Gata, Extremadura pura

Auténtica y desconocida. Esta comarca cacereña rebosa autenticidad y está aún bastante alejada de los circuitos turísticos

Vista de San Martín de Trevejo, uno de los pueblos emblemáticos de la Sierra, que tiene idioma propio. /
Vista de San Martín de Trevejo, uno de los pueblos emblemáticos de la Sierra, que tiene idioma propio.
JUANMA GOÑI

Cuando se piensa en la Extremadura más natural, enseguida vienen a la mente imágenes de las floraciones de los cerezos en el Jerte, los paisajes naturales de la Vera, o el parque nacional de Monfragüe. Pero muy cerca de todos estos bellos parajes, se encuentra otro igualmente hermoso, y que aún carece de la dinamización turística que ya exhiben esas comarcas cacereñas. Es la Sierra de Gata, emplazada en el noroeste de la provincia, en el límite con Salamanca. Visitarla durante unos días supone adentrarse en una zona que rebosa autenticidad, y que ofrece muchos atractivos al visitante.

Al recorrerla uno siente que se adentra en un territorio inexplorado y poco explotado, lo que hace más gozoso el descubrimiento. Un paisaje verde intenso lleno de olivares, que rezuma tranquilidad; piscinas naturales en los ríos; pueblos diseminados que conservan una singular arquitectura tradicional, y hasta un idioma propio llamado 'La Fala'.

San Martín de Trevejo es uno de los pueblos más emblemáticos de la comarca. Su conjunto histórico ha sido declarado de interés cultural. Su casco antiguo está repleto de casas de madera y adobe, y palacios. La plaza Mayor está porticada y en la iglesia de San Martín de Tours se conservan tres tablas de Morales, del siglo XVII.

Las gentes de San Martín de Trevejo comparten con sus vecinos de Valverde del Fresno y Eljas un idioma local denominado 'A Fala', mezcla de leonés y galaico-portugués, declarado bien de interés cultural como peculiaridad lingüística. Todos lo hablan y los carteles oficiales e incluso los avisos vecinales aparecen escritos en este idioma, que tiene sus propias variedades dialectales según cada municipio. En San Martín de Trevejo, por ejemplo, calle es 'calli': medio es 'meiu'; ciudad es 'ciai' y jueves es 'xovis'. Desde Santa Martín existe la posibilidad de realizar una preciosa y sencilla ruta circular, que transcurre por una calzada romana y atraviesa uno de los castañares más grandes de Europa.

Trevejo es otro municipio de obligada visita. Un pueblo que se agolpa junto a las ruinas de un castillo cuyo origen se remonta a una fortaleza musulmana del siglo XII, reconstruida posteriormente en el siglo XV. Durante la invasión francesa el castillo fue destruido y solo se conserva la torre del homenaje y parte de la muralla. Por debajo de la fortaleza se sitúa la pequeña ermita de San Juan Bautista, rodeada de tumbas antropomórficas de pequeño tamaño excavadas en granito.

Robledillo de Gata es uno de los pueblos más cautivadores de la Sierra. Destaca la arquitectura popular de pizarra, madera y barro de los diferentes edificios. La localidad ha sido sido declarada conjunto histórico. Es recomendable perderse por sus pasadizos, calles y rincones, llenos de magia y belleza.

El municipio de Gata, que da nombre a la comarca, es otro punto imprescindible. Aquí sobresalen la iglesia de San Pedro y la fuente del Chorro, en la que se distingue el toisón de oro de Carlos I.

Y Torre de Don Miguel también tiene una parada más que recomendable. En su plaza destacan la iglesia y la sinagoga. El pueblo exhibe un laberinto de callejuelas, subidas, bajadas, escalones, habitaciones sobre las calles, formando túneles y pasadizos. Santibáñez el Alto, por su parte, ofrece unas vistas impresionantes desde su castillo sobre el campo y el embalse de Borbollón (zona de parada de grullas en invierno). En Hoyos sorprenden sus calles y sus casonas señoriales.

Una de las grandes sorpresas que se lleva el viajero que visita Gata es la calidad de su aceite de oliva. No es muy conocido a nivel popular, ni goza del reclamo de otros aceites peninsulares, pero por algo obtiene siempre importantes galardones en los concursos internacionales. El aceite de oliva de Sierra de Gata, obtenido sin mezclas de la variedad endémica 'Manzanilla Cacereña', de producción exclusiva en la comarca, proporciona a cualquier comida un sabor especial, una potenciación de aromas y una digestibilidad excepcional, según cuenta José Miguel López, de la Almazara de San Pedro en Eljas.

Otros productos típicos gastronómicos de la zona son el queso, las truchas, la caldereta de cabrito, las migas, los asados de cordero, y la ensalada de naranja. Hay restaurantes típicos con una muy recomendable calidad-precio: Casa Laura (Valverde del Fresno); Los Portales (Gata); Os Arcos, Boiga y Los Cazadores (San Martín de Trevejo); El Aceite (Eljas) o Los Vettones (Villamiel), por citar solo algunos de ellos.

Otro distintivo de la comarca es el agua. Gata se aleja del tópico de la Extremadura seca. 'Verde de verdad', reza su eslogan promocional. Y es verdad. Nos hallamos ante una de las áreas con más vegetación y kilómetros de costa dulce de Extremadura. Durante el verano las piscinas naturales de Descargamaría, Acebo, Gata, Hoyos y Perales del Puerto, son visita obligada para sofocar el calor.

Gata, en fin, es todo un descubrimiento. Una zona rural diferente y desconocida, en la que aún se perciben los efectos de su prolongado aislamiento geográfico.

Una escapada a Portugal

Gata está muy cerca de Portugal y es muy recomensable prolongar la visita a la Sierra pasando un día en la zona lusitana de Monsanto, un pueblo sorprendente y hermoso. Aquí, sus viviendas se han incrustado en enormes bolas de granito, formando un paisaje de una belleza extraordinaria. Hay que perderse por sus callejas empinadas, y subir hasta las ruinas de su castillo, donde se conservan parte de su muralla, las torres de Lucena y de Piao, la semiderruida capilla de San Miguel y la restaurada capilla de Santa María do Castelo. Las vistas desde arriba son ciertamente espectaculares. Muy recomendable comer en la Adega Típica O Cruzeiro.

En esta zona portuguesa está Penha Garcia, una bonita aldea con un castillo templario, desde el que comienza la 'Rota dos Fósseis' (ruta de los fósiles). Un recorrido circular de tres kilómetros, perfectamente marcado, que nos muestra las huellas de los trilobites.

Y se puede completar la visita a la zona parando en Idanha-a-Velha, una pequeña aldea de 79 habitantes, y de origen romano.

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