Praga, una ciudad de cuento

La capital de la República Checa fascina desde tiempos inmemoriales con su aire medieval y se presenta como un excelente plan para Semana Santa

Praga, una ciudad de cuento
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

Va a ser difícil resumir en esta doble página el encanto de Praga. Se nos antoja harto complicado condensar en unos cuantos párrafos la hermosura de una de las ciudades más bellas de Europa. Medieval, coqueta, monumental... Dispone de un castillo impresionante, seguramente el puente más bonito que usted vaya a conocer nunca, vida en las calles, muchos monumentos, paisajes embriagadores, plazas acogedoras y ese aire romántico que sorprende en cada esquina. La habíamos conocido hace veintitrés años pero como la nostalgia suele ser un error, esta nueva visita nos ha servido para actualizar nuestra impresión. ¿Es la ciudad más hermosa de Europa? Ahora que la Semana Santa está aquí, tienen una buena oportunidad para descubrirla.

Desde luego, pocas pueden competir con esa postal que une el puente de Carlos IV con el castillo y la catedral de San Vito, con esas agujas que retan al cielo. Pocas pueden presumir de una bellísima arquitectura en sus edificios. Quizá Viena y sus palacios estén a la altura y también Budapest ofrece un paseo al lado del río encantador, pero Praga tiene, no sé, un aroma pintoresco. Pintoresco, ése es el adjetivo. Se trata de una ciudad colonizada por cúpulas, torres y arcos góticos, donde el patrimonio histórico se protege con recelo.

Como sucede desde hace años en tantos rincones del mundo, el turismo de masas puede ser nuestro gran enemigo, de manera que al igual que ocurre por ejemplo en la naturaleza, madrugar puede ser una excelente idea para saborear los lugares sin la multitud. Así, podrán recorrer de cabo a rabo el puente de Carlos IV y observar todas sus estatuas (obras de arte) mientras se adentran en Hradcany, el barrio que acoge el castillo y la catedral de San Vito, símbolo del país. Una vez dentro de la muralla les aconsejo no perderse el callejón del oro, el Loreto y Novy Svet, una serie de callejuelas alejadas del mundanal ruido donde los artistas (casi siempre jóvenes que están empezando) persiguen su gran objetivo: la inspiración.

En la imagen superior, panorámica desde un recodo del río Moldava en la que se recoge el castillo y la catedral de San Vito con el puente de Carlos IV. Debajo, la plaza de la Ciudad Vieja en todo su esplendor. A la derecha, el puente de Carlos IV, siempre concurrido. / MIKEL MADINABEITIA

Una nueva visita en el lado occidental del río Moldava nos servirá para conocer Mala Strana, el barrio de los pudientes, donde las casas elegantes se llevan la palma (no se pierdan la calle Nerudova, imperial). Además, verán que en un rincón se yergue la colina Petrin, donde existe una réplica en miniatura de la Torre Eiffel, paseos por terreno verde y una vista interesante de la ciudad.

El comunismo marcó a esta ciudad y a su gente. Y hay un lugar aquí que refleja a la perfección esa ansiedad de libertad que tenían sus habitantes. Es el muro de John Lennon, algo escondido, donde han quedado escritos algunos sentimientos de los ciudadanos y muchos graffitis. Sin duda, ahora es un importante símbolo de esta urbe.

Stare Mesto es la parte vieja de la ciudad, cuyo centro neurálgico es la plaza, dominada por la iglesia de Nuestra Señora de Tyn y el ayuntamiento donde se ubica el célebre reloj astronómico. Cada hora salen a desfilar los famosos muñequitos, que hoy en día son fotografiados por los móviles como si no hubiera un mañana... La plaza, eso sí, es preciosa, amplia, rodeada de edificios interesantes y mucha gente (como sucede en Cracovia, Tallín, Venecia...). Detrás de la iglesia se halla Ungelt, una zona tranquila con un puñado de terrazas donde disfrutar de la dolce vita.

En Praga tenemos lo de muchas ciudades pero exhibidas como en ningún otro lugar

Josefov, por su parte, es el barrio judío, repleto de sinagogas donde se cuenta la historia sufrida por sus gentes. Sangre, sudor y lágrimas. No hay más que darse una vuelta por el cementerio para asimilarlo... Tremendo. La calle Parisdzka es la más elegante de la ciudad y comunica el río con la plaza vieja. De ahí salen calles peatonales siempre atestadas de souvenirs, tiendas, luces, gente, ruidos...

En cuanto a la comida, al igual que nos sucedió en Cracovia meses antes, es bastante económica. No así la bebida, cuyos impuestos encarecen mucho el precio final. Nos queda, eso sí, la posibilidad de inclinarnos por el vino por copas. Para mover el bigote me dejarán que les hable de dos sitios. Por un lado, en la zona del castillo tienen el restaurante U zlaté hrusky (la pera dorada), un local para degustar la cocina tradicional checa. Para los más clásicos, apunten este italiano: La finestra in cucina. El mejor de la ciudad. Huelga decir que los amantes de la cerveza están aquí en el paraíso. La tienen rica y barata (más barata que el agua, incluso). Pero como nosotros somos de vino...

En la imagen superior, la plaza de Wenceslao, repleta de gente y ruido. Debajo, quietud en el cementerio judío. A la derecha, Karlovy Vary es una ciudad balneario a poco más de una hora de Praga que sorprende al viajero con su arquitectura y filosofía pintoresca / MIKEL MADINABEITIA

Una de las clásicas excursiones para pasar el día estriba en visitar Karlovy Vary, el pueblo de los balnearios, uno de los más concurridos por la aristocracia europea y que cuenta en julio con un festival de cine. Pueden tomar un autobús en la estación de Florenç de Praga y en apenas dos horas estarán en un decorado continuo de casas de colores. Carlos IV contribuyó a edificar una leyenda que aún perdura y lo cierto es que el enclave está siempre a rebosar de gente que acude allí para solucionar sus problemas de reuma.

Hay varias columnatas impresionantes, una iglesia ortodoxa que nos recordará a la de San Petersburgo y un paseo a través del río siempre atestado de gente. Al fondo, el hotel Klupp y el restaurante Embassy, donde duermen y se alimentan las estrellas del celuloide.

Proponemos una excursión a la curiosa ciudad balneario de Karlovy Vary

No se extrañen si oyen mucho ruso por las calles, porque es un destino habitual para los más acaudalados. De hecho, vimos muchos carteles escritos en cirílico y una cantidad exagerada de negocios de la moda.

En definitiva, Praga forma ese trío de ases junto a Viena y Budapest. Tres ciudades que deben formar parte de su álbum de los recuerdos si aprecian el arte, la historia, el patrimonio y la arquitectura. Praga, en concreto, se ha convertido en la favorita de muchos. Y no nos extraña. De manera que, y no se crean que nos hemos olvidado de él, recurrimos a Franz Kafka, seguramente su ciudadano más universal, para apostillar este reportaje: «Cualquiera que conserve la capacidad de ver la belleza, no envejecerá nunca». Así volveremos de Praga, absortos de tanta hermosura. Es una ciudad de cuento.

Guía

Cómo llegar:
Vuelo directo con Czech Airlines desde Loiu los jueves y los domingos.
Cuándo ir:
Cualquier época del año.
Un hotel:
Eurostars Thalia (Národní, 313/13). Un hotel con todas las comodidades de la firma.
Comer:
U zlaté hrusky (Nový Svět, 3), en un rincón de Novy Svet, para degustar cocina tradicional checa. La finestra in cucina (Platnéřská, 90/13), un italiano de la parte vieja con clase donde come gente trajeada y turistas con gusto por la buena vida. Ideal para las celebraciones.

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