Escocia, país de las oportunidades

Edimburgo y las Highlands ofrecen al viajero una mezcla de historia, bella arquitectura y paisajes abrumadores a través de lagos y llanuras interminables

Escocia, país de las oportunidades
Mikel Madinabeitia
MIKEL MADINABEITIA

El siguiente reportaje está dedicado a realzar los encantos de Escocia. Para ello hemos visitado Edimburgo, su ciudad más célebre, y también Inverness, la capital de las Highlands, que funcionó como nuestro habitual campamento base antes de realizar diferentes excursiones por los confines septentrionales de Reino Unido. Como siempre, faltarán algunas joyas y habrá más por descubrir, pero he aquí los encantos de Escocia.

Edimburgo es la capital de Escocia y la segunda ciudad más grande del país tras Glasgow. Un destino realmente encantador. Levantada sobre una serie de colinas de origen volcánico, el trazado urbano presenta una asombrosa sucesión de desniveles, con inesperadas cuestas o interminables escaleras que ofrecen una gran variedad de perspectivas de la ciudad, lo que siempre es una bendición para los amantes de los horizontes amplios.

Está dividida en dos partes muy distintas: la perfectamente conservada Ciudad Nueva (New Town), construida en el siglo XVIII y caracterizada por calles muy bien trazadas de estilo georgiano, a cual más pulcra y distinguida; y la Ciudad Vieja (Old Town), situada sobre una mole de granito y coronada por su famoso Castillo que habrán visto en numerosas fotos.

Edimburgo es una ciudad que justifica por sí sola un viaje a esas latitudes

Es evidente que la meteorología es una factor de suma importancia a la hora de apreciar una ciudad (¿acaso no cambia nuestro marco incomparable cuando hace mal tiempo?. Y me atrevo a decir que la belleza de Edimburgo depende en parte de un golpe de luz, o de la llegada de un verano que aquí se antoja realmente efímero. Con todo, le sobra encanto en sus piedras lavadas y en una historia milenaria, en sus plazas y callejones, cargados de leyendas y misterios, en sus parques y jardines con monumentos a sus personajes más célebres, en sus cafés y pubs, donde se produce una gloriosa simbiosis entre locales y visitantes. Si adoran la cerveza ya están tardando en venir aquí.

En la imagen superior, la panorámica desde Calton Hill hacia la ciudad de Edimburgo es de las que no se olvida. Debajo, dos calles pintorescas de Edimburgo, Victoria Street y Circus Lane. / M.M.

Edimburgo tiene una calle muy famosa, la Royal Mile, de algo más de 1,8 kilómetros de longitud que conecta el Palacio Holyroodhouse, que es la residencia oficial de la reina en sus visitas a la ciudad, y el Castillo de Edimburgo. El recorrido está flanqueado por tiendas de recuerdos, pubs, restaurantes y unos callejones laterales realmente curiosos en los que merece la pena perderse para respirar algo del ambiente medieval atrapado en ellos. Esta calle pica para arriba y acaba en el castillo, el monumento más relevante. Vayan pronto si quieren evitar largas colas o adquiéranlas por anticipado. Si se adentran en él conocerán la historia del país. Aunque antaño fue una fortaleza militar, hoy es un gran museo que, entre otras secciones, alberga las joyas de los reyes escoceses. Y cuenta con una panorámica fastuosa sobre la ciudad.

La 'Atenas del norte'

Aunque si queremos apreciar Edimburgo en su totalidad les recomendaría otra opción: la colina de Calton Hill. Ubicada al final de Princes Street y repleta de monumentos, recibe el apoyo de la ‘Atenas del norte’. Sí, tiene monumentos, algunos muy parecidos a los de la capital griega, pero si suben hasta ella es para divisar la ciudad a vista de pájaro. Merece la pena. Nuevamente abajo, en la New Town, toca recorrer la mencionada Princes Street de punta a punta, empezando por el mítico hotel Balmoral. Los jardines son ideales cuando hace buen tiempo.

Finalmente, una ruta no muy conocida por los turistas estriba en adentrarse en los barrios de Dean Village y Stockbridge (no se pierdan las calles Ann street y Circus Lane), algo así como dos pequeñas aldeas pegadas a la ciudad y que se pueden unir con un bonito paseo por la orilla del río Leith. Se tiene la sensación de estar en un barrio y lejos de la capital, del ruido, de las colas, del tráfico, en fin, de todas esas cosas que nos persiguen en el día a día y de las que en periodo vacacional nos gusta alejarnos un poquito. Si después de pasear les apetece mover el bigote, apunten este sitio: el café St Honoré (34 Thistle St). Está en la New Town, un tanto escondido, tiene una carta local, excelente producto y buen servicio. Lo que solemos buscar.

El Lago Ness, los castillos y el agua marcan el territorio de las Highlands

El desplazamiento a Inverness lo pueden hacer en avión, coche o tren, la opción elegida por nosotros y sugerida ya que apenas son tres horas y media y podrán observar desde la ventanilla la variedad de paisajes. Inverness es pequeña pero bulliciosa, se recorre en apenas un día pero es un excelente punto de partida para las excursiones por las Highlands. Tiene muy cerca el celebérrimo Lago Ness, al que se le puede dar la vuelta. Les sugiero que a la ida tomen la carretera que lleva a Dores y Falls, cuyas cascadas se pueden visitar, para terminar la media jornada en Fort Augustus, una bonita localidad con esclusas que atraen la mirada de los visitantes. A la vuelta hacia Inverness por la carretera principal tienen el castillo de Urquhart, más bien sus ruinas, otra de las postales clásicas del territorio.

El mítico castillo de Eilean Donan, postal de las Highlands. Debajo a la izquierda, el pueblo pesquero de Ullapool. A la derecha, Fort Augustus, que se ubica en el rincón meridional del Lago Ness. Es un pueblo con todos los servicios y unas esclusas que funcionan como atracción turística. / M.M.

Pero si de postales hablamos quizá hayan visto en multitud de ocasiones otro castillo, el de Eilean Donan, que ha aparecido en películas como ‘Los inmortales’ o ‘El mundo nunca es suficiente’, de James Bond. En realidad, se trata de un lugar idílico como pueden apreciar en la imagen superior aunque está atestado de turistas. No muy lejos está la población de Plockton, coqueta, pequeña, rodeada de agua y con ese aroma inconfundible de Escocia corriendo por sus venas.

Porque Escocia es eso. Verde, nubes, lluvia, lagos y llanuras interminables. Conocemos muchísima naturaleza pero pocas veces hemos experimentado como aquí esa sensación tan abrumadora. Esos tramos eternos de carretera con sus subes y bajas, con esos ‘passing places’ cuando se estrecha y hay que dejar paso a otro vehículo. Y todo ello sin que la vista atisbe rastro humano. Una gozada para conducir, también les digo, y especialmente recomendable si son amantes de la furgoneta y su filosofía vital.

Finalmente, les aconsejo también visitar Ullapool, a orillas del lago Broom, puerto ideal para la pesca y para tomar un ferry que se dirige a las islas más al norte. Con un aire a Plockton pero más grande, con esa calle principal repletas de casas de colores (a lo Nyhavn de Copenhague), tiene bastante vida en verano porque su agenda está salpicada de actos culturales.

Guía

Cómo llegar
Vuelo directo con Easyjet desde Loiu.
Cuándo ir
Preferentemente, en verano.
Dos hoteles
Leonardo (1 Morrison Link), un cuatro estrellas moderno de Edimburgo. The Royal Highland (18, Station Square), el clásico de Inverness.
Comer
Cafe St Honoré (34, Thistle St), en Edimburgo. Producto exquisitoy trato fino al comensal, como nos gusta a nosotros.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos