Diario Vasco

Helsinki: La pequeña gran capital

La catedral luterana, Tuomiokirkko, blanca y en un pedestal, es un icono de la ciudad.
La catedral luterana, Tuomiokirkko, blanca y en un pedestal, es un icono de la ciudad. / Mikel Madinabeitia
  • Modesta aunque cada vez más cosmopolita, la principal ciudad finlandesa reúne atractivos suficientes para una escapada de relax

Helsinki no es una potencia turística, pero no por ello debemos descartarla de nuestra agenda de deseos. La capital de Finlandia es modesta, sí. Hablamos de una ciudad de medio millón de habitantes, pero todas tienen su encanto particular y esta no falla al axioma clásico. El aroma que desprende Helsinki es el de una ciudad moderna, coqueta, accesible y limpia. Se puede ver en un fin de semana y sirve de puente entre Estocolmo y Tallín.

El monumento más famoso y todo un símbolo es la catedral blanca que preside la plaza del Senado. Hablamos de Tuomiokirkko, una inmensa iglesia evangélica luterana construida en el siglo XIX y que hoy día preside la ciudad con una elegancia incuestionable. La simpleza de su interior contrasta con su impactante exterior, comenzando por la escalinata. La estatua del emperador Alejandro II a los pies de la catedral, y el edificio del Senado hacen de este lugar uno de los sitios más importantes de la ciudad.

A no mucha distancia se halla la catedral ortodoxa más grande de Europa occidental. Uspensky es otro de los monumentos religiosos que hay que ver. Edificada sobre una colina rocosa, tiene catorce cúpulas doradas acebolladas y una clara influencia rusa. No es tan llamativa como la catedral blanca, pero seguro que es interesante para los amantes de este tipo de edificios religiosos. Su interior, eso sí, guarda algunos secretos que merece la pena ver y una decoración a la que no estamos tan acostumbrados.

Como sucede en cualquier ciudad nueva para el visitante, el mercado callejero es un lugar perfecto para comprar todo tipo de productos regionales o souvenirs y para probar especialidades de la comida finlandesa. Frutas, verduras, gorros de piel, llaveros, botas, comida rápida, artesanía local… Aquí se vende de todo. Y como todos los mercados, es un excelente lugar para conocer un poco más la cultura de este país.

Precisamente en este punto nace Esplanadi, un pequeño pero animadísimo parque urbano que recuerda a otras avenidas europeas pero en versión reducida. Ideal para pasear, tomar algo, escuchar música en directo o simplemente para tumbarse sobre la hierba a descansar. El sol que tuvimos en Estocolmo también nos acompañó aquí, de manera que se pueden imaginar el jolgorio que había en el césped. Por estas latitudes, la luz es oro. Es vida.

El colmo del diseño extravagante es encontrarse con una iglesia luterana excavada en una roca, y aquí en Helsinki la pueden hallar. Si le añadimos una enorme cúpula de cobre da como resultado uno de los templos más polémicos que se han hecho en el mundo. Obra de los arquitectos Timo y Toumo Suomalainen, es hoy en día uno de los reclamos turísticos de la ciudad y escenario de importantes conciertos. Lo cierto es que no se tiene la sensación de estar en una iglesia y sí en una especie de palacio de congresos. Temppeliaukio es diferente y no le dejará indiferente. Prometido.

Una de las visitas imprescindibles en Helsinki es la isla de Suomenlinna. En realidad, son cuatro islas unidas a través de puentes, y está a tan solo 15 minutos en ferry desde el centro de la capital finlandesa. Es la fortaleza más impresionante del báltico. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 1991, representa un tesoro para la historia y cultura finlandesas. En la actualidad tiene 900 habitantes y el lugar ha sido restaurado de tal manera que las antiguas fortificaciones sirven de talleres y estudios así como de viviendas-restaurantes. Merece la pena recorrerla una tarde gracias a los senderos existentes –todo está bien indicado–.

Helsinki goza de fama de ser una de las ciudades donde más se cuida el diseño. En calles como Uudenmaankatu hay una serie de tiendas donde el denominador común es precisamente eso. Con todo, lo más recomendable reside en visitar el Design District, que abarca 25 calles y unos 200 comercios de todo lo imaginable.

Si nuestro periplo por las tierras bálticas prosigue hacia Tallín iremos al puerto para decantarnos por alguno de los ferris que cubren la distancia en alrededor de dos horas. Es común entre los jóvenes finlandeses pasar el fin de semana en la capital estonia porque los precios son sensiblemente más baratos. De hecho, ya en el ferry de ida cogen carrerilla y beben con una facilidad pasmosa, aunque el verdadero espectáculo, como se pueden imaginar, debe de estar en el de vuelta...

En definitiva, Helsinki no es una ciudad que les recomiende encarecidamente pero puede servir para un fin de semana de relax o si estamos haciendo un tour por el Báltico. Ese fue nuestro plan antes de acudir al próximo destino: Tallín. La capital de Estonia. Continuará...

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