Un museo bajo el cielo

San Petersburgo

San Petersburgo es una urbe impresionante donde las mansiones de estilo italiano y los palacios barrocos y neoclásicos mandan en el paisaje

MIKEL MADINABEITIA

San Petersburgo es una de las ciudades más encantadoras del mundo. La podríamos catalogar perfectamente como un museo bajo el cielo porque está llena de edificios elegantes, palacios recargados, historia a raudales y belleza por los cuatro costados. Esta ciudad es junto a Moscú el principal destino de quienes se animan a volar hasta Rusia y lo cierto es que todos vuelven fascinados con la ciudad de los zares, imperial y suntuosa como pocas.

Uno de los detalles que más llama la atención es la avenida Nevsky Prospekt, tan inabarcable como agobiante, tan ruidosa como absorbente, donde la gente camina, corre, chilla y se luce. Es a veces una pasarela. En otras, un circuito de Fórmula 1. Y siempre, siempre, el termómetro de la ciudad. San Petersburgo late con fuerza en esta avenida. Mide más de cuatro kilómetros y está llena de comercios, hoteles, restaurantes y monumentos destacables. Quizá el más impresionante es la catedral de Nuestra Señora de Kazán, templo ortodoxo de brillante arquitectura clásica.

Una parada indispensable es el Hermitage, una de las pinacotecas más completas del mundo. El museo es impresionante pero se tiene la sensación de no poder cubrirlo todo. Cuánto me acordé de un profesor de Historia que tuve en el colegio, que se enfadaba cuando veía a la gente caminar en los museos, sin pararse un tiempo en cada cuadro. ¿Saben cuál es el problema? Que en el Hermitage necesitaríamos quince años de nuestra vida para conocerlo todo con fundamento...

De manera que en una primera visita los ojos se nos irán a las madonnas de Leonardo Da Vinci y Rafael, las salas de Tiziano, el Greco, Goya y Caravaggio, el impresionismo de Monet, Renoir, Van Gogh y Matisse, más Rubens, Van Dyck... Como guinda, les sugeriría estas perlas: ‘La danza’ (Matisse) y ‘Mujer con un fruto’ (Gauguin).

Una de las imágenes más llamativas, que permanecerá para siempre en nuestra memoria, es el perfil de la iglesia del Salvador sobre la sangre derramada, un icono imperecedero. Es curiosa la sensación, porque San Petersburgo es una ciudad profundamente europea en su arquitectura de calles y edificios y este monumento en cambio es ortodoxo, ruso, con lo que para algunos es un choque de estilos. Un fuerte contraste.

El Hermitage es un magnífico museo, enorme, que les fascinará y abrumará a partes iguales

Sea como fuere, hablamos de una obra de arte por dentro y por fuera. Su aspecto exterior, siguiendo el más puro estilo ortodoxo ruso, a imagen y semejanza de la Catedral de San Basilio de Moscú, destaca por sus cinco grandes cúpulas bulbosas, multicolores o doradas, así como por el minucioso detalle de los adornos que cubren su fachada de ladrillo rojo y marrón. Entrar en ella es sumergirse en un mundo de frescos y mosaicos que cubren sus paredes y techo sin dejar un espacio libre.

Pueden dejar para la última tarde, siempre y cuando haga buen tiempo y poco viento, un paseo por los canales. Hay varias opciones aunque la más recomendable reside en recorrer un par de canales interiores y salir al grande, al río Neva, para admirar el Hermitage y darle la vuelta a la isla donde se encuentra la fortaleza de San Pedro y San Pablo.

La Iglesia del Salvador sobre la sangre derramada forma parte de uno de los iconos de San Petersburgo. Esta imagen les perseguirá siempre. Debajo a la izquierda, vista aérea de la Fortaleza de San Pedro y San Pablo, origen de la ciudad. A la derecha, la catedral de San Isaac. / M. Madinabeitia

Este es, por cierto, otro de los top 10 de la ciudad. Hablamos de la ciudadela original, situada en la isla Zayachy, donde se fundó San Petersburgo. Hoy en día se ha convertido en un rincón muy popular, tanto entre los locales como entre los turistas. Los primeros acuden a ella para pasear, tomar el sol en su ‘playa’ y hacerse fotos de boda.

Como turistas, la isla tiene el suficiente interés como para dedicarle al menos medio día. No podemos dejar de visitar la Catedral de San Pedro y San Pablo, en cuyo interior (como de costumbre, muy recargado) reposan los restos de todos los gobernantes de Rusia anteriores a la Revolución, a excepción de Pedro II e Iván VI. Con sus 122 metros de altura, el campanario de la catedral sigue siendo el punto más alto de la ciudad, de manera que si disfrutan mirando al horizonte e identificando lugares ya saben lo que tienen que hacer...

Otra postal inconfundible la tenemos en la catedral de San Isaac. Se trata de la cuarta más grande del mundo por la altura de su cúpula, después de la Basílica de San Pedro en Roma, la de San Pablo en Londres y la de Santa Maria di Fiori en Venecia. Además de admirarla por fuera, se puede acceder a ella subiendo un buen número de escaleras. Y el esfuerzo bien merece la pena porque al ser San Petersburgo una ciudad plana, la panorámica es destacable.

Si pueden elegir, es francamente recomendable visitar esta ciudad durante las noches blancas, cuando el sol no se pone, allá por los meses de junio y julio. San Petersburgo es un bullicio y podría decirse que se transforma para vivir el día intensamente.

Se aconseja visitar la ciudad en las noches blancas, cuando el sol no se pone, para vivir una gran experiencia

Es cuando se hace mucha vida en la calle, cuando hay una clara voluntad de jolgorio y las obligaciones quedan aparcadas en un segundo plano. La luz brilla de una forma especial, los puentes sobre el río se levantan y el público –gente local y turistas– se arremolina junto a ellos para presenciar un espectáculo memorable. Eso sí, si pretenden dormir ya pueden llevar un buen antifaz...

Si disponen de varios días y quieren hacer una escapada pueden desplazarse hasta las afueras para conocer el palacio de Peterhof, situado a 29 kilómetros. Es un complejo de edificios barrocos rodeados de inmensos jardines, ideal para pasar medio día y desconectar del bullicio de ‘Piter’, como denominan los rusos a San Petersburgo. Pero como todo lo que sube baja, aquella época de esplendor sufrió posteriormente un descenso a las catacumbas. Tal y como escribió Tolstói al zar Nicolás II de Rusia: «Antes de dar al pueblo sacerdotes, soldados y maestros, sería oportuno saber si no se está muriendo de hambre». ¡Equilicuá!

Pero no seamos tan dramáticos. San Petersburgo, una de las ciudades más hermosas del mundo, se nos muestra como un escaparate en el que todo brilla, todo encaja, todo fluye. Aprovechen y visiten esta maravilla. Un museo bajo el cielo.

Guía

Cómo llegar:
Vuelos desde Bilbao con conexión
Cuándo ir:
Especialmente recomendable en junio y julio, en las noches blancas
Un hotel:
Radisson Royal (Nevsky Prospect, 49/2). Cinco estrellas con precio de cuatro. Amplio, bien comunicado y con un desayuno excelente.
Un restaurante:
El Bellevue (Reki Moyki, 22). Elegante brasería en la azotea del Hotel Kempinski. Tienen caviar...

Impresionante imagen de la Plaza del Palacio con la Columna de Alejandro y, al fondo, el Museo del Hermitage. Debajo a la izquierda, los canales son ideales para un relajado paseo en barca. A la derecha, la imponente catedral de Kazán. / M. Madinabeitia

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