Diario Vasco

Tesoros medievales

Saint-Cirq-Lapopie, desde el ángulo perfecto. El pueblo más bonito de Francia, según los galos que votaron en un concurso. ¿Está de acuerdo?
Saint-Cirq-Lapopie, desde el ángulo perfecto. El pueblo más bonito de Francia, según los galos que votaron en un concurso. ¿Está de acuerdo? / MIKEL MADINABEITIA
  • FRANCIA

  • Dordoña y Lot y Garona se destapan como dos departamentos que tienen que visitar si aprecian los pueblos de cuento y los paisajes imposibles

Deportivas para toda la familia al mejor precio

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección en piel de bolsos y zapatos de diseño

Hasta 70%

Selección de botas, botines y zapatos para mujer

Hasta 70%

Calzado de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Calzado de piel al mejor precio

Hasta 80%

Moda casual para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera para hombre y mujer

Hasta 70%

Diseños exclusivos en bolsos de piel

Las mejores marcas a los mejores precios

Joyas y relojes para hombre y mujer

Hasta 70%

Selección de marcas especializadas en outdoor

Las mejores marcas a los mejores precios

¡Encuentra la cazadora que se adapta a tu estilo!

Hasta 90%

Moda casual para mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Bolsos de piel made in Italy

Hasta 80%

Relojes de moda para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

¡La moda que más te gusta al mejor precio!

Hasta 80%

¡Viaja con estilo!

Hasta 80%

Deportivas, botas y zapatos para hombre

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera al mejor precio

Hasta 80%

Accesorios y gadgets electrónicos

Hasta 90%

Viste tu cama con la Denim más reconocida

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de moda para hombre y mujer

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes y brazaletes inteligentes

Hasta 80%

Cosmética de calidad al mejor precio

Hasta 90%

¡El calzado de moda a tus pies!

Hasta 70%

Complementos y juguetes eróticos.¡Mantén viva la pasión!

Hasta 80%

Lo primero, una confesión. Me gusta Francia. En realidad, me encanta. Lo digo porque es un país que paisajísticamente lo tiene todo. Lo defiendo por la manera en la que cuida su patrimonio. Lo mantengo por cómo promocionan turísticamente sus virtudes. Y lo sostengo por el magnífico trato al forastero.

Una de las escapadas pendientes en esa mochila perenne de sueños que acumulamos era el Périgord, situado en la región de Aquitania, a menos de cinco horas de casa. Allí fuimos a mediados de marzo con la mirada limpia y la siempre bienvenida ayuda de un cielo Indian Wells, azul cobalto, uno de esos con la atmósfera tan nítida que subes a Jaizkibel y se ve Bélgica...

Sarlat-la-Canéda fue en esta ocasión nuestro alfa y omega. La tercera población más importante de la Dordoña después de la capital, Périgueux, y Bergerac se halla en un excelente estado de conservación. Es una de las más célebres ciudades de arte y de historia medieval de Francia y la primera localidad de Europa por el número de edificios protegidos por metro cuadrado. Todo viene por André Malraux, cuya ley proteccionista fue el escudo perfecto para impedir futuras modificaciones del casco urbano.

Lo cierto es que Sarlat gusta a todo el mundo por su entramado de callejuelas medievales, sus plazas coquetas, su ambiente, sus monumentos –no se pierdan La maison de la Boétie y la Linterna de los Muertos, la Place de la Liberté y su catedral–... Henry Miller, siempre con la pluma tan afilada, lo describió en esta ocasión de forma certera: «Aquí está el paraíso de los franceses».

Precisamente un paraíso gastronómico es el que se encuentra cada sábado, cuando las calles más céntricas se adecúan para acoger el famoso mercado repleto de las delicias de la región. Las trufas, los quesos, las fresas y las nueces forman el póquer de joyas que todo visitante acaba degustando. Y comprando.

El Hotel Plaza Madeleine se presenta como un lugar ideal para relajarse después de una larga jornada de excursión, donde el equipo de Kathleen y los suyos nos atendieron de forma sumamente profesional, cuidando las distancias pero transmitiendo la idea de una casa familiar. Además, en el bar sirven un Aperol Spritz estupendo...

Otra de las virtudes de esta localidad es que es equidistante con buena parte de las rutas clásicas de la zona. Por ejemplo, es una gozada recorrer apenas diez kilómetros y situarse en pleno valle surcado por el río Dordoña, que avanza majestuoso rumbo al Atlántico, modelando abruptos valles y cincelando acantilados rocosos donde se asientan numerosos pueblos históricos. Pueblos situados a los pies de acantilados, aplastados o colgados en paredes de roca, un modo de estar a resguardo de invasiones, de asedios vikingos o de intrusos indeseados.

Aquí se encuentran hasta cuatro pueblecitos de cuento, mimados por la región y divulgados por todas las guías. Son Beynac-et-Cazenac, Castelnaud-la-Chapelle, La Roque-Gageac y Domme. Los dos primeros cuentan con castillos que se asoman al vacío, el tercero es un capricho de la arquitectura natural, y el último se sitúa en un alto, protegido por una bastida.

Pueden invertir una jornada o, como mínimo, una mañana para recorrer estos parajes, disfrutando de los pequeños placeres, indagando por todas las esquinas, parando donde lo pida el cuerpo, jugando con los ángulos fotográficos e imaginando cómo sería la vida en aquellos tiempos de caballeros y doncellas, aristócratas y plebeyos, sufrimientos y esperanzas. Muchos de estos lugares fueron fronterizos durante La Guerra de los Cien Años, de ahí la profusión de tanto castillo.

Para un día más largo pueden dejar la excursión al departamento de Lot y Garona, donde a hora y media en coche está Saint-Circq-Lapopie, el pueblo más bonito de Francia según un concurso en el que se llevó la mayoría de los votos de los galos. Desde luego, su perfil desde la carretera es cautivador, como pueden apreciar en la foto grande de este reportaje. Hasta Newton dudaría de su ley de la gravedad viendo dónde están situados los edificios, haciendo equilibrios sobre el precipicio. André Breton apareció un día por aquí y se quedó, provocando que otros artistas hicieran lo mismo.

En su postal brillan las ruinas de un castillo al que merece la pena subir solo por las vistas y la presencia imponente de una gran iglesia, que parece querer cumplir las funciones de fortaleza intimidadora. En su interior, apenas unos restos de frescos románicos sin mucha enjundia. Su punto fuerte es esa arquitectura popular que asoma en cada callejón, ese difícil pulso que supone mantener todo lo más inalterado posible mientras se reciben visitantes y esa compleja sensación de que el tiempo dura más y es menos agresivo. Si lo visitan a primera hora, además, no habrá tantos turistas.

Apenas a media hora se halla Cahors, capital del departamento del Lot, emplazada en un meandro del río homónimo. Desde el cercano montículo de Saint-Cyr se aprecia perfectamente su asentamiento y también vislumbraremos el gran monumento de la ciudad, el Pont Valentré, Patrimonio de la Humanidad. Sus tres torres se yerguen orgullosas y atraen las miradas y también las fotografías. No muy lejos está la arteria comercial, Boulevard León Gambetta, y las calles del centro histórico. Cahors es un lugar apropiado para la parada y fonda, uno de los mejores momentos del día.

Estos son los tesoros medievales de los departamentos de Dordoña y Lot y Garona. Si aprecian los pueblos de cuento y los paisajes imposibles, este viaje será un caramelo para ustedes por la tranquilidad que se respira, la variedad paisajística y la belleza de las localidades.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate