena parte de las familias del Bidassoa circulan historias de bisabuelos y abuelos que hicieron sus pinitos con el estraperlo

Desde entonces, el desarrollo económico y la política tributaria tan diferentes que han llevado España y Francia ha dado pie al comercio ilícito entre ambos países. A esto se une las situaciones de escasez y necesidad en años de posguerra, así como los climas represivos vividos en ambos países, tanto durante la dictadura de Franco en España, como en los años de la Francia ocupada por los nazis. Todo ello se convirtió en el caldo de cultivo perfecto para una actividad justificada y comprendida por la sociedad, aunque perseguida y castigada por las autoridades.

Probablemente, el periodo en el que el contrabando estuvo más extendido fue el de las décadas posteriores a la Guerra Civil española. De hecho, en la mayor parte de las familias del Valle del Bidasoa, incluso de Irun y Hondarribia, circulan historias de bisabuelos y abuelos, hombres y mujeres, que hicieron sus pinitos con el estraperlo. Algunos simplemente por necesidad, mientras que otros hicieron buenas fortunas con el contrabando. Durante esas décadas la gran mayoría del tránsito se realizaba de Europa a la Península. Un método de realizar el paso de la frontera era mediante camuflaje en todo tipo de vehículos, se trasladaban las mercancías desde Francia, sorteando los puestos de aduana y de control de mercancías. El otro sistema se realizaba de noche, conocido como 'gau lana', se realizaba a pie o con caballos por sendas de montaña, o con pequeñas embarcaciones en la costa y bahía de Txingudi, hasta lugares seguros. 

Se traficaba con productos en los que hubiese gran diferencia de precio entre países o bien no existiese por escasez o prohibición

Para burlar a las autoridades, los contrabandistas utilizaban todo tipo de tretas, como señalizar los caseríos con banderas o sábanas cuando la Guardia Civil se encontraba cerca. Además, solían utilizar zuecos de madera con los que calzaban sus pies, en los que en la suela iba tallada el pie al revés, de tal forma que la Guardia Civil que descubría aquellas huellas que iban, lo que realmente tenían delante eran unas huellas que volvían. Además se utilizaban zuecos que dejaban huella de herradura, o de pezuña de vaca.  

En cuanto a los productos con los que se traficaba, podía ser cualquier mercancía que tuviese gran diferencia de precio entre Francia y España y diese margen de beneficio, o bien no existiese por escasez o prohibición. Podía ser pan, azúcar, pescado, café, perfumes, ganado, maquinaria industrial, tabaco, bebidas, ropa, preservativos, pequeños electrodomésticos, oro, todo valía. Incluso personas, como huidos de la Guerra Civil española como comunistas, nacionalista, makis...o de la Segunda Guerra Mundial, judíos o pilotos de aviación caídos.

Revivir la ruta del contrabandista

Hoy en día, con la llegada del mercado comunitario europeo y la desaparición de las fronteras y aduanas, el contrabando ha quedado como un recuerdo del pasado en el Bidasoa. Sin embargo, hay opciones para revivir los trayectos que realizaban los antiguos estraperlistas por la zona.

Una de ellas la ofrece la Senda de los Contrabandistas del Bidasoa, organizada por Kontrabandistak S.I.. Se trata de una travesía circular por etapas, en la que a pie o en bicicleta de montaña, discurre por senderos de montaña que tuvieron gran importancia en el contrabando a mediados del siglo XX, no sólo por la frontera franco-española, sino también por puntos del interior donde existían controles en dirección a las ciudades.

La ruta a pie sale desde Hondarribia y pasa por Aritxulegi, Arantza, Labaien, Ziga, Erratzu y Etxalar. Discurre por espacios naturales protegidos de gran interés como los humedales de Txingudi, el Parque Natural de Aiako Harria, los montes de Artikutza, el Area Natural de Leurtza y el LIC de Belate, la turbera de Larrun o las cimas de Bianditz, Mendaur, Saioa, Auza, Alkurruntz y Larrun. Durante el recorrido además se pueden encontrar hitos de la presencia humana desde la prehistoria (megalitismo), la romanización (minería) y la Edad Media (caseríos y palacios), hasta tiempos recientes.

La Senda de los Contrabandistas se apoya en una red de alojamientos ubicados en pequeños núcleos rurales o próximos a enclaves naturales del valle del Bidasoa, para reponer fuerzas al finalizar la etapa, disfrutar de gastronomía local y conocer mejor la zona. Esta red de alojamientos está formada por albergues turísticos, casas rurales y apartamentos turísticos.

Información

A PIE:
176 km (7 etapas) y 9.535 mt de desnivel acumulado
Precio 7 etapas (a pie):
335 €
EN BTT:
224-211 km (4 ó 7 etapas) y 6.400 / 5.360 mt de desnivel.
Precio 4 etapas (BTT)
225 €
Información y reservas:
http://www.kontrabandistak.com

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