Petra, la ciudad perdida de los nabateos

Incluida entre las Siete Maravillas del Mundo en 2007, esta urbe abandonada con gran parte de sus construcciones talladas en la roca es la mayor atracción de Jordania

El Tesoro de Petra es el monumento más fotografiado por los visitantes./M.V.
El Tesoro de Petra es el monumento más fotografiado por los visitantes. / M.V.
Miguel Villameriel
MIGUEL VILLAMERIEL

Cuando el explorador suizo Johann Ludwig Burckhardt llegó al final del desfiladero que conduce a la ciudad de Petra y se encontró de frente con el esplendor del Tesoro, un templo de 40 metros de altura tallado en un bloque inmenso de roca arenisca, sintió que se quedaba sin respiración. Era 1812 y, en su largo periplo por Oriente Próximo, había escuchado muchas historias sobre una ciudad perdida entre las montañas, aunque nunca imaginó que su habilidad para hacerse pasar por un erudito musulmán ante un guía beduino que conocía el acceso a Petra le llevaría hasta una de las grandes maravillas de la historia de la Humanidad. El sueño de todo explorador. Burckhardt fue el primer occidental que tuvo el privilegio de contemplar Petra después de 500 años de misterio, ya que en todo ese tiempo la ciudad fue el secreto mejor guardado por los árabes que habitaban esa zona de la actual Jordania.

La antigua capital del imperio nabateo, una civilización de comerciantes ya desaparecida que supo aprovechar la posición estratégica de Petra en la ruta de las especias para levantar una de las ciudades más avanzadas del mundo en el siglo I antes de Cristo, ha perdido hoy el halo de misterio que la rodeó durante siglos, pero su influjo sigue cautivando a los miles de visitantes que cruzan la hendidura en la montaña, conocida como Siq, que conduce hasta la ciudad escondida. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1985 y elegida como una de las Siete Maravillas del Mundo en 2007, Petra sigue desprendiendo un halo mágico y, al visitarla, es inevitable preguntarse cómo a alguien pudo ocurrírsele esculpir en la inmensidad de la roca templos que se han mantenido en pie durante dos milenios.

El edificio más conocido de Petra es el Tesoro, un templo situado estratégicamente al final del Siq para provocar un efecto visual impactante en la persona que accede a la ciudad por primera vez. Pero la capital del imperio nabateo es una sucesión de templos y tumbas que ganaron en esplendor a partir del siglo I d.C., cuando Roma anexionó la ciudad a su imperio para aplacar la pujanza de los nabateos. Los romanos añadieron algunas infraestructuras que elevaron aún más el valor arquitectónico de Petra, como un teatro con capacidad para 5.000 personas (el único del mundo tallado directamente en roca) o una calle columnata que se convirtió en la principal arteria comercial de la ciudad. Petra gozó de cierto esplendor hasta el siglo IV, cuando un terremoto empujó a gran parte de su población (que llegó a alcanzar las 30.000 personas) a abandonarla. Otro seísmo en el siglo VIII terminó por dar la puntilla a esta ciudad de ensueño, que fue finalmente abandonada, después de haber vivido etapas históricas marcadas también por el cristianismo y el islam.

Hoy solo quedan las ruinas de lo que la capital nabatea llegó a ser hace 2.000 años, pero incluso con los ojos curtidos del siglo XXI algunos de sus monumentos siguen despertando admiración. El primer impacto del Tesoro queda grabado en la retina mientras se asciende a la montaña que permite una visión panorámica de una de las 'esculturas' más famosas del mundo, ya que se trata de todo un templo tallado sobre la roca. Al recorrer la ciudad antigua de Petra también sorprenden la inmensidad del teatro o la buena conservación del Gran Templo y de la calzada antigua de la calle columnata, donde camellos y burros pugnan por ser la mayor atracción para los turistas. La opción del burro-taxi es muy recomendable para superar el desnivel que lleva hasta el Monasterio, la mayor construcción de Petra y que compite con el Tesoro en grandiosidad, aunque sale perdiendo en la comparación al no gozar del factor sorpresa que proporciona la estrecha salida del Siq.

Antes de abandonar Petra, al atardecer, es un buen momento para pasear cerca de las Tumbas Reales, que adquieren una tonalidad roja insuperable con la puesta de sol. Se trata de un conjunto de tumbas monumentales talladas el la piedra que recuerdan al visitante que la principal razón de ser de esta maravilla de la humanidad era situar a los muertos un poco más cerca del cielo. Los nabateos lo consiguieron.

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