Todo un mundo bajo tierra en Oñati

Mitología y tradición se funden en uno de los últimos valles secretos de la montaña guipuzcoana. Se trata de Araotz, un pequeño barrio rural cercano al santuario de Arantzazu donde el tiempo parece detenido

Todo un mundo bajo tierra en Oñati
EL DIARIO VASCO

Mitología y tradición se funden en uno de los últimos valles secretos de la montaña guipuzcoana. Se trata de Araotz, un pequeño barrio rural cercano al santuario de Arantzazu donde el tiempo parece detenido. Caseríos centenarios pueblan este mundo siempre verde, salpicado por ermitas que funden los rituales cristianos con antiguos ritos paganos. En este lugar donde todo parece convivir en armonía, se abren las fauces de las entrañas de la Tierra. Sus inquietantes galerías y extrañas formaciones rocosas quedan al descubierto en una ruta por el fascinante entorno de Araotz.

Datos

Provincia:
Gipuzkoa
Dificultad:
Media
Temporada:
Primavera
Duración:
3 h
Distancia:
8,90 km

1.- Araotz

Punto de partida

Una excursión mañanera por este entorno mágico comienza en la plaza del barrio de Araotz, junto a la iglesia de San Miguel. Las señales blancas y amarillas, que nos guiarán a lo largo de todo el recorrido, nos llevan cuesta abajo por un antiguo camino. Tras un corto tramo por carretera, llegamos a un crucero donde nos desviamos a la izquierda. Pocos metros más allá encontramos a un arroyo, que cruzamos por un puente de piedra para subir por sendero hasta el barrio de Zubia.

2.- Zubia

Km 0,78 >

Las señales nos guían entre casas hasta un camino que asciende sin tregua. Llegamos así a un pinar donde aparece un cruce. Giramos a la derecha para seguir subiendo. Tras pasar junto a una borda solitaria, un tramo entre rocas y abundantes matorrales nos lleva hasta la impresionante cueva de Aitzulo.

3.- Aitzulo

Km 2,13 >

De fauces descomunales y visita sencilla, Aitzulo es uno de los lugares más singulares de la geografía vasca. Impresionante catedral natural, esta cueva es en realidad un gigantesco túnel que se asoma al valle en caída vertiginosa. El lugar merece una visita relajada antes de continuar la ruta, que gira aquí a la izquierda y sube durante 15 minutos más. Al llegar al alto, el camino, apenas unas rodadas, se desdibuja, pero buscamos a la izquierda un pequeño embalse. Lo rodeamos y continuamos por el canal de acometida de aguas. Su enlosado de hormigón evita toda pérdida y nos permite disfrutar de una hermosa panorámica. Este recorrido nos lleva hasta las campas de Ugastegi, donde vemos una borda.

4.- Ugastegi

Km 5,40 >

Un cruce de pistas en pleno collado nos ofrece varias posibilidades. El camino a tomar para el regreso es el de la izquierda, de hormigón, pero antes podemos ascender hasta la ermita de Santa Kruz, que se recorta sobre una colina cercana. La misma pista permite dar un pequeño rodeo hasta un viejo horno de cal bastante bien conservado. Siguiendo la ruta, comenzamos un fuerte descenso que nos lleva frente al caserío Agerre, de fachada blasonada. Frente a él, nos desviamos por un camino alfombrado de hierba que nos lleva al encuentro de los caseríos centenarios de Aizkorbe. Desde ellos, sólo resta una corta bajada por asfalto para regresar al punto de partida.

5.- Araotz

Km 8,90 >

De interés

Restaurante Sindika:
A pocos metros del santuario de Arantzazu. Tel. 943 781 303
Hospedería de Arantzazu:
En el santuario. Tel. 943 781 313
Hotel Sindika:
Junto al santuario de Arantzazu - Tel. 943 781 308
Arregi Nekazalturismoa:
Garagaltza, 19; Oñati - Tel. 943 780 824 - www.casaruralarregi.es
Oficina de turismo de Oñati:
San Juan, 14 - Tel. 943 783 453
Cuevas de Arrikrutz:
Abiertas de martes a domingo en horario variable - Tel. 943 082 000

Cómo terminar

De Sandaili a Arrikrutz

Colgada de las inexpugnables paredes del desfiladero que abre el camino al solitario valle de Araotz, la cueva de Sandaili ha sido desde la noche de los tiempos uno de los destinos de culto pagano más importantes del País Vasco. Una sencilla ermita custodia la gruta, donde las mujeres que buscaban descendencia se bañaban en el pilón que recoge las aguas que manan de las estalactitas. Para visitar la gruta de Sandaili debemos aparcar en los apartaderos situados junto a la presa de Urrexola, en pleno desfiladero de Jaturabe. Un sendero trepa en pocos minutos hasta la ermita. Muy cerca, en el fondo del valle, la cueva de Arrikrutz extiende sus galerías a lo largo de 15 kilómetros. Un recorrido turístico habilitado con mucho gusto permite descubrir este complejo subterráneo en el que el visitante se siente como en el vientre de un gigantesco animal. El paseo por la gruta entremezcla interesantes hallazgos arqueológicos con magistrales lecciones de geología, al mismo tiempo que nos descubre salas grandiosas y formaciones de gran belleza. El acceso a las cuevas se encuentra señalizado en la carretera que une Oñati con el santuario de Arantzazu.

Arantzazu, montaña y devoción

En un paraje perdido de la montaña guipuzcoana, entre formaciones kársticas y picachos rocosos de imponente belleza, la virgen se le apareció a un pastor hace ya mucho tiempo. En este barranco se ha ido configurando desde el siglo XV uno de los principales centros espirituales del País Vasco. La actual basílica, obra de Francisco Saez de Oiza y Luis Laorga, se construyó en los años cincuenta. El conjunto constituye el mejor exponente del arte vasco contemporáneo. En él destacan las esculturas de la fachada, obra de Jorge de Oteiza, las puertas de la basílica, de Eduardo Chillida y las pinturas de la cripta, que realizó Nestor Basterretxea. En su interior se guarda una imagen de Santa María del siglo XIII. Su situación al pie del Parque Natural de Aitzkorri es una magnífica invitación a descubrir algunos de los parajes más indómitos de la geografía vasca. Son muchas las rutas que parten de aquí, algunas de ellas señalizadas y otras que siguen caminos ancestrales; unas para montañeros avezados y otras para paseantes de domingo. Todas ellas tienen un nexo de unión: la belleza de un entorno donde el hayedo y la piedra caliza se funden en armonía para ceder el testigo, montaña arriba, a las amplias praderas y las inexpugnables cumbres rocosas del macizo de Aizkorri.

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