Impresionante Salar de Uyuni

Bolivia

Hace unos días el Dakar pasó por aquellas lejanas tierras que visitamos en un recorrido hasta la frontera con Chile

Impresionante Salar de Uyuni
JUAN MANUEL SOTILLOS

El más impresionante, mayor y más alto desierto de sal del mundo, el Salar de Uyuni era una asignatura pendiente que tenía desde hace muchos años, desde que por primera vez pisé Bolivia, país sudamericano en el que se encuentra. Y todavía más cuando en 2013, recorriendo el desierto de Atacama en Chile, llegamos a la frontera con Bolivia. Pues bien, el pasado verano volvimos a llegar a la misma frontera pero desde el otro lado, desde Bolivia, a través del Salar de Uyuni, y después de muchos, muchísimos kilómetros en 4x4 por el altiplano llegamos hasta la Laguna Verde en las mismas faldas del majestuoso Licancabur, de 5.920 metros de altura, frontera natural entre Bolivia y Chile.

A mediados de enero el famoso rally Dakar, entraba en Bolivia desde Arequipa en Perú, donde se inició en Lima, su capital el pasado día de Reyes, hasta La Paz, descansando un día y al siguiente precisamente cubrir el trayecto entre la capital boliviana y Uyuni, atravesando parte del impresionante Salar, donde se encuentra la estatua de sal conmemorativa del paso del Dakar por este salado terreno ubicado a 3.650 metros de altitud. El sábado pasado salió de Uyuni para cubrir el trayecto hasta la localidad de Tupiza, todavía en Bolivia desde donde salió el domingo hacia Salta, ya en Argentina, para terminar el recorrido en la ciudad argentina de Córdoba el viernes, 20 de enero.

Cementerio de trenes

Con esto que ya hemos comentado del famoso rally, ya es suficiente porque escribimos hoy en estas páginas de viajes sobre un más que interesante recorrido hacia y por el Salar de Uyuni. Nuestro punto de partida fue la magnífica ciudad de Potosí. Habíamos partido en coche desde Sucre, emplazado a 2.810 metros de altura, y la carretera va ascendiendo hasta llegar a la ciudad minera a 4.090 metros de altitud. Y esto se nota. Infusiones de coca irán bien para suavizar el ‘soroche’ o mal de altura, al tiempo que se aconseja no hacer ejercicios bruscos para ir adaptando el cuerpo poco a poco.

Saliendo de Potosí hacia Uyuni, imprescindible la visita al cementerio de trenes, vestigios del siglo XX, convertidos en ruinas, producto del abandono de la línea que cubría en 1899 Uyuni-Antofagasta. Este panteón de trenes, en tiempos parte fundamental de la vida de los pueblos, plagado de hierros que componen las imponentes máquinas ferroviarias y sus destartalados vagones, no deja de ser un lugar curioso perdido en la inmensidad del altiplano. Merece la pena.

Y continuando camino de Uyuni se hace casi obligada una parada en Colchani para visitar una de las fábricas de sal donde nos explicarán la economía familiar de la sal, que rige la vida del pueblo en base a una organización cooperativista.

Pueblo minero

Y llegados a Potosí, evidentemente hay que darse una vuelta por el centro, visitando la Casa de la Moneda. Merece la pena al menos ver y entrar dentro del edificio más importante de la arquitectura colonial en América del Sur. Potosí es una ciudad de poco más de 240.000 habitantes, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. La catedral, la Plaza 10 de noviembre, el Obelisco, la Estatua de la libertad, etc., en definitiva el centro histórico, bien merece un recorrido, y por supuesto, el Cerro Rico. Está alto pero hay que subir al mirador, y de camino, una paradita en el monumento al minero.

Potosí fue nombrada por el emperador de España Carlos V en el siglo XVII como la ‘Villa Imperial de Carlos V’. Creció de forma espectacularmente rápida a la vez que desordenada y en el siglo XVII se convierte, por su riqueza, en una de las tres ciudades más importantes del mundo, junto con París y Londres. Una leyenda urbana comenta que con la plata extraída de la mina del Cerro Rico, se podría construir un puente desde Potosí a Europa. Estas minas fueron sostén de la economía mundial durante la colonia, que tristemente se convirtieron en la tumba de miles de indígenas que perdieron su vida para extraer las riquezas de sus entrañas.

Merece la pena visitar las minas, donde nos enseñarán previamente dónde se compra la dinamita que se vende alegremente y a cualquiera en la pendientes calles de Potosí. Ver cómo trabajan hoy en día y en unas condiciones más que extremas con una temperatura en su interior que puede alcanzar cerca de los cincuenta grados es sorprendente.

El Salar de Uyuni

Un punto fuerte de nuestro recorrido por Bolivia iba a ser sin duda el gran Salar de Uyuni. Una confortable carretera va descendiendo de Potosí al pueblo de Uyuni, que se encuentra igualmente en el Departamento de Potosí. Llegando a esta población de Uyni hay que darse una vuelta por el centro visitando el reloj público, entre la plaza Aniceto Arce y la avenida Potosí, construido en 1930 y declarado Patrimonio Cultural Material Inmueble del Estado Plurinacional de Bolivia, por su valor histórico, estético y urbano. Muy cerca de la escultura del Dakar está el ‘sol-máforo’, el primero construido íntegramente en Bolivia, que mide los niveles de radiación ultravioleta y que se instaló precisamente en Uyuni a raíz del Dakar.

Con una extensión de unos 10.500 kms. cuadrados y situado a 3.650 metros de altitud, esta la gran planicie salada, salpicada de islas. Hace 40.000 años era una enorme lago, llamado Minchin que con el paso del tiempo se fue reduciendo en extensión, hasta quedar en lo que hoy en día es un destino turístico mundial visitado por unos 60.000 turistas al año. Este deslumbrante manto blanco tiene figuras geométricas casi perfectas, apreciables a simple vista, formadas por las partículas de sal aglomeradas en polígonos. De los diez billones de toneladas que contiene el salar, en la actualidad se extraen unas 25.000 toneladas al año. Y como dato, el 90% de litio del mundo se encuentra en el salar, con lo que su riqueza mineral es asombrosa.

Viajar con un 4x4 a través de él se convierte por sí mismo en un espectáculo paisajístico, haciendo diversas paradas para visitar sus islas, como la de Incahuasi (en quechua, la casa del inca), la más turística, con enormes cactus de hasta 10 metros de alto. O pararse en el primer hotel construido íntegramente con sal del salar, en cuyas afueras se encuentra una gran efigie del símbolo del Dakar, nada atractivo pero ahí está rompiendo el paisaje.

Se puede también hacer una visita a Coqueza tras haber recorrido unos cien kilómetros en el salar. Caminando un poco por las laderas del volcán Thunupa, podremos llegar hasta una cueva donde se albergan unas momias milenarias.

Hacia las laguna

Otra delicia cercana al salar y habiendo salido ya de este, es el árbol de piedra, una formación rocosa fruto de los caprichos de la naturaleza creado por los fuertes vientos que abaten la zona a lo largo de los tiempos. De unos cinco metros de altura y en equilibrio constante, se encuentra en el desierto de Siloli en las puertas de la Reserva Natural de Fauna Andina Eduardo Abaroa. Adentrados en este lugar observaremos el desierto de Dalí, llamado así porque, aunque sin conocerlo, el propio artista pintó algunos paisajes similares. Se trata de unas montañas con peculiares tonos rojizos. Si continuamos camino del desierto en el altiplano podremos ir visitando las diferentes lagunas altiplánicas a cada cuál más singular, por su color, por su fauna, por sus detalles...

En la laguna Colorada vemos una impresionante colonia de flamencos. Continuando viaje hay que visitar irremediablemente los Géiseres del Sol de Mañana. Entonces estaremos a unos 5.000 metros de altitud, suponemos que ya aclimatados después de deambular por el Salar y el desierto unos cuantos días. En esta zona de gran actividad geotérmica se pueden apreciar numerosas fumarolas, lava hirviendo y géiseres que contrastan con la nieve de alrededor. Para no perdérselos.

Las Damas del Desierto es otra obra maestra de la naturaleza que por acción del viento ha esculpido estas formaciones rocosas, cuando menos curiosas. Y como colofón al viaje y muy cerca ya de Chile, llegaremos a la Laguna Verde al pie del majestuoso volcán Licancabur.

Cerro Rico y El Quijote

El Cerro Rico en Potosí se eleva hacia el cielo por encima de los 4.800 metros, domindo la ciudad. Llamado así por su riqueza en plata, hoy todavía se sigue extrayendo de la mina el preciado metal. Hasta Miguel de Cervantes en su famosísimo El Quijote le decía a Sancho: «Si yo te hubiera de pagar conforme lo que merece la grandeza y calidad de este remedio, el tesoro de Venecia, las minas del Potosí fueran poco para pagarte; toma tú el tiento a lo que llevas mío, y pon el precio a cada azote». También de ahí viene el dicho de que esto o aquello vale un Potosí, refiriéndose al valor de las cosas.

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