Diario Vasco

El reino de las montañas prohibidas

El reino de las montañas prohibidas
  • Butan cuenta con trekkings de diferentes dificultades y duraciones por sus parajes maravillosos, pero no se puede ascender a sus picos

Dicen los habitantes del país más feliz del mundo, Bután, que en las montañas del Himalaya es donde habitan los dioses. E insistían más en ello todavía cuando el gobierno de este pequeño país asiático se abrió al turismo alpino en 1983 con la esperanza de obtener con ello numerosos ingresos. Pero el sentir popular era contrario a esta apertura, ya que sus dioses no estarían tranquilos con la invasión de los alpinistas en sus montañas del Himalaya. De hecho, alguien dijo que podría tratarse de una maldición divina el hecho de que nadie subiera a ninguna montaña de aquel país en 1985 y 1986.

Así que diez años después de abrirse al mundo montañero, el gobierno de Bután decidió prohibir las ascensiones por encima de los seis mil metros. Y otros diez años después, en 2004, prohibió el alpinismo por completo.

El avión se acercaba a Paro, la ciudad donde íbamos a aterrizar. En un vuelo sumamente espectacular en el que lo único que merecía la pena era no dormirse y mantener la nariz pegada a la pequeña ventanilla del avión, observaba con los ojos más que abiertos la grandiosidad del paisaje. A mis pies tenía el mismísimo Everest. Antes, los Annapurnas, el Dhaula, luego el Makalu, Kang..., un montón de ochomiles de los que tanto y tantas líneas había escrito... La sensación fue grandiosa.

Trekking, si; cimas, no

Y entraba en el Himalaya de Bután, otro país de grandes montañas con varios sietemiles y numerosos seismiles y más montañas. Pero ¡prohibidos! ¿Cómo es posible?, me preguntaba. Y el guía, llamado Pravesh, un estupendo chaval, me contestaba casi como sintiéndose culpable de semejante prohibición: "El gobierno dice, y es cierto, que no quiere problemas fronterizos".

Con ese sándwich geográfico que forma Bután con China por el norte e India por el sur, el guía nos explica que "los alpinistas podrían pasar de un país a otro escalando las montañas que están en las fronteras y eso podría ser susceptible de crear conflictos políticos, y Bután no lo quiere, así que se prohibió definitivamente el alpinismo".

Y parece que el gobierno dio con la piedra filosofal, ya que no tiene absolutamente ningún problema de esta índole. No solo eso, porque además, como decía al principio y ya escribía en el anterior reportaje sobre Bután, es el país más feliz del mundo, y más ahora cuando el joven rey Jigme Khesar Namgyal ha tenido descendencia varonil, con lo que asegura la continuidad en el trono. Y sus habitantes, encantados con la buena nueva.

Estuvimos haciendo un trekking interesantísimo en las montañas de Bután. Nada más que eso, solo trekking. Que no le tiente escalar ninguna montaña porque no..., no será posible. Bután es el país de las montañas prohibidas.

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